Implicaciones del retiro de Estados Unidos de Siria – Por Dr. Yehuda Blanga (BESA)

RESUMEN: La retirada de las fuerzas estadounidenses de las áreas kurdas al norte de Siria ayudará a fortalecer la posición de Irán en el país, convertirá a Rusia en la potencia líder de la región y muy posiblemente conducirá al resurgimiento del terrorismo perpetrado por ISIS. Todos estos resultados tendrán implicaciones políticas de largo alcance para los actores a favor de Occidente en el Medio Oriente y para la guerra contra el terrorismo yihadista.

Imagen de portada: Equipo de las fuerzas especiales estadounidenses, fotografía de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tomada por el antiguo aviador Clayton Cupit vía Ejército de los Estados Unidos

En la mañana del 24 de octubre, 1973 el embajador israelí en Washington fue convocado para discutir urgentemente un asunto con el jefe de gabinete de la Casa Blanca General Alexander Haig. La reunión marcó el punto álgido de la presión que los Estados Unidos ejercía sobre Israel para detener la lucha en el frente egipcio y levantar el cerco del Tercer Ejército egipcio. Haig habló vagamente y advirtió que si continuaban las hostilidades, el Presidente Nixon considerara apartarse de Israel.

Por primera vez desde que surgió esta relación especial entre Estados Unidos e Israel a comienzos de la década de los años 1960, la postura e intereses de Israel iban en curso de colisión directa con Washington. El gobierno de Nixon, que sentó las bases para las relaciones normales de Estados Unidos con Egipto durante la Guerra de Yom Kippur, no tenía la intención de dejar que Israel estropeara este proceso incluso a costa de una crisis y daños a los lazos estadounidense-israelíes. Por lo tanto, Israel experimentó de primeras el precio de la amistad (y dependencia) con el “Tío Sam”. Jerusalén se vio obligada a acceder a los dictados estadounidenses.

Israel durante la Guerra de Yom Kipur, el Sha iraní para el momento en que sucede la Revolución Islámica en 1979, Hosni Mubarak al comienzo de la “Primavera Árabe” del 2011 y ahora los kurdos, el denominador común es que en los momentos más críticos de esos aliados, su patrón principal, en el que habían depositado sus esperanzas, no permaneció de su lado. Washington vio los acontecimientos de manera diferente y consideró solo sus intereses, incluso a costa de perjudicar la credibilidad estadounidense.

¿Y cuál es el interés estadounidense hoy día en desconectarse del Medio Oriente?

Según un estudio titulado “Los costos de la guerra” publicado por la Universidad Brown en el año 2018, desde el 2001, Estados Unidos ha gastado $5.9 billones en guerras en Irak, Afganistán, Siria y Pakistán. Estados Unidos está hastiado de guerras sin sentido que consumen enormes presupuestos y se cobran una gran cantidad de vidas humanas (desde el 11 de septiembre, 2001 aproximadamente 7.000 soldados estadounidenses han muerto en combate en el Medio Oriente). Los estadounidenses ya no desean ser el “policía del mundo” y buscan distanciarse de la región. Esa, de hecho, es la línea que conecta la administración Obama y la administración Trump. Pero mientras que el primero actuó de manera apresurada y destructiva, el segundo se esfuerza por lograr el mismo objetivo relegando el poder y fortaleciendo a los aliados con armas mientras evita su directa participación y responsabilidad.

El resultado, desafortunadamente, es el mismo y finalmente se reduce al tema de los costos. En el desafiante escenario de crisis en el Medio Oriente, el costo siempre es muy alto.

El impacto de la retirada estadounidense de las zonas kurdas al norte de Siria (aunque no de toda Siria) puede desglosarse de la siguiente manera:

  • Fortaleciendo a la parte ruso-iraní en Siria.

Luego de una lucha que ya lleva más de ocho años y muy pocas evaluaciones de que los días de Bashar Assad estaban contados, la retirada le acerca a su sueño de recuperar el control de todo el país. La conclusión de todo esto es que Israel obtiene “cuatro objetivos por el precio de uno”: Assad más Rusia, Irán y Hezbollah. El ejército sirio, aunque gana fuerza, sigue siendo débil. Los rusos, en ausencia de los estadounidenses, se han convertido en la fuerza de equilibrio, apoyo y mediación de la región. Las armas que Teherán envía en un esfuerzo por rodear a Israel, junto al intento de construir un frente norte en la frontera sirio-israelí, constituyen un desafío importante con las que las FDI tendrán que lidiar.

  • El peligro de que residuos de ISIS retornen a la acción en el Medio Oriente o en sus países de origen.

Los kurdos retienen a más de 10.000 combatientes o simpatizantes del Estado Islámico en campos de detención. Mientras que algunos son residentes del Medio Oriente, otros esperan regresar a sus hogares (principalmente en) Europa. El enfoque de los kurdos en contrarrestar el avance turco dejará expuestos los campos de detención y tal acción pudiera conducir a la liberación de miembros de ISIS.

  • La crisis de los refugiados.

El Presidente turco Recep Tayyip Erdogan, ahora con 3.6 millones de refugiados sirios dentro de su país, quisiera enviarlos de vuelta a Siria. Pero debido a que el régimen de Assad no tiene ni el deseo ni la capacidad de absorberlos, el resultado sería un desastre humanitario. En los últimos años, Assad, Irán y Hezbollah han estado trabajando con el propósito de alterar el equilibrio demográfico en grandes partes de Siria reforzando a la población chiita a expensas de los sunitas. En abril del 2018, Assad aprobó la “Ley 10”, que le permite al estado nacionalizar bienes e inmuebles y las propiedades en casos donde no puede ser demostrada. El tiempo para que aquellos particulares reclamasen sus propiedades expiró hace ya algún tiempo y Assad y sus aliados ahora son libres de seguir en sus planes. ¿Cuál será el destino de los refugiados, la gran mayoría de los cuales son sunitas, que serán regresados a Siria? Para este problema todavía no existe ninguna solución.

  • El peligro de un conflicto sirio-turco-ruso.

La salida de las fuerzas estadounidenses y la invitación de los kurdos a unirse al ejército de Assad para que tomen su lugar, pudiera muy bien conducir a un enfrentamiento sirio-turco. Los rusos, por supuesto, no dejarán que Assad pierda. Para Moscú y Damasco, la retirada de los Estados Unidos es un regalo. Esto le permitirá al ejército sirio tomar el control de aproximadamente un tercio del país que tenían consigo los kurdos (hasta hace poco en cooperación con los estadounidenses) sin tener que luchar contra los kurdos. Por lo tanto, la invasión turca, que Assad describió como una campaña de agresión y conquista, pudiera conducir a una confrontación sirio-turco-rusa. Además, a pesar del hecho de que Turquía lanzó la “Operación Primavera de Paz” por su propia cuenta, todavía es miembro de la OTAN y un enfrentamiento militar entre Turquía y Siria no sería poca cosa (aunque queda claro en la reciente reunión entre Putin y Erdogan que ni Moscú ni Ankara están interesados ​​en un enfrentamiento como tal).

  • La erosión a la credibilidad de Estados Unidos ante sus aliados en el Medio Oriente.

Esta pregunta, que surgió durante el mandato de Barack Obama en medio de los acontecimientos de la “Primavera Árabe” y el acuerdo nuclear con Irán, se ve reforzada por el Presidente Trump. Luego que los kurdos derramaron su sangre para sofocar la amenaza terrorista de ISIS, las expectativas eran que los Estados Unidos mostrarían comprensión por su situación y expresarían gratitud (por muy ingenuo que sea pensar de esa manera) por su esfuerzo en combatir contra el terrorismo yihadista. Y ahora, en lugar de ganarse el apoyo para su objetivo de lograr autonomía, o respaldarse ante el amenazante avance turco, los kurdos fueron ignorados deliberadamente por Washington. El Presidente Trump, a diferencia de su predecesor, no parece entender que los aliados regionales de los Estados Unidos (Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Jordania e Israel) interpretan su acción de manera totalmente diferente a como este lo hace. Con el campo de juego abierto, es necesario aplicar medidas especiales para reducir pérdidas.

En ausencia a la presencia contenida y disuasoria de los Estados Unidos en el Medio Oriente, la región volverá a ser algo parecido a lo que fue en la época de la Guerra Fría de los años 50 y 60 a medida que surgen alianzas y colaboraciones regionales para contrarrestar a un enemigo común. En aquellos días fue la amenaza comunista soviética; hoy es el peligro iraní. Pero a diferencia de la época anterior, cuando Israel era visto como el enemigo supremo del mundo árabe, ahora se lo considera un actor con el que uno puede cooperar (incluso por actores que no poseen vínculos diplomáticos con Jerusalén) con el fin de enfrentar el peligro radical que amenaza la estabilidad de la región – Teherán.

 

 

El Dr. Yehuda Blanga es profesor en el Departamento de Estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan.

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