Irán necesita demonizar a sus enemigos para auto-justificarse – Por Dr. Doron Itzchakov (BESA)

La consolidación de regímenes revolucionarios que demonizan a sus enemigos ideológicos y políticos es práctica común y la República Islámica de Irán no ha sido excepción en esta regla. De hecho, la intensa preocupación del régimen islamista por construir imágenes negativas de sus adversarios se ha convertido en una de sus principales características definitorias.

A comienzos de primavera, la República Islámica de Irán conmemora la festividad de Noruz (cuyas raíces tuvieron origen en el período pre-islámico). Tal como hace todos los años, el Líder Supremo Ali Jamenei se dirigió a la ciudad de Mashhad durante la festividad de Noruz para pronunciar un discurso. A diferencia de su antecesor, el Ayatolá Jomeini, quien no se mostró inclinado a prestarle más atención a este evento, Jamenei pronunció un discurso altamente publicitado en la mezquita Imam Reza – el lugar de reposo del octavo Imam de la dinastía chiita – que culpó a factores externos por las dificultades en la economía de Irán. En un intento por desviar la ira pública de los fracasos internos del régimen el Líder Supremo reiteró un motivo que se había vuelto casi rutinario en sus discursos: Irán está bajo el ataque económico de sus enemigos. Este desestimó como broma el mecanismo financiero establecido por los europeos para ayudar a Teherán a lo largo de la era de sanciones.

Este tema fue ampliado por el discurso dado por el Presidente Rouhani, que culpó a los factores externos sin hacer referencia a ninguno de los tantos fracasos del régimen en administrar la economía o a las acusaciones de corrupción entre los altos funcionarios del gobierno iraní.

Hacer hincapié en las amenazas externas de enemigos reales e imaginarios a fin de fortalecer la unidad interna no es algo nuevo para los chiitas en general o para los iraníes en particular y la intensa preocupación del régimen revolucionario por definir a sus adversarios de acuerdo a sus necesidades se ha convertido en su principal modo de operar.

La ideología revolucionaria requiere que el régimen describa explícitamente al oponente y los (supuestos) peligros que este plantea para legitimar sus propios valores y políticas. La supervivencia de un régimen revolucionario depende en gran medida de su capacidad para mantener la imagen elegida del enemigo. De acuerdo a este pensamiento, antiguos miembros del régimen islamista han enfatizado constantemente la existencia de un enemigo externo que amenaza los cimientos del gobierno de la Republica de Irán.

Vale la pena señalar que el actual régimen comenzó su camino como un movimiento de resistencia y su éxito en unificar las diferentes corrientes de la sociedad iraní reflejó su capacidad para crear la percepción de un enemigo común. Esa unificación de fuerzas se basó en la premisa que existía un liderazgo justo y recto por una parte y un gobernante ilegítimo apoyado por Occidente – contra la voluntad del pueblo y contra la ética islámica – por la otra.

Se puede discernir una línea de pensamiento similar entre los movimientos radicales que reclaman un retorno al Islam y en el paradigma ideológico que se refleja en la ideología del fundador de la revolución, el Ayatolá Jomeini. Ellos también percibieron a Occidente como un obstáculo para la realización de una sociedad musulmana justa basada en la lealtad al mandato divino y al camino del Profeta.

Dicho esto, el régimen revolucionario iraní difiere de alguna manera en que tiene como base una fusión híbrida de orden divino y de republicanismo. En otras palabras, hay quienes deben su lugar en la institución a la voluntad del pueblo y aquellos cuyo lugar en el liderazgo está determinado por el Líder Supremo. Este híbrido patrón crea una línea ideológica que no se correlaciona con ningún modelo de gobierno utilizado en Occidente y coloca la jurisprudencia religiosa en el centro de un orden social supuestamente mucho más equitativo.

La lucha chiita por obtener estatus en el mundo musulmán frente a la ortodoxia sunita contribuyó a la formación de esta percepción rival. La lucha por la lealtad de las masas se encuentra arraigada directamente en el mito chiita fundacional, basado en la narrativa histórica de la batalla de Kurbala (680 dC), en la que Hussein ibn Ali, nieto del Profeta Mahoma fue asesinado por el gobernante omeya cuando vino al reclamo de su derecho al califato. La institución chiita hace extenso uso de las conceptualizaciones derivadas de esta narrativa e invierte gran esfuerzo en describir a los guerreros y clérigos como continuación del camino y herencia de Hussein.

El demonizar al enemigo recibió gran impulso durante la guerra Irán e Irak (1980-88), cuando el régimen islamista subrayó la diferencia entre el ejército iraní y las fuerzas voluntarias y el ejército iraquí. Los primeros fueron descritos como leales y defensores del Islam, mientras que los últimos fueron descritos como herejes que representaban a un régimen de tiranía y opresión.

Luego de 4 décadas, preservar el celo revolucionario es un desafío considerable en una sociedad en la que aproximadamente el 70% de sus ciudadanos o no habían nacido en los años anteriores a la revolución o eran demasiado jóvenes como para recordarla. Si bien los esfuerzos del régimen deberían ser dirigidos hacia el cómo administrar los temas de estado de manera que satisfaga las necesidades de la población, este continúa repitiendo el viejo mantra de que los factores externos son responsables de todos los males que ocurren en el país.

Esta persistente desviación plantea la pregunta: ¿Cuál es el papel del régimen en sí mismo en el aumento del desempleo y la angustia económica? ¿Es el fuerte aumento en el costo de los productos alimenticios básicos solo resultado de las sanciones, o existen fallas estructurales en la economía iraní?

La estructura económica del país tiene como base los ingresos petroleros y de gas y la estructura económica dual contiene dos ejes paralelos: el eje oficial del presupuesto gubernamental y un eje paralelo de fundaciones de caridad conocido como la “Economía Bonyads”.

En el apogeo de la crisis monetaria iraní, un grupo de expertos académicos le escribió al presidente iraní detallando los motivos de la crisis y formulando una serie de recomendaciones para aliviarla. Estas incluyen, entre otras: 1) reducir la dependencia del mercado energético como fuente principal de ingresos; 2) preferir la producción local en lugar de importaciones baratas; 3) cesar las intervenciones por parte de la institución de defensa en la economía; 4) transición gradual de una economía de mando a una economía de libre mercado; 5) proveer incentivos a los inversionistas privados e 6) incrementar la supervisión y recaudación de impuestos de empresas y corporaciones.

A pesar de la sólida base de estas recomendaciones y del hecho que el Líder Supremo ordenó la implementación de una “economía de resistencia” basada en la producción local, parece ser que nunca se implementaron medidas efectivas.

Consideren también, el sector hidrológico iraní. La deshidratación (falta de lluvia) de gran parte del área rural llevó a la agricultura iraní a una profunda crisis durante la última década. ¿Pero se debió tal crisis exclusivamente a la falta de lluvias durante todos esos años o fue creada por la política de construcción de represas de la Guardia Revolucionaria?

Además, ¿existe alguna conexión entre las recientes inundaciones que han dejado sin refugio a 500.000 ciudadanos en la ciudad de Ahwaz y el proyecto de la represa en el Río Karoun? Expertos ambientalistas iraníes han sido duramente criticados durante algún tiempo por los proyectos de represas que comenzaron en la década de los años 1990 (es decir, el período de rehabilitación de Irán luego de su guerra con Irak).

El movimiento de resistencia iraní, que tomó forma en oposición al mandato de la monarquía Pahlavi, ha repudiado su mensaje de justicia social, una justa distribución de la riqueza y liberación del sistema político y económico dependientes de elementos extranjeros. La promesa de Jomeini de que el Islam es la solución a todos los males sociales no ha sido cumplida y la asignación de recursos ha dejado empobrecido varios estratos de la sociedad iraní.

La implementación de un modelo económico de acuerdo a los principios de la ley islámica se ha topado con dificultades y no necesariamente debido a las sanciones. De acuerdo al concepto económico islámico, la asignación de recursos para promover un “eje de resistencia” se justifica sobre la base de que aquellos “en campaña por Alá” tienen derecho a recibir fondos provenientes de la caridad. Sin embargo, la aspiración de la República Islámica de convertirse en una hegemonía regional ha llevado a sus líderes a desviar recursos más allá de sus fronteras a expensas de sus ciudadanos.

 

El Dr. Doron Itzchakov es investigador asociado en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat y en el Centro Alianza de Estudios Iraníes en la Universidad de Tel Aviv.

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