Hezbollah se encuentra en Venezuela para quedarse – Por Colin P. Clarke (Foreign Policy)

El cambio de régimen en Caracas no cambiará la problemática relación del país con el grupo terrorista.

Foto – Una pancarta muestra al Secretario General de Hezbollah Hassan Nasrallah, al difunto presidente venezolano Hugo Chávez y al líder árabe Jamal Abdel Nasser el 7 de diciembre, 2006 en Beirut. (Ramzi Haidar/AFP/Getty Images)

Respondiendo a una pregunta sobre la actual inestabilidad en Venezuela y la presencia de grupos terroristas en la región, específicamente el grupo libanés Hezbollah, el Secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo confirmó en una reciente entrevista que el gobierno de Trump cree que el “Partido de Allah”, tal como se le conoce a Hezbollah, mantiene “células activas” en Venezuela. Este continuó diciendo que “los iraníes están afectando al pueblo de Venezuela”, debido a que Teherán entrena, financia y equipa a la organización Hezbollah.

Algunos analistas políticos en el área de seguridad parecían sorprendidos por las afirmaciones de Pompeo, pero no deberían estarlo. Hezbollah ha mantenido una presencia en Latinoamérica durante mucho tiempo, especialmente en la infame Área de las Tres Fronteras, una región sin leyes donde Argentina, Paraguay y Brasil convergen. Pero incluso más allá del Área de las Tres Fronteras, Hezbollah está muy bien atrincherada en Venezuela, donde el grupo terrorista chiita ha trabajado durante mucho tiempo en establecer una vasta infraestructura y plataforma para sus actividades delictivas, incluyendo el tráfico de drogas, lavado de dinero y el contrabando ilícito. Por ejemplo, la Isla de Margarita, ubicada frente a las costas de Venezuela, es un conocido centro delictivo donde los miembros de Hezbollah han establecido refugio seguro. Bajo el régimen del ex-presidente venezolano Hugo Chávez, el gobierno adoptó un enfoque mucho más activo ofreciéndoles refugio a miembros de Hezbollah en Venezuela.

Más controvertido a lo dicho por Pompeo, sin embargo, debió haber sido lo que este implicaba, es decir, que el cambio de régimen libraría a Venezuela de Hezbollah. Independientemente de los beneficios de reemplazar al actual régimen venezolano con la alternancia preferida por Washington, existen razones para dudar que tal acción cambiara la problemática relación del país con el grupo terrorista.

Hezbollah posee una larga y sórdida historia en Venezuela. Una red activa de contrabando de cocaína a lo largo de la década de los años 2000 liderada por un nacional libanés vinculado a Hezbollah llamado Chekry Harb, narcotraficante y líder en el negocio del lavado de dinero quien recibió el apodo de “Talibán”, utilizó Panamá y Venezuela como centros críticos en una operación que envió narcóticos desde Colombia hacia los Estados Unidos, África occidental, el Medio Oriente y Europa. Las ganancias de la red de tráfico de cocaína fueron lavadas y convertidas en pesos colombianos o bolívares venezolanos, en donde Hezbollah se embolsilló entre el 8-14% de las ganancias.

La confianza de Hezbollah en simpatizantes dentro de sus comunidades en la diáspora, incluso en Venezuela ha minimizado significativamente la posible exposición del grupo en ser detectado. Los funcionarios de seguridad de fronteras de Venezuela y los cuerpos policiales, en medio de la desesperación general del país, han sido en gran medida reacios a resistir sobornos ofrecidos por miembros pertenecientes a Hezbollah y sus cuadros.

Dada la inestabilidad actual en Venezuela, es justo preguntarse qué pasaría con Hezbollah bajo un gobierno liderado por el líder de la oposición Juan Guaidó, quien recientemente fue reconocido como el legítimo gobernante del país por los Estados Unidos y decenas de otras naciones, incluyendo a los países pesos pesados ​​europeos Francia, el Reino Unido, Alemania y España.

Un gobierno liderado por Guaidó seguramente sería mucho más activo en oponerse a la presencia de Hezbollah en territorio venezolano, no solo nominalmente sino también en una búsqueda más agresiva en reducir la red criminal del grupo y por ende, la influencia de Irán. Como parte de una compensación a su apoyo, es probable que Washington busque apoyarse en Guaidó para tomar medidas enérgicas contra cualquier actividad vinculada a Irán a lo largo y ancho de la región.

Pero existe una gran diferencia entre voluntad y capacidad. Y mientras un gobierno liderado por Guaidó pudiera demostrar inicialmente una fuerte voluntad política para contrarrestar a Hezbollah e Irán, al menos para apaciguar a la administración Trump, Venezuela como país enfrenta un inmenso desafío al tratar de reconstruir su destrozada sociedad. El negarse a aceptar a Hezbollah puede simplemente ceder prioridades a Guaidó y su administración de las acciones que a los Estados Unidos le gustaría que este realizara.

La naturaleza incierta de los servicios de seguridad y militares de Venezuela sugiere una gran brecha de capacidades con la cual lidiar cuando se trata del caso de Caracas. Venezuela ha mantenido estrechos vínculos militares con Rusia, y no se sabe qué parte de los servicios de seguridad son o serán leales a Maduro. Los Estados Unidos experimentaron un gran éxito junto al Plan Colombia, un esfuerzo multianual y multimillonario de participación en cooperación en el área de seguridad y fortalecimiento de las capacidades de las fuerzas militares y policiales colombianas.

Pero replicar el éxito del Plan Colombia, que ayudó a las fuerzas armadas colombianas a obtener una ventaja significativa sobre las FARC, ha demostrado ser difícil de alcanzar en otros contextos, incluso en México, donde la Iniciativa Mérida, un acuerdo de cooperación de seguridad entre los Estados Unidos y México se centró en esquemas antinarcóticos, no logró combatir con éxito el tráfico de drogas y organizó redes criminales en ese país.

Durante sus primeros dos años en el cargo, el Presidente Donald Trump ha demostrado su deseo de desacoplar a los Estados Unidos de costosas intervenciones en el extranjero. Esta es solo una de las varias razones por las cuales un “Plan Venezuela” destinado a ayudar a reconstruir las instituciones gubernamentales críticas de ese país puede que no sea factible.

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