Inteligente más no pequeño: Los Acuerdos Abraham y el papel que juegan los estados más pequeños – Por Dr. Spyridon N. Litsas (BESA)

RESUMEN: En lugar de señalar a actores estado de grandes o pequeños, la teoría en el área de las relaciones internacionales pudiera pensarse de manera más rentable en términos de inteligente o tonto. Dos estados inteligentes, los Emiratos Árabes Unidos e Israel, poseen el potencial de fortalecer la región del Medio Oriente mediante la firma de los Acuerdos Abraham. Estados inteligentes pudieran constituir una forma eficaz de disuasión – no solo respecto a un revisionismo no-tradicional en las relaciones internacionales sino también ante la volatilidad de esta era en la que vivimos.

¿Qué significa “pequeño” en el amplio y vasto marco teórico de las relaciones internacionales? La teoría de las relaciones internacionales aboga claramente en favor de comparar a los actores estado con el objetivo de que clasifiquen su poder en relación a sí mismos. La capacidad energética de cada estado solo puede ser evaluada de manera real a través del método comparativo. Por ejemplo, si bien es una falacia teórica argumentar que Estados Unidos es un estado poderoso, es correcto decir que los Estados Unidos es un estado más poderoso que todos los demás estados en la arena internacional.

La comparación es una herramienta muy útil que nos permite comprender las características cualitativas en lugar de las cuantitativas de todos y cada uno de estos estados. Esto es importante porque calidad, a diferencia de cantidad, nunca indica falsamente poderío o debilidad.

Lo mismo aplica a la palabra “pequeño”. Si la palabra es utilizada para referirnos al tamaño de un estado, entonces esta no apoya adecuadamente la teoría de las relaciones internacionales, ya que el tamaño de un estado no siempre determina su poder relativo en la arena internacional. Existen varios casos en los que claramente tamaño no posee correlación al poderío. Gran Bretaña nunca fue un gigante físico, pero sin embargo logró establecer un imperio mundial en el que “el sol nunca se ocultaba” mediante una diplomacia eficaz, eficientes instituciones económicas privadas (por ejemplo, la compañía East-India) y una flota naval temible. Al otro extremo del espectro se encuentra China, un gigante geográfico y demográfico que experimentó 100 años de continua humillación; y la ex-Unión Soviética, un gigante territorial con bases económicas de cristal que fue derrotado por los Estados Unidos, físicamente más pequeño pero mucho más avanzado económica y tecnológicamente.

Por lo tanto, desde un punto de vista teórico, un enfoque cuantitativo no puede ofrecer respuestas satisfactorias a los temas más urgentes del siglo 21. La globalización y el internacionalismo no son solo tendencias ideológicas sino hechos innegables derivados de los impresionantes avances tecnológicos que la humanidad ha logrado en las últimas décadas. En particular, el campo de la inteligencia artificial (IA), que ya ha logrado penetrar en la industria de defensa y cambia a fondo las normas de conducta de los enfoques cuantitativos del pasado. El campo de la inteligencia artificial abre una nueva lista cualitativa de variables que indican si un estado tendrá éxito o sufrirá de fracasos existenciales. Esta nueva dicotomía puede etiquetarse de estados inteligentes versus estados tontos.

Un estado inteligente es un actor racional en la arena internacional. Este estado rechaza el revisionismo en las relaciones internacionales y en cualquier otro cambio sistémico fundamental que pueda producir y conducir a una guerra total. Este le presta mucha atención a su propio avance y refuerzo tecnológico. Su economía de estado le concede al sector privado espacio para maniobrar, pero controla recursos naturales tales como el agua. Este estado permite que las escuelas públicas y las universidades compitan con las escuelas privadas con el fin de producir un esquema educativo social equilibrado y fomenta la movilidad social.

Un estado inteligente desarrolla su área en política de seguridad nacional sobre una base cualitativa más no cuantitativa. Invierte fuertemente en la creación de inteligencia artificial (IA), ya que la tecnología – que desafía la lógica de los números, abre un nuevo capítulo en las teorías de guerra y de grandes estrategias. Por ejemplo, un supuesto ejército de 20 robots bien equipados con armas de alta tecnología pudiera resultar más eficiente que un ejército de 10.000 milicianos mal equipados.

Un estado inteligente posee la agilidad de desarrollar ambos un poder blando que pueda influir positivamente sobre la opinión pública de otros estados como forma “más blanda” de poder duro no muy fácilmente localizables por los servicios de inteligencia de los estados no-amigos. Esto pudiera incluir operaciones psicológicas con intención de socavar las estructuras burocráticas de los adversarios.

Un estado inteligente es aquel que invierte en aras de una diplomacia flexible, comprende las fluctuaciones que ocurren en el entorno internacional y actúa para asegurar que sus intereses nacionales eleven su estatus en la escala estructural del poder para así maximizar sus perspectivas de supervivencia.

Y por último, aun así no menos importante, un estado inteligente no intenta leer el futuro permaneciendo de manera obstinada atrapado en su propio pasado.

El 15 de septiembre, 2020 los Emiratos Árabes Unidos e Israel firmaron los Acuerdos Abraham, normalizando las relaciones entre ambos estados. Esta decisión destacó la ya bien definida caracterización de estos estados como “inteligentes” debido a sus preferencias hechas durante las últimas décadas. Los Emiratos Árabes Unidos son un centro educacional global e Israel es la “nación de la puesta en marcha”. Ambos favorecen preservar el estatus ya existente y se oponen al revisionismo de participantes estado o no-estado.

Israel y los Emiratos Árabes Unidos han construido dos de las capacidades de poder duro tecnológicamente más avanzadas del sistema internacional, mientras que sus capacidades de poder blando tienen su base en su flexibilidad cultural y religiosa. Los Acuerdos Abraham también revelan la continua capacidad estadounidense de actuar como el ente estabilizador global y como potencia occidental formidable, una que todavía es capaz de generar progreso internacional a pesar de las inusuales fricciones internas.

Los Acuerdos Abraham exceden sus dimensiones como mero paso al fortalecimiento a las ya duraderas estructuras estatales de dos naciones. Estas naciones poseen el potencial de operar como nuevo ingrediente en responder colectivamente a las amenazas de estados y no-estados en la región en general.

El mundo todavía se encuentra en medio de la pandemia del COVID-19, pero esto finalmente pasará y la vida internacional volverá más o menos a una normalidad. Las pésimas condiciones económicas en Irán y las consecuencias por causa de la explosión ocurrida en el puerto de Beirut a comienzos del mes de agosto, que expuso a Hezbollah ante la ira pública, obligarán al régimen de Teherán a actuar agresivamente para garantizar su supervivencia. La realidad internacional posterior a la pandemia puede sacar a relucir los esfuerzos de Irán por obtener capacidades en materia nuclear. Un frente regional contra el profundo revisionismo de Teherán pudiera resultar ser un factor de fortalecimiento para proteger el estatus quo en el Mediterráneo oriental y en el Medio Oriente.

Por el momento, el movimiento yihadista global se encuentra en retirada. Tanto ISIS como Al-Qaeda han sido debilitados considerablemente, principalmente como resultado de la Guerra contra el Terrorismo. Sin embargo, el yihadismo global no está muerto: está pasando por una reestructuración ideológica y organizativa. Al-Qaeda, por ejemplo, se enfrenta a un dilema existencial: de si seguir el ejemplo de ISIS y organizar una base social mucho más amplia a través de una nueva narrativa ideológica que las masas puedan fácilmente seguir, o continuar en su aislado círculo operativo. Tal como indican informes en todo el mundo, estos esperan por una oportunidad a fin de difundir muerte y miseria una vez más. Además, el yihadismo no opera dentro de las fronteras nacionales. Esto significa que las células más fuertes de Al-Qaeda en el África subsahariana todavía poseen capacidad para operar en todo el mundo.

Los Acuerdos Abraham puede que operen como un mecanismo decisivo con el cual aplastar el terrorismo, ya que tanto Israel como los Emiratos Árabes Unidos poseen el conocimiento y una experiencia profunda para enfrentarlo. Este conocimiento, puesto en práctica en conjunto, pudiera de manera exponencial resultar ser más eficaz.

Además, desde el mes de febrero, el Mediterráneo oriental ha sido testigo de un incremento a tendencias de un exceso turco en el Egeo, alrededor de Chipre, en Libia y en la Franja de Gaza. Esta no es solo una manifestación esporádica a los problemas de comportamiento de Turquía, sino una revelación de las intenciones hegemónicas de Ankara, ambos como actor naval importante en la región y como el supuesto campeón del mundo sunita. Israel y los Emiratos Árabes Unidos junto a Grecia, Egipto y Arabia Saudita, tienen la capacidad no solo de bloquear estas acciones revisionistas, sino de disuadir también a Turquía de provocar una confrontación violenta entre los miembros de la OTAN.

Sin lugar a dudas, el problemático comportamiento de Turquía ha sido estimulado por la decisión tomada por Washington de acercarse a Ankara de alguna manera en lugar de desalentar definitivamente la agresión turca. Un frente fuerte contra la conducta de Turquía fomentará la paz y la prosperidad en una zona más amplia del Mediterráneo oriental y del Medio Oriente, ofreciendo más confianza geoestratégica a los demás estados en la región.

Dado que el anticuado enfoque cuantitativo no permite realizar un examen exhaustivo al estatus en el Mediterráneo oriental y sus perspectivas luego de los Acuerdos Abraham, debería en su lugar configurarse la teoría del “estado inteligente” según el cual los estados desafíen su tamaño y puedan construir sus propios futuros. Israel y los Emiratos Árabes Unidos son los primeros países dentro de un círculo de estados inteligentes en la región. Ahora que han actuado, los demás actores racionales en el Mediterráneo oriental y del Medio Oriente pueden seguir tras sus pasos. Un excelente camino ha sido pavimentado y seguramente muchos más estados emularán el ejemplo inteligente realizado por los Emiratos Árabes Unidos e Israel.

 

 

El Dr. Spyridon N. Litsas es profesor en materia de Relaciones Internacionales en la Universidad de Macedonia y profesor invitado en Teoría Estratégica en el Instituto Universitario Conjunto Supremo de Guerra de las Fuerzas Armadas Helénicas.

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