Internacionalicen el Monte del Templo – Por Josiah Rotenberg (Middle East Forum)

Durante su clase semanal en la Mezquita Al-Aqsa sobre el Monte del Templo tras la decapitación yihadista del profesor de una escuela en Francia Samuel Paty, el estudioso islámico palestino Jeque Issam Amira declaró que “es un gran honor para él [refiriéndose al asesino] y para todos los musulmanes que este joven individuo haya defendido al Profeta Mahoma”. ¿Cómo es que un líder religioso que habla desde el púlpito de uno de los lugares más sagrados del mundo, en la capital del Estado judío, se le permite elogiar tal acto e incitar se cometan nuevos actos de violencia?

¿Cómo es que el Gran Muftí de Jerusalén Jeque Muhammad Ahmad Hussein, también ha negado cualquier conexión judía al Monte del Templo? En las últimas semanas, ¿cómo es que el jeque dictaminó prohibirles a ciudadanos de los Emiratos Árabes Unidos o de Bahréin el ingreso al Monte del Templo si estos ingresen vía Israel?

Porque el gobierno israelí permite que se produzca este tipo de comportamiento. Este permite que un grupo pequeño y poco representativo de musulmanes de Jerusalén oriental administren el Monte del Templo. Los resultados son una vergüenza nacional e internacional.

El Gran Muftí de Jerusalén Jeque Muhammad Ahmad Hussein, ha dictaminado que los ciudadanos de los Emiratos Árabes Unidos o de Bahréin tienen prohibida la entrada al Monte del Templo si viajan a Jerusalén vía Israel.

Aquellos no-musulmanes (y ahora algunos musulmanes) tienen prohibido rezar en el Monte del Templo. Los judíos observantes que ingresan al Monte del Templo deben ser escoltados por la policía quienes pueden retirarlos si mueven los labios de una manera que esto pueda verse como si estuviesen orando.

Luego tenemos presente el tema de la profanación. En 1996, los musulmanes consideraron como basura los preciados artefactos arqueológicos encontrados debajo del Monte del Templo y los arrojaron al azar en varios lugares en Jerusalén. Las autoridades israelíes se quedaron de brazos cruzados mientras el valioso patrimonio nacional era caprichosamente destruido. Los escombros fueron recolectados en el año 2000 y los arqueólogos israelíes han estado examinando los remanentes durante años y han encontrado artefactos muy preciados relacionados al período del Primer y Segundo Templo.

La lista continúa sin fin. El punto es claro: ya es hora de cambiar quién es el que toma las decisiones en el Monte del Templo.

Es hora de cambiar quién es el que toma las decisiones en el Monte del Templo.

El Plan de Partición de las Naciones Unidas para Palestina adoptado en 1947 requería la creación de dos estados entre el Mediterráneo y el Río Jordán, uno judío y otro árabe, excepto Jerusalén y sus alrededores, que serían gobernados por un Régimen Especial administrado por las Naciones Unidas. Este régimen sería responsable de la vigilancia de los Lugares Santos dentro de sus límites. Mientras que los residentes judíos de Palestina aceptaron el Plan de Partición, los árabes lo rechazaron y en la Guerra de Independencia israelí que siguió tras ello, Jerusalén fue dividida entre Israel y Jordania y los jordanos retuvieron el control de la Antigua Ciudad y sus Lugares Santos, incluyendo el Monte del Templo. Los jordanos, al igual que la Autoridad Mandataria Británica antes que ellos, aprobaron leyes para administrar las premisas del Monte del Templo.

Cuando Israel capturó la Antigua Ciudad durante la Guerra de los Seis Días, el gobierno tenía intenciones de imponer su soberanía sobre el Monte del Templo tal como lo hicieron los jordanos, británicos y otomanos. La Ley de Protección a los Lugares Santos aprobada el 27 de junio, 1967 inmediatamente después de la guerra, establece que “los Lugares Santos serán protegidos de… todo lo que pueda violar la libertad de acceso a los miembros de los diferentes grupos religiosos hacia los lugares sagrados para ellos o sus sentimientos respecto a dichos lugares”. Otra ley israelí que ya estaba vigente y que reflejaba las leyes obligatorias anteriores sería aplicada, en teoría, a la administración del Monte del Templo.

Sin embargo, un grupo de destacados habitantes musulmanes de la ciudad de Jerusalén, incluyendo al gobernador jordano de Jerusalén, el alcalde jordano de Jerusalén, el muftí jordano de Jerusalén y otros destacados ciudadanos, protestaron por estas acciones ante el gobierno militar israelí y en una carta fechada el día 24 de julio, 1967 se declararon a sí mismos como el Consejo Supremo Musulmán a cargo de los asuntos musulmanes en Cisjordania y que llevarían a cabo sus responsabilidades en tal capacidad de acuerdo ante la ley jordana, ya que no reconocían la autoridad israelí en el antiguo territorio jordano.

Como resultado de estas presiones por parte de la comunidad musulmana, Israel retrocedió y permitió que el Consejo Supremo Musulmán administrara las premisas del Monte del Templo a través del waqf en el Monte del Templo. El Consejo Supremo Musulmán sigue funcionando bajo la ley de Jordania y el waqf está siendo financiado por el Reino de Jordania y reconoce al Rey de Jordania como el custodio del Monte del Templo. Sin embargo, desde el año 1994 el Gran Muftí ha sido designado por la Autoridad Palestina y su salario es costeado por la Autoridad Palestina.

Este arreglo en el que el gobierno israelí permite que el control del Monte del Templo resida dentro de una organización que no reconoce oficialmente – y que no lo reconoce hasta el día de hoy. Cabe señalar que el artículo 9 del Tratado de Paz entre Israel y Jordania establece que Israel respeta el rol actual especial del Reino Hachemita de Jordania en los santuarios sagrados musulmanes dentro de Jerusalén. Cuando se lleven a cabo las negociaciones sobre el estatus permanente, Israel le concederá alta prioridad al papel histórico de Jordania en estos santuarios. En el año 2015, el Secretario de Estado estadounidense John Kerry negoció acuerdos que no se han publicado entre Israel y Jordania, pero el Primer Ministro Netanyahu reiteró públicamente el compromiso que posee Israel con el estatus quo en el Monte del Templo en el que “los musulmanes oran dentro del Monte del Templo y los no-musulmanes visitan el Monte del Templo”.

Los recientes acuerdos entre Israel con los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán, sumados a los de Egipto y Jordania, pueden tener grandes implicaciones al tema del Monte del Templo. Dado que el Monte del Templo posee un significado especial para los musulmanes de todo el mundo y no solo para Israel y los territorios palestinos, ¿tiene sentido eliminar una página del Plan de Partición de la ONU del año 1947 e internacionalizar el control del Monte del Templo?

Irónicamente, puede darse el caso de que los llamados a tal arreglo provengan de ciudadanos musulmanes de países que han normalizado sus relaciones con Israel y encuentren ofensivo que un pequeño grupo de palestinos esté intentando prohibirles visitar uno de sus lugares más sagrados. Luego que un pequeño grupo de visitantes emiratíes al Monte del Templo fuesen insultados por feligreses palestinos y obligados a abandonar las premisas del Monte del Templo, varios comentaristas han llegado a la conclusión de que ha llegado el momento de cambios en el Monte del Templo. Por ejemplo, el periodista saudita Abdel Rahman Al-Lahim escribió: “Es muy importante para los emiratíes y los bahreiníes discutir con Israel las formas de liberar la Mezquita Al-Aqsa de las manos de los matones palestinos para de esta manera proteger a los visitantes de ser acosados por esta mafia palestina”.

De manera similar, la activista política emiratí Laila Al-Awadhi dirigiéndose a los palestinos, comentó que “nosotros visitaremos la Mezquita Al-Aqsa porque esta no les pertenece a ustedes, le pertenece a todos los musulmanes”.

Ha llegado el momento de reemplazar al Consejo Supremo Musulmán por un consejo internacional con representantes de naciones musulmanas que reconozcan formalmente a Israel, así como también representantes de Israel, tanto judíos como musulmanes y de la Autoridad Palestina (si es que están dispuestos a hacerlo). Los musulmanes israelíes, en particular, tienen una oportunidad única de ayudar a cerrar la brecha que existe entre sus conciudadanos judíos y sus correligionarios alrededor del mundo.

Además de exigir relaciones diplomáticas con Israel, cada estado debe reconocer la soberanía israelí sobre el Monte del Templo. Tal medida incluye cumplir con todas las leyes y regulaciones israelíes pertinentes, incluyendo los códigos de las edificaciones, así como también reconocer que Israel es responsable de la seguridad. Israel tiene derecho a remover al gran muftí bajo ciertas condiciones (por ejemplo, si instiga a la violencia en contra de este). Finalmente, la nueva organización reconoce el derecho de cualquier persona, independientemente de su religión, a orar dentro de las premisas del Monte del Templo.

Por supuesto, este es un esquema amplio, con muchas preguntas abiertas por ser contestadas. Por ejemplo, ¿cómo se determinará la representación en esta organización? ¿Cada gobierno tendría derecho a un voto o debería este ser ponderado por la población? ¿O quizás incluso ecuánime al número de ciudadanos que visitan el Monte del Templo? ¿Qué sucede con un país como India, que no es mayoritariamente musulmán pero tiene una de las mayores poblaciones musulmanas del mundo?

El control sobre el Monte del Templo debe otorgársele a un grupo de interesados más representativo y moderado.

Esta propuesta posee varias ventajas y una desventaja mayor. Esta le transfiere el control sobre el Monte del Templo de un grupo pequeño, no representativo y extremista a un grupo de interesados mucho más representativo y moderado. La propuesta convierte el Monte del Templo de un lugar que siembra discordia y desconfianza a uno que une a la gente y alienta a más países de mayoría musulmana a hacer las paces con Israel.

¿Las desventajas? El Monte del Templo es un polvorín esperando volar por los aires en la calle musulmana. Cualquier pequeño cambio en el estatus quo pudiese resultar en repercusiones diplomáticas, disturbios generalizados y quizás en guerras.

Aunque las terribles predicciones sobre el traslado de la Embajada estadounidense a Jerusalén y los acuerdos con los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán resultaron falsas, la reacción a los cambios en el Monte del Templo pudiera muy bien ser explosiva. Esto apunta a la necesidad de cooperar con los estados musulmanes e ir despacio, preparando el terreno para demostrar que esto no son los israelíes tratando de hacer valer su poder sobre las premisas, sino un esfuerzo sincero para hacer que un lugar sagrado sea accesible a todos y desactivar un posible polvorín a futuro.

 

Josiah Rotenberg es miembro de la Junta de Gobernadores del Foro Medio Oriente y presidente del Foro del Medio Oriente Israel.

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