El Problema con el Islam – Por Ben-Dror Yemini

La distorsionada mutación del fundamentalismo islámico tiene que ser reconocido; muchos musulmanes reconocen que existe un problema, y no es sólo un puñado de jihadistas implicados en el terrorismo.

Cualquier debate sobre el Islam en los países musulmanes y entre las comunidades musulmanas en Occidente es como entrar y pisar en un campo repleto de minas. Cuando se trata de los medios de comunicación y el mundo académico, en su mayor parte, el tema del Islam despierta un discurso convulsionado y apologético; en las redes sociales, por otro lado, el discurso que sale a relucir es uno racista.

Lo que sucede es que existe un problema. Este nos silba y burbujea. Muchos musulmanes se dan cuenta de que existe un problema. El presidente egipcio habló recientemente de “la necesidad de efectuar un cambio sustancial en el Islam”. Y en el 2004 Abdulrahman al-Rashed, ex director general del canal de televisión Al-Arabiya News dijo: “Es cierto que no todos los musulmanes son terroristas, pero no es menos cierto, y excepcionalmente doloroso, que casi todos los terroristas son musulmanes”.

El problema no es un puñado de yihadistas involucrados en terrorismo. El problema es que el mundo musulmán en los últimos años ha producido la mayoría de los conflictos junto a un gran número de víctimas en todo el mundo. El mundo musulmán se esfuerza por abrazar los valores universales, tales como el estatus de la mujer. Y el problema se extiende al mundo libre. Vecindarios enteros en Europa se están convirtiendo en “zonas prohibidas” para los residentes veteranos, y para la policía también en algunos casos.

El Alcalde de Rotterdam Ahmed Aboutaleb declaró que el principal problema era el resistirse a la integración. El porcentaje de inadaptados sociales y personas que se oponen a la integración es mayor entre las comunidades musulmanas que entre las otras minorías. Además, muchos de los musulmanes del mundo, incluso los que viven en Occidente, quieren ver la shaarya aplicada, no sólo para ellos, sino también por la fuerza a los demás. Básicamente están diciendo en los términos más claros: Hemos venido aquí para imponer nuestros valores sobre ustedes.

Según una encuesta del 2013 realizada por el Centro de Investigación Pew, el 71% de los jordanos, 74% de los egipcios y el 89% de los residentes de la Autoridad Palestina apoyan el cumplimiento de la ley de la Shaarya – con el énfasis en su aplicación obligada.

El Centro de Ciencias Sociales de Berlín WZB realizó una encuesta similar sobre los puntos de vista de los musulmanes en Europa occidental. Los resultados muestran que el 65% apoya la implementación de la shaarya, con un 75% indicando que la Shaarya posee una sola interpretación. Y hay numerosas y diversas encuestas que revelan datos más preocupantes. Una tal encuesta, que arrojó olas recientemente, determinó que el 27 por ciento de los musulmanes en Francia apoya al Estado Islámico. Bien, así que algunas encuestas pueden ser algo sospechosas; pero las más serias muestran claramente que el panorama es sombrío incluso sin necesidad de exageraciones.

La mayoría de las encuestas revelan otro dato alarmante – el apoyo a los fundamentalismos, al Estado Islámico o al terrorismo es mayor entre la segunda y tercera generación de musulmanes. La tendencia, por lo tanto, no es una de integración, sino de radicalización e islamización. Es cierto, estamos hablando de una minoría; sin embargo, la conclusión es que millones en Europa apoyan, a un nivel u otro, la idea fundamental de la yihad global – el establecimiento de un califato islámico. Estos caen en la misma extensión ideológica que los talibanes, Hamás, el Estado Islámico y Boko Haram.

La cristiana – o no musulmán en su lugar – Europa occidental no está libre de discriminación contra los musulmanes. Estudios llevados a cabo en casi todos los países de Europa occidental muestran que una persona con un nombre musulmán tiene menos posibilidades de conseguir un trabajo que alguien con un nombre local. El miedo a los musulmanes y al Islam va en aumento. Una encuesta realizada en Alemania revela que el 70% de los alemanes cree que existe un choque entre el Islam y los valores occidentales. Una encuesta similar revela que el 74% de los ciudadanos franceses piensa que “el Islam no es compatible con los valores de la sociedad francesa”, con algo más del 76% de los británicos que expresan el mismo sentimiento.

¿Es esto racismo? No necesariamente. El Profesor de la Universidad de Stanford David Laitin le envió a empleadores en Francia formularios de solicitud de empleo de tres candidatas – una francesa cristiana de tez blanca, una musulmana de Senegal y una cristiana de Senegal. La mujer cristiana de Senegal no sufrió ningún tipo de discriminación en relación con la cristiana francesa de tez blanca; sin embargo la mujer musulmana, si. En otras palabras, no es una cuestión de color de tez o país de origen. La preocupación es por la afiliación religiosa, que se está volviendo cada vez más amenazante. El deseo de muchos musulmanes de imponer sus valores está alentando el miedo y la discriminación.

Existen otras minorías que han elegido un camino diferente. Los hindúes que llegaron a Gran Bretaña, por ejemplo, no son diferentes en tez a los musulmanes. Ellos sufrieron la misma discriminación, al menos al principio. Pero se integraron. Y no sólo se integran, sino que han logrado algunos éxitos sorprendentes en numerosos campos. En educación, por ejemplo, han superado a los niños de tez blanca, y a los judíos también. Nunca han tratado de imponer su cultura. No tienen centros religiosos que fomentan el odio y la incitación – como muchas de las mezquitas. 

Muchos académicos argumentan que la hostilidad del Islam hacia Occidente es el resultado de la historia de explotación y colonialismo de la Europa blanca. Los post-colonialistas promueven esta afirmación en casi todas las instituciones académicas en el mundo libre. Es un argumento viciado. Después de todo, los hindúes también sufrieron bajo el colonialismo. Ellos también fueron explotados.

Los judíos sufrieron también, mucho más, a manos de las fuerzas racistas en el continente europeo. Y no sólo sufrieron. Fueron destruidos en masa. Pero no escuchamos noticias sobre terrorismo judío o hindú, o sobre venganza, o sobre incitación, o sobre la crianza del extremismo debido a los capítulos oscuros de la historia de los de tez blanca.

Otros, como Jimmy Carter, argumentan que el terrorismo, tal como lo presenciamos en París, se deriva del conflicto palestino-israelí. ¿De verdad? Después de todo, el 99% de la violencia en el mundo musulmán va dirigida contra los musulmanes. Fueron las 148 personas masacradas en una escuela en Pakistán a causa de Israel? Se ha vuelto loco Carter? Pero Carter – Oh, la vergüenza – ofrece un justificativo por el terrorismo. El actual Presidente de los Estados Unidos también, Barack Obama insiste en vivir en negación. Niega reconocer el hecho de que estamos tratando con un terrorismo islámico radical – como si millones de musulmanes no salieron en protesta en contra de las caricaturas. Uno piensa que no existe el radicalismo islámico, y el otro piensa que Israel es la razón de su existencia. Con este tipo de líderes, el mundo libre está en un gran problema.

El problema más grave en el mundo musulmán es el estatus de la mujer. La mayoría de los llamados crímenes por honor ocurren en el mundo musulmán. No tienen nada que ver con el colonialismo o la discriminación. Los que oprimen al 50% de su comunidad siempre serán oprimidos. Rebajar el estatus de la mujer rebaja el estatus de la sociedad como un todo. Las sociedades que promueven la igualdad no producen terrorismo. Las sociedades patriarcales reproducen opresión y el fundamentalismo. Pero los estudiosos post-coloniales y Carter escogen ignorar la realidad.

Aquellos que absuelven a los musulmanes de responsabilidad, que se la hacen fácil y se excusan por ellos, que ignoran las masacres perpetradas por los islamistas, principalmente contra musulmanes, y que ignoran la opresión a la mujer son los racistas, los que las consideran inferiores. La verdad es que son iguales. Hay millones de musulmanes que eligen la democracia, la igualdad de la mujer, los derechos humanos. Pero los iluminados en Occidente, de toda la gente, son los que están fortaleciendo a los radicales.

 

Arabia Saudita, Qatar y billonarios tales como Alwaleed Bin Talal invierten fortunas en el establecimiento de “centros de estudios islámicos” y estudios en facultades del Medio Oriente en universidades líderes en Occidente. El dinero contaminado ha corrompido a incontables académicos. Ellos han alimentado la idea de que la culpa es de Occidente, y han absuelto al mundo musulmán de toda responsabilidad. Han ayudado a los musulmanes. Han exacerbado el problema.

Uno tiene que admitir entonces: Ni la hostilidad occidental ni el legado colonial es culpable del fundamentalismo musulmán. El fundamentalismo musulmán es un sistema de valores que promueve la opresión de la mujer que está causando e intensifica la hostilidad hacia los musulmanes. Después de todo, algunos de los perpetradores de los ataques tales como Amedy Coulibaly, el terrorista del supermercado judío en París, son nuevos conversos al Islam. Estos se someten a un lavado de cerebro concentrado que les permite recitar consignas de que es “Occidente el que está bombardeando a los musulmanes”, mientras que los islamistas son los que, en su mayor parte, están masacrando a los musulmanes.

El Islam también, tiene una gloriosa historia de logros. Pero uno tiene que reconocer la existencia también, de una mutación distorsionada que está perjudicando, primero y ante todo a los propios musulmanes. No existe una solución inmediata. Pero el autoengaño de los musulmanes y de Occidente sólo agrava el problema. Debemos escuchar a musulmanes valientes que vociferan duras críticas. Esto no va a resolver el problema. Pero sin una visión sobria, sin reconocer que existe un problema, no habrá solución.

 

Publicado en http://www.ynetnews.com/articles/0,7340,L-4615879,00.html

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