English Cake – Por Ben Dror Yemini (Yediot Ajaronot)

Lejos de los ojos de la mayoría de los israelíes, se desarrolla; durante los últimos días; una discusión transnacional alrededor de la definición de trabajo sobre antisemitismo (IHRA). De acuerdo a la definición, la negación del derecho del pueblo judío a una autodeterminación es considerada como antisemitismo. Se trata de una definición importante y exacta, y la iniciativa para redactarla no provino de un grupo de personas de derecha sino justamente de la Comisión de la Unión Europea ya en el año 2005, compuesta por judíos y por los judíos. Durante los últimos años esta definición fue adoptada por el Parlamento Europeo, por muchos países de Europa, incluyendo musulmanes, e incluso por el partido laborista británico. Jeremy Corbyn, que lideraba por entonces aquella fuerza, se opuso. También la mayoría de clubes de fútbol de la Primer League en Inglaterra adoptaron la definición. Al principio del mes, debemos prestar atención, declaró una líder de la administración Biden, Kara MacDonald, que el nuevo gobierno apoya la definición. Pero a la vista del éxito sorprendente en la adopción de la definición, comenzó una lucha opositora, y en la punta de lanza se encuentran justamente organizaciones judías.

La ley oral

La principal lucha que se desarrolla durante estos días en Gran Bretaña y la vemos cuando el ministro de educación Wayne Williamson publicó en octubre del 2020 una carta en donde llama a las universidades en el país a adoptar la definición antisemitismo e incluso las amenazó con recortar subvenciones si no lo hacían. La semana pasada Williamson publicó una nueva carta en donde renueva la exigencia y señala que 31 instituciones académicas ya han adoptado la definición, entre ellas también Oxford y Cambridge. Las dos prestigiosas universidades se unieron a la mayoría de instituciones del “Grupo Russell”, 24 universidades de elite en gran Bretaña, que ya han adoptado la definición. La oposición, como la que vivimos en el diario Guardián, no tardaron en llegar. Hay quienes argumentan también que la amenaza de Williamson de cesar las funciones es una presión no legítima. Siendo así, el centro Kantor de la universidad de Tel Aviv, que hace un seguimiento sobre el antisemitismo en el mundo, encontró que más de 20 instituciones académicas adoptaron la definición incluso antes de las cartas del ministro. Entre los opositores también se encontraban organizaciones israelíes anti sionistas como la de Ilan Pappe, que enseña en Gran Bretaña. Ellos publicaron una carta en contra de Williamson y argumentaron allí, entre otras cosas, que se trata de una violación al derecho a la autodeterminación de los palestinos. Es mentira. No hay ninguna relación con tal violación. Se trata de un argumento cínico cuando viene de quienes apoyan al BDS, una organización que niega el derecho a la autodeterminación de los judíos. Ellos también argumentan que la comparación entre Israel y el nazismo, que está prohibida de acuerdo a la definición del trabajo de antisemitismo, puede ser encontrada ampliamente en Israel y dicen esto basándose; es bueno que prestemos atención; en el discurso en donde dijo que “identificaba procesos” del exgeneral Yair Golán (hoy diputado de Meretz). Nos quedaba claro que los daños por el discurso de la nazi fijación que hizo Golán traería olas y los golpes llegaron.

Luchas callejeras

También en los Estados Unidos se desarrollan durante estos días una lucha parecida. El Consejo de presidentes de las organizaciones judías en Estados Unidos se dirigió a Joe Biden el 12 de enero con un pedido para que adopte la definición. Exactamente el mismo día, una coalición de organizaciones progresistas como Israel New Fund, J-Street y APN que son los norteamericanos a favor de Paz Ahora, enviaron un pedido exactamente contrario al presidente, en contra de transformar tal definición en una ley. ¿Qué demonios exactamente es lo que le sucede a estas personas?, le pregunté a Nadav Tamir, un ex diplomático que es el director general de J-Street Israel. “La posición de la organización no es estar en contra de la definición antisemitismo; me respondió Tamir; si no que estamos en contra de la transformación de la definición en una ley. Creemos que es una intervención peligrosa de evitar la libertad de expresión de fuentes críticas en contra de Israel y en contra el sionismo, y es un intento de prevenir su derecho a la libertad de expresión y esto dañará la guerra contra el antisemitismo. Debemos señalar que también los que compusieron la definición se oponían a la transformación en una ley y ha hecho bien la administración Biden al apoyar la definición como un elemento educativo sin transformarla en una ley”.

Efectivamente… este tipo de respuestas es lo mismo que escribir la simple palabra Noé con siete errores de ortografía. Primero, el gobierno de Biden no ha decidido sobre si transformar la definición en algo que compromete legalmente o que no compromete. La administración apoya la definición. Punto. Segundo, el tema de la transformación de la definición en una ley es algo poco importante. Tratar sobre este tema es no prestarle atención al problema principal: La oposición a la definición en sí. Tercero, en la declaración de J-Street se incluye una defensa también de aquellos que niegan la existencia misma legítima del Estado de Israel. Hablamos de organizaciones que rechazan casi sin excepción el derecho a la autodefinición de un solo país entre todos los países del mundo. Si eso no es antisemitismo entonces no queda claro que si lo es. Cuarto, el argumento relacionado con la violación a la libertad de expresión es surrealista. Si el problema fuese realmente la libertad de expresión estas organizaciones podrían comenzar a hablar sobre el BDS, cuyos gamberros se dedican a censurar y cerrar la boca de todos los portavoces pro-Israel, pero lo que les preocupa a los de J-Street es defender la libertad de expresión de aquellos que censuran a otros. Son un poco cínicos ¿ya lo hemos dicho? Otra organización que firma tal declaración es la APN, que publicó una declaración suplementaria, en donde expresa su decepción de la existencia de una muestra de apoyo por parte del gobierno Biden a la definición de IHRA.

Abrieron una nueva mesa…

Israel no es gran Bretaña. Nosotros podemos solamente imaginarnos que desmadre se crearía en Israel si el Ministro de Educación enviase cartas parecidas como la publicada por el ministro británico. La Asamblea General de la ONU invitaría a los representantes académicos de Israel a hablar, el Consejo de derechos humanos de la ONU se reuniría para aprobar unas cuantas resoluciones suplementarias en contra Israel, y podemos suponer que también Unesco sería citada para llevar a cabo una sesión de emergencia. Las palabras “fascismo” y “fin de la democracia” aparecerían constantemente en los medios de comunicación a un ritmo de cinco veces por día. Pero esperemos un poco que esto ya sucederá ya que este tema se le ha presentado al Ministro de Educación de Israel,  Yoav Galant. El Dr. Yaakov Bergman de la universidad hebrea de Jerusalén se dirigió esta semana al ministro de educación para que ordene a la autoridad de educación superior que adopte la definición de trabajo de antisemitismo. Incluso antes que eso, el profesor Asher Yaalom de la Universidad Ariel promovió un llamado de académicos a favor de la adopción de la definición. Galant solicitó esperar unos días antes de responder a la solicitud. ¿Es que acaso él se va a comportar cómo su colega británico? ¿Es que acaso hay una posibilidad que las universidades en Israel se comporten como Oxford y Cambridge? Veremos.

Una definición de muchos pero no hay consuelo

Tenemos otro tema preocupante e importante. No queda claro que la definición de antisemitismo logre disminuir el antisemitismo. Por ahora, a pesar que la definición de antisemitismo fue adoptada por países y por distintas organizaciones, en relación a la forma de hablar públicamente en la academias se han publicado artículos mayoritariamente en contra que a favor. Una parte importante de la oposición surge del deseo de mantener mensajes antiisraelíes y anti sionistas que se han transformado en un buen tono en las universidades y más grave aún, países que han adoptado la definición continúan financiando instituciones y organizaciones que se dedican a la demonización o que se oponen a la existencia misma de Israel. Ninguna institución académica que adoptó la definición puede evitar que miembros de las universidades que odian a Israel continúen difundiendo propaganda mentirosa. Las victorias prácticas de la definición han sido hasta el momento escuetas y hasta nula. Frente a estas, la profesora Miriam Altman ha señalado más de 100 incidentes entre los años 2011 al 2019 a lo largo de eventos proisraelíes. Esto además de actos que se cancelaron debido al temor de violencia en las universidades por agentes anti sionistas.

Es necesario confesar: las fuerzas anti sionistas, cuyos miembros son antisemitas a conciencia o inconscientes, judíos y no judíos, son mucho más fuertes. La lucha de Williamson es una muestra notable de contundencia aunque parece que es mucho más difícil tratar con las raíces del problema y eso es la propaganda anti israelí y antisionista destructiva en las universidades, en los medios de comunicación y entre las organizaciones defensoras de derechos. Se trata de un trabajo duro y hasta que la definición antisemitismo no pase de una etapa declarativa a una práctica, por lo menos dentro de aquellas organizaciones que la apoyan, no se producirá ningún cambio.

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