Ganó el que sabe jugar (y Ashkenazi) – Por Moran Azulay (Yediot Ajaronot)

Las encuestas por las cuales Gantz desmanteló Azul y Blanco (Kajol Lavám) pueden ser las que lleven a Netanyahu a nuevas elecciones pronto. La principal diferencia entre los dos se agudizó ayer. Y, además, ¿por qué Ashkenazi puede beneficiarse de todo esto?

A Benny Gantz le tomó tres rondas de elecciones alcanzar un resultado que podría haberse logrado hace un año, y en mejores condiciones. Tres rondas de elecciones en las que Gantz exacerbó el tono una y otra vez (hasta que le pegó el apodo a Netanyahu, de “Erdogan”) y se espera que ahora el propio Gantz termine en el gobierno con Netanyahu, el mismo político sobre el que Gantz no nos ha dejado de explicar por qué no tenía validez moral para gobernar

Si el acuerdo de unidad entre el Likud y el partido de Benny Gantz se termina firmando, Netanyahu volverá a demostrar lo que hace mejor: Jugar el juego político con la máxima flexibilidad para que finalmente consiga un gobierno.

En términos de la derecha israelí, la derecha cosechó una derrota. Netanyahu ha renunciado a los temas que estaban en el centro de la agenda de la derecha en los últimos años: Justicia y Seguridad. Sin embargo, a nivel personal, puede registrar una gran victoria, que es lo que importa. En este momento, ha eliminado la amenaza más fuerte para él. Y no hay algo más dulce como tal victoria.

Muchos hablan, en las horas posteriores a la disolución de Azul y Blanco sobre si Gantz quiere ser primer ministro o está huyendo de allí. Una cosa está clara: Para ser primer ministro en Israel y aprender de Netanyahu en su primera lección, uno debe estar obsesionado con el cargo. No es suficiente decir que quieres hacerlo. Pero en el caso de Gantz, no solo no hay obsesión, no está del todo seguro de querer hacerlo. El campo del centro izquierda lo vio como una alternativa de gobierno, un candidato a primer ministro patrocinado por “Just Not Bibi” (Solamente no Bibi). Netanyahu vino y le cortó el boleto más importante que traía.

¿Quién logró mucho? Gaby Ashkenazi. Ingresó a este evento como un jugador individual y terminó, después de menos de un año, como un ministro principal (puede ser nombrado Ministro de Defensa) y que incluso pueda llegar a ser primer ministro en la próxima campaña electoral. El zig-zag de Gantz no se le pegó a Ashkenazi, aunque fue uno de los principales partidarios de la unión con Netanyahu. Aparentemente, si la carrera política de Gantz termina bajo Netanyahu, Ashkenazi vendrá fresco para la próxima ronda. Gantz pagará el precio solo.

En un solo movimiento, Gantz no solo se separó de su partido, que era la base de la fuerza central contra Netanyahu, sino que también desmanteló su bloque y se asoció con uno que podía llegar a ser su aliado político, Avidor Lieberman. Ahora está totalmente a merced de Netanyahu y debe rezar para que el líder del Likud no planifique nuevas elecciones.

¿Por cuánto tiempo Netanyahu aceptará administrar el tema así, cuando la derecha se separó del arma principal que tenía en su agenda y por las cuales deseaba el gobierno (Justicia y Seguridad)? ¿Y cuánto tiempo aceptará Netanyahu estar a merced de Micky Jaimovich y Eitan Ginsburg, cuando posee encuestas que la derecha ya supera los 61 diputados? En otras palabras, las encuestas porque Gantz desmanteló Azul y Blanco pueden ser las encuestas por las cuales Netanyahu puede llegar a planificar elecciones pronto.

En un intento por endulzar la píldora, Gantz les dijo a sus hombres ayer que había elegido el mal menor. Sin el cual Netanyahu habría llevado a la destrucción de la democracia. La realidad actual es diferente. Netanyahu no ha contado con una mayoría en la Knesset durante un año, por lo que no implementaba iniciativas legislativas controvertidas contra la democracia.

El drama de ayer agudizó nuevamente cuán diferentes son Gantz y Netanyahu. Netanyahu ha mantenido estrictamente el bloque de derecha, no se ha desviado de las promesas hechas hacia su base y, sobre todo, actuó limpio y, a veces, incluso sucio para darle a sus votantes el gobierno.

Gantz, por otro lado, se las arregló para pelear con su partido, desconectarse del bloque que recomendó y le proporcionó una mayoría en la Knesset, e incumplió sus dos grandes promesas electorales en solamente un mes. También cooperó con el partido árabe conjunto y también se sentó bajo Netanyahu. Y esa es quizás la principal diferencia.

Si el acuerdo se firma esta semana, el gobierno de Netanyahu-Gantz enfrentará no solo pruebas diarias relacionadas con la campaña de Gantz en temas de Shabat, religión y estado, los derechos LGBT, etc…. Sino también cuando Netanyahu tenga que lidiar con su juicio penal mientras administra el país. Gantz tendrá que ser muy creativo para explicarse ante su audiencia, o al menos lo que quedaría de ella.

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