Éxodo: Estados Unidos abandona a A-Sissi y provoca serias consecuencias para Israel – Por Caroline Glick (Maariv 8/4/16)

Para derrotar a ISIS, el presidente egipcio trata a Israel como a un aliado. Pero en lugar de apoyar la lucha contra la Yihad islámica, el gobierno de Estados Unidos está allanando el camino para  abandonarle.

Mientras que la guerra en Siria continúa acaparando los titulares, otra guerra se está librando en el sur de nuestra frontera y esta va escalando día a día, más aún, recientemente comenzó a amenazar directamente a Israel. La semana pasada, la organización ISIS del Sinaí subio a la red un video en donde informaba que pronto atacaría a Eilat, coincidiendo con el aumento de las amenazas contra la fuerza multinacional ubicada en la península.

El comando de la fuerza estadounidense ya ha anunciado su intención de desalojar la base en El-Arish y mover el centro de gravedad de esa base cerca del Canal de Suez. Esta semana se informó que la fuerza de Canadá también estaba sopesando la retirada de sus fuerzas por completo desde el Sinaí o transferirlas a Suez.

Uno lo puede entender. Las fuerzas multinacionales en los Altos del Golán fueron evacuadas el pasado año y medio después que Javat Al-Nusra, hija de la organización Al-Qaeda, secuestró y puso como rehenes a soldados de Filipinas y Fiji. ¿Por qué los estadounidenses y canadienses no iban de temen un escenario similar? Por otra parte, no están allí para luchar contra ISIS.

La fuerza estacionada en el Sinaí está allí para mantener la paz entre el ejército egipcio y Tzahal. Ahora, con el apoyo de Israel, el ejército egipcio libra una guerra contra un enemigo común en el Sinaí: ISIS. En una situación así, la fuerza multinacional bajo mando estadounidense no solo no puede ayudar sino que hasta puede molestar (interrumpir) las operaciones. Los egipcios tienen que preocuparse por estas fuerzas y eso provoca que disipen recursos en vez de dirigirlas mejor a la ofensiva contra ISIS.

Aunque los estadounidenses reconocen que ISIS lleva a cabo una guerra a muerte contra Egipto en el Sinaí… aunque los estadounidenses entienden que la organización es también su enemigo… a pesar que la guerra del presidente Abed El-Fataj A-Siss contra ISIS y Hamás muestra por primera vez que el tratado de paz entre Israel y Egipto ayuda a desarrollar relaciones de vecindad reales… a pesar de todo esto, los EE.UU. no apoyan a A-Sissi. El gobierno de Obama no sólo no le dio la asistencia necesaria para erradicar la presencia ISIS en el Sinaí, sino que desde la administración sugieren que el Presidente sopesa abandonar a su par de Egipto.

Hace dos semanas al New York Times, el diario “hogar” del actual gobierno, publicó un artículo editorial en donde piden que Obama abandone a Egipto como su aliado. Según ellos, el régimen de A-Sissi viola los derechos humanos de los miembros de los Hermanos Musulmanes y activistas de los derechos humanos, y por lo tanto Obama “debe reconsiderar la alianza que durante mucho tiempo la consideramos como uno de los pilares de la política de seguridad de Estados Unidos”.

El periódico basó su artículo en una carta abierta al Presidente enviada por el “grupo de trabajo de sobre Egipto”, en donde le instaban a condicionar la continuación de la ayuda militar y económica a Egipto en una mejora de la situación de derechos humanos en el país. Se trata de un grupo de “expertos” de ambas partes, dirigidos por Robert Kagan, un investigador principal neo-conservador de la Institución Brookings, y Michele Dunne, un ex diplomático de alto rango quien se desempeña como investigador en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

***

En enero de 2011, el grupo envió una carta similar a Obama, en donde llamaban a forzar al entonces presidente de Egipto, Hosni Mubarak, a renunciar. Mientras tanto, el grupo le dio a Obama una cubierta Republicana para hacer un cambio dándole una fuerte patada a un aliado más fiable para los EE.UU. en el mundo musulmán. Entonces, como ahora, el grupo afirmó que los EE.UU. no pueden estar al lado de Mubarak… cuando éste es el responsable de violaciónes de los derechos humanos.

Con la publicación de aquella carta, los israelíes de todo el espectro político se situaron a la derecha de Mubarak e instaron a los estadounidenses a que no lo abandonasen. Si el presidente se va, advirtieron los israelíes, los Hermanos Musulmanes iban a pasar a controlar Egipto y la transformarían en un Estado plataforma para la Yihad. Aquel raro consenso israelí, sin embargo, no afectó a Washington. En comparación con el consenso de los israelíes había otro estadounidense insistiendo en que un orden liberal-democrático iba a emerger de las ruinas del régimen de Mubarak.

Los estadounidenses le explicaban a los israelíes que los Hermanos Musulmanes eran un grupo moderado, a pesar que de ellos había nacido la Yihad Islámica egipcia (cuyos miembros asesinaron a Anwar Sadat), Hamás, Al-Qaeda y prácticamente todo grupo sunita yihadista en el mundo. Los estadounidenses atacaron las advertencias israelíes que decían que la revolución de Facebook en la Plaza Tahrir no es más que una cubierta delgada que oculta detrás a los islamistas y los valores democráticos liberales no tienen nada que hacer allí.

Durante los cinco años siguientes, todas las advertencias israelíes se materializaron. Inmediatamente después de la caída de Mubarak, la Hermandad Musulmana y sus compañeros lanzaron a esa gente de Facebook por las escaleras. Dos millones de egipcios se reunieron en la plaza Tahrir dos semanas después de la renuncia de Mubarak y vitorearon al Jeque Yusuf Al-Qardawi cuando este pedía una Yihad para conquistar Jerusalén y cuando decía que no estaban interesados ​​en la democracia. Muy pronto se dieron cuenta de eso también las mujeres de Egipto y los cristianos coptos ya que el derrocamiento de Mubarak había allanado el camino para la victoria de los Hermanos Musulmanes en las elecciones de 2012, no ampliando sus los derechos civiles de la población. Los islamistas amenazaban la existencia misma de cada uno de esos derechos.

Y sobre los estadounidenses… inmediatamente después de la toma del cargo de Mohamed Morsi, el nuevo régimen comenzó a exigir la liberación del jeque Omar Abed al-Rahman, el líder religioso que ordenó la explosión de las torres gemelas en 1993 (en prisión norteamericana). Morsi también estaba junto a sus hombres, mientras llevaban a cabo una revuelta frente a la embajada de Estados Unidos en El Cairo el 11 de septiembre de 2012.

Gracias al hecho que Morsi fue elegido en elecciones democráticas, los estadounidenses siguieron apoyandole. Aceptaron enviarle nuevos aviones F-16 a pesar de haber recibido al presidente iraní en El Cairo, le permitió a buques de guerra iraníes cruzar el Canal de Suez e ideó una alianza estratégica con Hamás. Los estadounidenses le siguieron apoyando incluso cuando permitió que armas modernas fluyesen desde Libia hasta Egipto y Siria, así como también cuando se apropió de poderes dictatoriales que Mubarak no podría ni soñar con ellos.

Al mismo tiempo que anulaba los derechos civiles, Morsi destruía la economía del país. Cuando A-Sissi y el ejército lo derrocaron en el verano de 2013, el fondo nacional de Egipto tenía sólo 5 mil millones de dólares, una cuarta parte de la población sufría de inanición. Si los Hermanos Musulmanes permanecían en el poder, no sólo que Egipto iba a pisotear la democracia, se estaba convirtiendo en un estado yihadista peligroso al igual que Irán, con la perspectiva económica como la de Corea del Norte.

En otras palabras, según habían argumentado todos los portavoces israelíes, no había ninguna posibilidad que Egipto después de Mubarak se convierta en un estado democrático. Sólo había dos opciones: una dictadura pro-occidental que conservase la paz con Israel, o un estado yihadista coordinado con Irán, lo que planteaba una amenaza existencial para Israel, Jordania y la economía mundial.

Estas también las opciones hoy, sólo que los peligros son más grandes ahora. Como resultado del año en el que los Hermanos Musulmanes detentaron el poder, los yihadistas del Sinaí fueron capaces de unir una fuerzas poderosa bajo la bandera de ISIS, y la guerra que libran contra el régimen egipcio es total.

A favor de A-Sissi puede decirse que entiende la naturaleza de la amenaza y que toma medidas sin precedentes para destruir a ISIS. Entiende que con el fin de derrotar a la organización se requiere una reforma en el Islam y, por lo tanto, una campaña militar paralela, él alista en su cruzada a los líderes religiosos de la Universidad de Al-Azhar para establecer una nueva teología islámica que rechace la yihad. A-Sissi está apostando por todo, porque entiende que si gana ISIS, Egipto estará terminada.

Para ganar esta guerra A-Sissi trata a Israel como a un aliado y aboga abiertamente contra Hamás, al que calificó como una organización terrorista. A diferencia de Mubarak, A-Sissi no duda en actuar contra Hamás, a pesar que la mayoría de las víctimas de sus acciones son los judíos. Pero los estadounidenses no están interesados en todo esto. En vez de apoyarle y a su lucha contra la Yihad Islámica, el gobierno de Obama allana el camino para abandonarle. Es difícil digerir la insistencia estadounidense por esta política irracional, pero no hay escapatoria. En la presente situación, Israel debe hacer todo lo posible para apoyar a A-Sissi.

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