Implicaciones nacionales y regionales por la escalada del Conflicto Arabia Saudíta-Irán – Por Prof. Yoshua Teitelbaum

El 2 de enero 2016 Arabia Saudita anunció la ejecución del líder religioso chiita Jeque Nimer Al-Nimer (y otros 46 presos). En la región, este fue el punto culminante de la escalada de tensiones entre Arabia Saudita, percibiéndose a sí misma como la defensora de los musulmanes sunitas en el mundo, frente a Irán, que clama el manto del liderazgo chiita.

En Arabia Saudita, la ejecución fue una severa advertencia a la ya asediada minoría chiita del país. Y para el Rey Salman Iben Abed Al-Aziz, tan sólo un año en el cargo y para su joven hijo y Ministro de Defensa, el Príncipe Heredero a la Corona Salman Iben Muhammad, esto fue una nueva demostración de una política exterior de poderío y afirmativa.

En referencia al Jeque Nimer Al-Nimer

El jeque Nimer Baker Al-Nimer fue la estrella de las manifestaciones de la “Primavera Árabe”, que estalló en la provincia oriental del reino en los años 2011-2012. Las relaciones con la minoría chiita son una llaga abierta en la Arabia Saudita wahabí. Desde el siglo XVIII, estas interacciones se han caracterizado por ciclos de persecución, opresión, manifestaciones, violencia y terrorismo, e incluso a veces de diálogo. Pero Arabia Saudita sigue siendo, en esencia, un estado wahabí y tradicionalmente el wahabismo aborrece al chiismo como perversión del verdadero credo islámico.

Los saudíes tenían la esperanza de no inmiscuirse en la Primavera Árabe. Su mayoría sunita nunca salió a las calles, limitando sus protestas a los medios sociales. Pero su minoría chiita, políticamente activa, se manifestó fuertemente, incluso con violencia, particularmente en solidaridad con los chiitas de Bahréin luego que los saudíes se unieron a sus compañeros gobernantes sunitas para sofocar la rebelión chiita en Manama en marzo 2011. Los saudíes propinaron duros golpes para reprimir las protestas chiitas en su casa, provocando muchas bajas, en ambos bandos.

Nimer se situó al frente de estas manifestaciones. Su carismática retórica era aguda y áspera. Este pidió abiertamente a Allah que le quitara la vida a la dinastía saudí. A la muerte del temido Ministro del Interior Nayif bin Abd Al-Aziz, Nimer expresó su deseo  que los gusanos devorasen su cadáver. Este no llamó directamente a la violencia, pero algunos chiitas y ciertamente el régimen saudí vieron que sus discursos escupían fuego como una llamada a las armas. Para los saudíes este era un líder que tenía que ser detenido.

Las circunstancias del arresto del jeque Nimer Al-Nimer en julio 2012 no están del todo claras, pero este fue abaleado, arrojado a la parte trasera de un auto por las autoridades saudíes y sacado del lugar rápidamente. Esta foto ignominiosa fue tuiteada, subida a YouTube y en Facebook por todos los medios de comunicación sociales de Arabia Saudita, enfureciendo aún más a los chiitas del reino.

Al-Nimer fue ejecutado junto a otros 46 terroristas (ese es el término saudita), en su mayoría sunitas asociados a Al-Qaeda.

Consideraciones domésticas

El Rey Salman y su joven protegido Muhammad tienen alrededor de un año en sus respectivos puestos de trabajo. Ha sido un período tumultuoso: una guerra en Yemen y en Siria, el consentimiento del mundo a un Irán con capacidad nuclear, por no mencionar al famoso Estado Islámico. Los saudíes conducen la contrarrevolución a la Primavera Árabe.

Los chiitas son los últimos “otros” en Arabia Saudita – no son populares entre la mayoría sunitas y fueron ellos los que lideraron las manifestaciones de la Primavera Árabe en el reino.

En el plano interno, la ejecución de Al-Nimer puede haber sido una manera de matar dos pájaros de un sólo tiro. La caída en picada de los precios del petróleo es probable que pronto necesite recortar subsidios y empleos prometidos y viviendas que reprimieron el agarre económico durante la Primavera Árabe. Quitarle la vida a Al-Nimer es una manera fácil de reforzar las credenciales wahabíes, demostrar quién es el que manda y desviar la atención de las medidas de reducción de costos.

Aunque la ejecución de Al-Nimer recibió la mayor parte de cobertura de la prensa, la saudita “fue” equilibrada”; los otros 46, en su mayoría simpatizantes sunitas de Al Qaeda, también encontraron su fin. El Estado islámico ha atacado varias veces al reino, por lo que quitarle la vida a compañeros fanáticos islamistas pone también a la organización en sobre aviso. Salman quiere trasnmitir el mensaje interno que Arabia Saudita es el jefe sunita en el vecindario. La política también es personal. Nimer pudo haber convocado a que los gusanos devoren el cuerpo del Ministro del Interior Nayif bin Abd Al-Aziz, pero el hijo de Nayif, el actual Ministro del Interior y Príncipe Heredero Muhammad bin Nayif, parece haberse reído último.

Implicaciones internacionales y regionales

La postura regional e internacional de Arabia Saudita en los últimos años ha sido moldeada por dos desafíos: Irán y el Estado Islámico. En el trasfondo se encuentra la percepción en el reino, no sin fundamento, que la administración Obama está abandonando a sus aliados tradicionales.

En el juego de sumar ceros de la política en el Medio Oriente, la conformidad de Washington al acuerdo de Irán, que dejó a Irán como un país en el umbral de su capacidad nuclear, sin restricciones de continuar su programa de misiles balísticos militares y en poder de avanzar una hostil agenda regional, significa en Riad que el Presidente Obama es esencialmente pro-Irán. Sus comentarios acerca de las reformas necesarias en Arabia Saudita o su opinión que es necesario un equilibrio estratégico entre sunitas y chiitas, sólo fortalecen esta percepción.

La ejecución de Al-Nimer es la manera de transmitir por parte del Rey Salman y su hijo Muhammad bin Salman, ambos… tanto a Obama como al Líder Supremo iraní Sayyed Ali Hosseini Khamenei de que los saudíes están todavía en el juego. Estos llenan el vacío dejado por el recorte estadounidense con una política exterior pro-activa y poderosa que incluye actuar con dureza en Yemen y en el mercado petrolero.

La respuesta iraní se ha desempeñado en manos sauditas. Declaraciones duras de los líderes iraníes y el saqueo de la embajada de Riad en Teherán les demostraron a los saudíes que Irán interfería en sus asuntos internos. El juego sunita-chiita es transnacional. Al igual que Irán clama el manto del liderazgo chiita, los saudíes hacen lo mismo con el liderazgo sunita, tal como ha sido demostrado a finales del año pasado por la improvisación de una Alianza Militar Islámica sunita de 34 miembros.

Los saudíes rompieron sus relaciones diplomáticas con Teherán y varios otros estados sunitas compañeros lo han hecho también en solidaridad. El Canciller Adil Al-Yubair lidera el esfuerzo diplomático saudita. Jubair, ex embajador de Riad en Washington, recuerda que en el 2011 los iraníes trataron de hacer que lo asesinaran.

El 7 de junio Irán afirmó que aviones saudíes habían bombardeado la embajada iraní en Yemen. ¿Tal para cual? Queda por verse. La musculosa política exterior de Arabia Saudita pudiera ser su primera prueba seria. Lo cierto es que estos dos líderes de los dos bandos islámicos competitivos se están dirigiendo hacia aguas muy tormentosas.

 

 

* El Prof. Joshua Teitelbaum, experto en los estados del Golfo, Arabia Saudita y los temas pan-árabes, es investigador asociado sénior en el Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos. Da clases en el departamento de estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan. Publicado en http://besacenter.org/perspectives-papers/9673/

 

 

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