España y la lucha contra el Estado Islámico – Por Ricardo Ruiz de la Serna

Estados Unidos ha aprovechado la cumbre de la OTAN en Newport (Gales) para organizar una coalición de países que liderarán la lucha contra el Estado Islámico: Reino Unido, Francia, Alemania, Turquía, Italia, Polonia, Canadá, Dinamarca y Australia. En principio, las operaciones contra el Estados Islámico se desarrollarían en Irak pero la realidad sobre el terreno exige combatir contra los yihadistas también en Siria, algo que los aliados quieren evitar y que, por lo pronto, viene haciendo el ejército de Asad y sus aliados: Irán y Hizbolá.

España no participó en la reunión fundacional convocada por el Secretario de Estado John Kerry y el de defensa Chuck Hagel, a la que sí fueron invitados los países que han terminado integrados en el núcleo duro de esa alianza contra el Estado Islámico. El Presidente Mariano Rajoy ha tratado de explicar que España expuso su posición en la cena de recepción –a la que asistió el Presidente Obama- y que hay un acuerdo en la gravedad de la amenaza.

Sin embargo, esta ausencia de España no deja de ser inquietante. Países como Australia o Polonia, cuyas fronteras no lindan con el Mediterráneo oriental ni el norte de África, se han sumado a los esfuerzos para combatir contra un movimiento que ha puesto en jaque al Gobierno iraquí y puede convertirse en un modelo para los grupos terroristas yihadistas de todo el mundo.

Es cierto que España participa en varias misiones internacionales y algunas de ellas se centran en la lucha contra el yihadismo y su avance, por ejemplo, en el Sahel. También hay algunos motivos para ser prudentes con la ayuda a los peshmergas. El Estado Islámico pone en peligro el proyecto de un Irak en el que chiíes, sunníes, kurdos, cristianos, yazidíes y otras comunidades puedan convivir. Si la ayuda a los kurdos no se despliega en el marco de un proyecto político, hay el riesgo de crear un nuevo conflicto propiciando un Kurdistán independiente –no autónomo como es ahora- que desequilibrase aún más la situación en el país. Si el resultado de la derrota del Estado Islámico es un Kurdistán independiente en lugar de un Irak unido y democrático, quedaría sentado el precedente para la definitiva desmembración del país.

Por otro lado, la inversión en seguridad y defensa –especialmente en los ejércitos y la Armada- es impopular. El desconocimiento y la ideología han contribuido para que el presupuesto que se viene dedicando a la defensa nacional haya ido reduciéndose año tras año. Por supuesto, la crisis ha tenido una incidencia determinante pero sería impreciso sostener que ha sido la única causa. La reciente encuesta que se ha publicado en España sobre las personas que estarían dispuestas a participar en la defensa del país muestra otra cara del mismo problema: la ausencia de una “cultura de la defensa” en España. El fantasma de la guerra de Irak aún camina por los pasillos de La Moncloa e inspira el miedo de nuevas movilizaciones y protestas si España participa en una operación contra el Estado Islámico.

Sin embargo, el Estado Islámico plantea un desafío a Occidente que nuestro país no puede soslayar ni afrontar desde un segundo plano. Uno de los ejes tradicionales de la política exterior española es el Mediterráneo y su extensión hacia el Oriente Medio. El interés nacional de España es inseparable de lo que suceda en una región en la que el yihadismo viene avanzando.

Por supuesto, es necesario un plan para Irak que lo haga viable, no que lo desmembre aprovechando la agresión de un grupo terrorista. El Estado Islámico no es la única organización yihadista que opera y controla territorios en la región –ahí están Hamás y Hizbolá, por ejemplo- ni la única que ha participado en esta guerra cada vez menos fría y más caliente que sunníes y chiíes están librando por el control del Oriente Medio y el liderazgo del mundo islámico.

Ahora bien, nuestro país no puede volver la espalda a los desafíos que hoy se le presentan. En Irak, el exterminio de los cristianos y los yazidíes ha revelado el horror de un régimen teocrático que ha conmocionado al mundo. No necesito recordar aquí las decapitaciones cuyos vídeos han circulado por todo el planeta. Si la amenaza del Estado Islámico no se conjura ahora, tarde o temprano habrá que enfrentarse a ella y será más difícil y más doloroso. En esa tarea, España debe ocupar el lugar que le corresponde.

 

Publicado en http://www.elimparcial.es/noticia/141851/opinion/Espana-y-la-lucha-contra-el-Estado-Islamico.html

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