El “ultimátum” a Alemania fue una decisión valiente de Netanyahu: Desde ahora los países occidentales estarán obligados a nuevas normas – Por Caroline Glick (Maariv 28/4/2017)

Con la cancelación de la reunión prevista con el Ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, el primer ministro rompió con lo que se daba y lanzó su nueva estrategia para prevenir la subversión de los gobiernos europeos.

La decisión del primer ministro Biniyamin Netanyahu de cancelar su reunión prevista con el canciller alemán Zigmar Gabriel es un punto de inflexión en las relaciones diplomáticas de Israel con el mundo occidental. De hecho, esta semana Netanyahu adoptó una nueva estrategia para la gestión de las relaciones internacionales de Israel. La nueva estrategia es clara: a partir de ahora Israel va a obligar a los gobiernos occidentales a tratar con ella de acuerdo con las normas diplomáticas aceptadas. Es decir, Israel exige el mismo trato que los gobiernos occidentales se dan entre sí. Si ellos no actúan de acuerdo con las reglas del juego, el gobierno israelí les cobrará un precio en el campo diplomático.

Desde el embargo petrolero árabe después de la Guerra del Yom Kipur, los países occidentales encabezados por Europa Occidental, comenzaron a referirse a Israel de manera discriminatoria, exigiéndole que cumpla normas sin parangón. Durante años la discriminación ha aumentado y escalado y en los últimos meses ha alcanzado un nivel intolerable. Hasta la década de 2000 esta forma de proceder se sintió principalmente en términos de la conducta de Israel en el ámbito internacional.

Regularmente, cada acción israelí contra el terrorismo y ante toda agresión enemiga conlleva una condena en la arena internacional – en la ONU, la UE o en las relaciones bilaterales con países como Bélgica o Sudáfrica. Sin embargo, desde que la OLP abandono el proceso de paz con Israel en Camp David en julio de 2000, la política hostil de los gobiernos europeos comenzó a reflejarse en el ámbito nacional de Israel. A través de las ONG financiadas por ellos, los gobiernos europeos comenzaron a perjudicar la capacidad del gobierno para gobernar al país.

Hoy, el mundo occidental está en crisis. Fuentes políticas en muchos países están trabajando constantemente para evitar que los gobiernos extranjeros actúen para subvertir. Cualquier intento por parte de Donald Trump de mantener relaciones productivas con Rusia, por ejemplo, se interpreta como una prueba que fue Vladimir Putin quien ayudó a su elección. Además, la falta de voluntad de los gobiernos de Europa occidental para permitir que ministros turcos celebren reuniones políticas en sus países instando a la modificación de la Constitución, es una muestra de la negativa europea a permitir que entidades extranjeras influyan en sus ámbitos nacional.

Pero cuando se trata de Israel, esta regla de comportamiento aceptada entre los estados se arroja a la basura. Los países europeos se refieren a Israel como una entidad política cuyo derecho a existir es cuestionable sin temor a represalias israelíes. ¿Por qué? Porque Israel ha desarrollado a lo largo de los años una gran dependencia económica en Europa, siendo que todo intento por su parte de verse liberada de su posición de inferioridad provocaba amenazas veladas de sanciones económicas.

Y hay otra razón: Antisemitismo. De acuerdo con las encuestas de opinión realizadas en 2014-2015 por la Fundación Bertelsmann y el Fondo Frederic Ebert, entre un cuarto a un tercio de los alemanes creen que Israel comete crímenes contra los palestinos que son igualmente graves como los cometidos por los nazis durante el Holocausto. La gran mayoría de los ciudadanos alemanes creen que Israel es moralmente errónea. La situación en Alemania es indicativo de toda Europa, precisamente por el pasado nazi del país. Y es que… los alemanes no tienden a expresar sus opiniones abiertamente anti-judías y anti-Israelíes.

Estos datos indican que la política anti-israelí de Alemania es el resultado de su visión del mundo que es antisemita, que ve en el estado judío y sus ciudadanos como una entidad nazi, que por el mero hecho de que así sean se justifica el Holocausto y elimina la necesidad de tratar con el legado de lo que hicieron. Y es por que la organización Shovrim Shtika – Rompiendo el Silencio es importante para los alemanes, ya que justifica su antisemitismo. Incluso organizaciones como B’Tselem, Paz Ahora y otros, aportan al odio vía su constante predicación que estipula que Israel viola el derecho internacional.

Entre la negación y la reconciliación

Siendo así, hasta esta semana Israel había negado o ignorado la política de los países europeos, mientras intentaba repetidamente apaciguar a sus líderes. De vez en cuando, entre sus intentos de negarlos y de reconciliarse, el Israel oficial se quejaba de un trato discriminatorio e hipócrita, pero las protestas eran silenciadas con bastante rapidez. En 2013, a raíz de la presión constante de las ONG financiadas por los gobiernos europeos, el Gobierno aprobó el esquema Prawer-Beguin, que blanqueaba los asentamientos beduinos construidos en tierras robadas del estado. Otro renunciamiento ocurrió cuando Ehud Olmert, el ministro de Industria y Comercio de entonces, aceptó señalar el código postal de los bienes exportados por las empresas israelíes para permitir que los europeos diferencien entre los productos israelíes ubicado antes de las líneas de 1949 a los que están fuera de ellas.

En los últimos años, Israel ha estado tratando de reducir su dependencia económica en Europa impulsando un aumento masivo en el comercio con los países asiáticos, incluyendo China e India. Al mismo tiempo, la propia UE está viviendo una crisis existencial, y por lo tanto está debilitada. Ambos cambios amplían el margen de maniobra de Israel frente a Europa, lo cual es bueno, porque en los últimos meses, el comportamiento Europeo se intensificó.

Si hasta hace poco los representantes occidentales llevaban a cabo sus reuniones con ONG anti-Israelíes en silencio, ahora estos encuentros se tratan de forma equivalente a las reuniones con el primer ministro. Cuando el primer ministro belga, Charles Michel, visitó el país en febrero, por ejemplo, se negó a la petición de Netanyahu de cancelar la reunión prevista con Rompiendo el Silencio.

El mes pasado llegó a Israel el ministro de Asuntos Exteriores británico, Boris Johnson, y antes de su reunión con Netanyahu realizó un paseo publicitado por Nabi Samuel junto a los miembros de Paz Ahora. Cuando se le preguntó por qué se negaba a reunirse con los jefes de los asentamientos en Judea y Samaria, Johnson se rio y dijo que confiaba en que Netanyahu le explicarías los argumentos de la otra parte. Pero la mayor parte de la reunión con el primer ministro se la dedicó a hacer un prolongado ataque contra los asentamientos israelíes en Cisjordania, mientras se negaba casi a discutir cualquier otro tema.

Y en el caso del ministro de Asuntos Exteriores alemán, una asociación que pinta a Israel con colores nazis es vista como más importante y legítima que el gobierno de Israel. La decisión de cancelar la reunión prevista con él, mientras se desarrollan condiciones económicas y políticas nuevas y mejores que en el pasado, Netanyahu abrió una opción para frustrar el status quo.

Como dejó claro, si los líderes extranjeros quieren conocer a los representantes de estas organizaciones, son libres de hacerlo. Pero esto significa que no están llevando a cabo una visita oficial, sino una visita turística. Una visita oficial es para reunirse con funcionarios israelíes. Pero como vimos en la arrogante respuesta de Gabriel al cancelar la reunión, no es suficiente con lo que hizo Netanyahu. Existen otras herramientas diplomáticas necesarias para frustrar la política subversiva de Europa.

Por ejemplo, cuando las ONG financiadas por gobiernos extranjeros solicita al Tribunal Supremo intervenir o emiten demandas en los tribunales contra el gobierno israelí, los gobiernos extranjeros deben ser obligadas a aparecer como una parte de la demanda. Cuando eso suceda, Israel podrá requerir revelar documentos pertinentes de acuerdo a los procedimientos legales habituales. Si los gobiernos extranjeros quieren ser un actor en el ámbito interno de Israel, deben ser tratados como un jugador local en lugar de uno político internacional.

Además, el gobierno debe prohibir la concesión de inmunidad diplomática en cualquier caso relacionado con el flujo de fondos extranjeros a las organizaciones políticas en Israel. Para este fin, cada organización registrada en Israel que recibe financiación extranjera debe revelar a las autoridades fiscales los documentos internos con los gobiernos extranjeros sobre este tema y sus correspondencias con las agencias gubernamentales relacionadas con estas donaciones. Si se niegan a hacerlo, el gobierno debe imponerles impuestos sobre estas contribuciones de un 100%.

La regla debe ser clara: cualquier actividad tomada por un gobierno extranjero recibe inmunidad diplomática. Toda acción que penetra en la arena interna israelí debe recibir el trato de un ente interno. El primer ministro hizo bien cuando puso límites claros en la continuación de las relaciones de Israel con Occidente. Ahora tienen que adoptar más medidas y confeccionar el contenido para permitir que tenga éxito la nueva estrategia.

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