El retiro de Estados Unidos del acuerdo nuclear con Irán: Lecciones a un posible simulacro – Por Sima Shine

En los próximos días, el presidente Trump debe decidir si continúa la suspensión de las sanciones contra Irán o si las restablece. La restauración de las sanciones equivaldría a una retirada del acuerdo nuclear alcanzado en el 2015 entre Irán y las potencias mundiales. Ante la decisión del presidente, el IESN realizó un simulacro junto a extensas deliberaciones sobre el tema. Los investigadores del IESN, siendo estos expertos líderes en este campo, recomiendan firmemente que Estados Unidos no se retire del acuerdo nuclear en esta coyuntura crítica. Este artículo, basado en un simulacro realizado por el IESN y la Corporación RAND, examina las dinámicas que probablemente surjan en caso de que los Estados Unidos se retiren del acuerdo. El simulacro destacó que Estados Unidos es el único que está dispuesto a reabrir el acuerdo. Rusia, China y los aliados europeos de Estados Unidos se oponen a esta medida, que pudiera alterar la estabilidad en el Medio Oriente. Estados Unidos permanecerá aislado y su insistencia en la reapertura del acuerdo muy probablemente anulara dicho acuerdo y alentara a Irán a avanzar en su programa nuclear, sin impedimentos por parte del acuerdo.

En los próximos días, el Presidente Donald Trump debe decidir si autoriza la continuación de la suspensión de las sanciones a Irán que fueron levantadas luego del logro en el acuerdo PIDAC. Esta medida es requerida por la ley aprobada por el Congreso en el 2015, como parte del intento de los opositores al acuerdo de obligar al presidente y a la administración a abordar el tema del cumplimiento de Irán al acuerdo y su contribución a la seguridad nacional de los Estados Unidos. El no lograr una prórroga en la suspensión significa la restauración automática de las sanciones estadounidenses contra Irán, lo que contraviene los compromisos estipulados en el acuerdo y por lo tanto constituye una violación del trato y en términos prácticos una retirada estadounidense del mismo.

Este escenario fue examinado en un simulacro que tuvo lugar recientemente en el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (IESN), en colaboración con la Corporación RAND. El objetivo fue considerar la conducta de Irán y las respuestas de las otras entidades relevantes si es que los Estados Unidos se retiraban del acuerdo y las consecuencias de tal desarrollo para Israel. La principal ventaja de un simulacro sobre las discusiones convencionales a fin de generar un sin fin de ideas y analizar políticas junto a posibles situaciones es la interacción entre diferentes grupos a medida que intentan simular las consideraciones y políticas de los países que estos representan. Por supuesto, el resultado no refleja necesariamente el escenario más probable en la realidad, pero sí resalta las ideas y las opciones que los expertos pueden haber dejado pasar por alto y por ende las respuestas al posible escenario junto a las políticas emergentes bien pudieran ser realizadas.

Los Estados Unidos, cuyas acciones dentro del simulacro (al igual que en la realidad) impulsaron los acontecimientos, establecidos como sus mejoras estratégicas objetivas al acuerdo nuclear junto a una más fuerte fraseología que sería más vinculante respecto a las cláusulas de suspensión, el cese de la investigación y el desarrollo por parte de Irán sobre las centrífugas avanzadas, mayor supervisión, incluyendo las instalaciones militares y límites al programa de misiles iraníes. Sin embargo, aparte de establecer estos objetivos, Estados Unidos no presentó ningún plan para alcanzarlos y rápidamente quedó claro que la administración estadounidense quería que los otros actores internacionales: los socios europeos del acuerdo (Francia, Gran Bretaña, Alemania) y Rusia, ejercieran presión sobre Irán como forma de obligarle a cumplir con las demandas de la administración. (Esta dinámica es una reminiscencia a la conducta estadounidense durante la crisis de Corea del Norte).

Los socios europeos al acuerdo estaban preparados para asumir el papel de mediadores, pero en su postura de apertura aceptaron el argumento iraní de que no es posible renegociar el acuerdo. Por lo tanto, su principal interés era preservar el acuerdo PIDAC y evitar perjudicar las relaciones económicas que ellos han comenzado a desarrollar con Irán. Sin embargo, los europeos, que entienden la necesidad de abordar el programa de misiles iraníes y restringir la política de Irán en el Medio Oriente, intentaron crear en la simulación una especie de “acuerdo”, es decir, preservar el acuerdo a cambio de algunas concesiones por parte de Irán respecto a su programa de misiles y de política regional; incluso estaban preparados si fuese necesario, para ejercer presión económica sobre Irán. Esta postura europea no era aceptable para los Estados Unidos y los fuertes desacuerdos entre las partes fueron puestos en relieve en el simulacro.

Rusia se posicionó inteligentemente como el único mediador con una opción realista dentro del simulacro, siendo este tal cómo la percibió la administración estadounidense, para consternación de los representantes iraníes. Rusia exigió que el acuerdo se extendiera por otros 10 años, pero también tenía demandas respecto al programa de misiles y las limitaciones a la presencia iraní en Siria. Sin embargo, tal como suele ser el caso con Moscú, exigió un intercambio de favores con Occidente, levantar las sanciones impuestas a Rusia en respuesta a su política en Ucrania. Las buenas relaciones de Israel con Rusia y los Estados Unidos le permitieron transmitir el mensaje ruso a los estadounidenses, una medida que refleja el interés de Israel de evitar la terminación del acuerdo en esta etapa. Sin embargo, el intento de mediación ruso fracasó.

Otros dos elementos regionales, que representan intereses conflictivos: Arabia Saudita y Hezbollah, estuvieron representados en el simulacro. Aunque el interés de Arabia Saudita fue el de socavar el acuerdo y perjudicar a Irán, mientras que el interés de Hezbollah era ayudar a Irán y evitar una violación del acuerdo, ninguna de las partes tuvo un impacto significativo en el simulacro. Sin medios independientes de ejercer presión, Arabia Saudita intentó alentar las acciones israelíes y estadounidenses, pero sin mucho éxito, a pesar de que Israel vio la posibilidad de cooperación militar con Arabia Saudita como un logro importante y estuvo listo para utilizarlo con el propósito de señalarle a Irán de que poseía una alternativa militar. Hezbollah, por su parte, aunque estaba preparado para utilizar la fuerza y ​​crear puntos violentos de conflicto, estaba de hecho restringido por las políticas iraníes, que expresaban su deseo de evitar cualquier acción utilizada a favor de Washington.

Irán basó su política en lo que consideró su principal interés, es decir, preservar el consenso internacional para continuar el acuerdo. Tras intensos contactos con los otros socios del acuerdo, estimó que ninguno de ellos deseaba alterar el trato. Esta fue la raíz a la política de moderación iraní, destinada a evitar acciones que llevarían a acusaciones de que este perjudicaba el acuerdo. Esta política sí facilitó los intentos de mediación de los países europeos, así como también de Rusia. Durante estos intentos, surgió la proyección de la política de Teherán, centrada en una decidida oposición a la reapertura del acuerdo y una cierta voluntad limitada para discutir el programa de misiles y el alcance de su presencia en Siria. La firme política iraní hizo difícil para la administración estadounidense reclutar apoyo para su política y generó serias disputas entre Washington y Europa. Al final del simulacro, Irán reanudó las actividades de enriquecimiento de uranio antes del acuerdo, pero solo cuando tenía claro que no sería acusado de torpedear el acuerdo, mientras que la imposición de sanciones secundarias significaba que Estados Unidos era la parte en incumplimiento.

Israel se vio obligado a apoyar la política del Presidente Trump, aunque su interés inmediato era el programa de misiles iraníes y su presencia en Siria, temas que solo surgen en la segunda etapa de mejoras al acuerdo PIDAC, que se encuentra en sus etapas iniciales y las pospone para luego. La postura de Israel se apoya en la evaluación de que en esta etapa no es posible renegociar el acuerdo, y centrarse en este aspecto pudiera distraer la atención sobre temas más urgentes. Israel tampoco desea estar al frente de las actividades contra Irán, sino más bien apoyó los pasos del Presidente Trump e incluso decidió renovar sus preparativos militares, que presentó como carta de negociación que los Estados Unidos pudieran jugar en contra de las otras partes en el acuerdo. Sin embargo (en el marco del simulacro), Israel no logró avanzar el objetivo de Washington de reclutar el apoyo de Europa, Rusia y China para la medida, ni fue capaz de influir sobre las decisiones tomadas por la administración en este contexto.

En términos de las posturas de los principales actores en el simulacro, hubo una serie de conclusiones sorprendentes:

  1. La administración estadounidense no tiene un plan claro sobre el cómo lograr su objetivo con Irán: las mejoras del acuerdo PIDAC. Su acción unilateral se basó en otros elementos, principalmente en los países europeos, con la esperanza de que estos tomaran medidas en contra de Irán. Sin embargo, dado que la medida estadounidense fue contraria a los intereses de sus socios europeos y sin una coordinación previa con ellos, será difícil obtener su apoyo para esta decisión y aventurarse sobre los desarrollos subsiguientes.
  2. La crisis creada por la administración pudiera aprovecharse para promover temas importantes para Israel (principalmente el programa de misiles de Irán y su presencia en Siria). Los países europeos y Rusia estaban preparados para esto. Sin embargo, la insistencia de los estadounidenses en modificar el acuerdo y las relaciones problemáticas con Rusia impidieron la realización del avance de las posturas de Israel sobre estos temas.
  3. Israel se encontró a sí mismo en una situación en la que se incumplió el acuerdo, Irán reanudó el avance de su programa nuclear y continuó con su programa de misiles, no hubo un cambio acordado en su conducta regional y era muy dudoso que la actual administración estadounidense estuviese preparada para tomar medidas serias en contra de Irán.
  4. En relación el marco de tiempo (que pudiera continuar durante varios meses), aunque todas las partes en el acuerdo nuclear, a excepción de los Estados Unidos desean su continuación, la salida de Estados Unidos, particularmente si este impone sanciones secundarias que harían que las empresas europeas cesen sus actividades en Irán, en efecto, neutralizarían el acuerdo, e Irán continuaría trabajando en su programa nuclear.

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