“El Palestino” de Antonio Salas: Inexactitudes, relativismos y una investigación menor sobre terrorismo – Por Gabriel Ben-Tasgal

Esta crónica fue redactada unas semanas después de haberse publicado el libro en España (nota de Guysen International News del 3/9/2010). Tras haber recibido una serie de solicitudes sobre la ubicación de la misma, publicamos por este medio. El libro ha pasado al olvido simplemente porque no posee gran valor. Sin embargo, las tésis básicas que expone Antonio Salas aún prevalecen entre muchos analistas españoles, a pesar de las guerras religiosas que sacuden al medio oriente y golpean también las sociedades europeas.

Un muy respetable catedrático de Madrid me comentaba sobre el nuevo libro del periodista de investigación español Antonio Salas: “El primer libro que publicó (Diario de un Skin: Un topo en el movimiento neonazi español) es bueno y valiente. El segundo (El año que trafiqué con mujeres) es menos creíble y el tercero (El Palestino) es definitivamente malo. Parece que mucho de los datos que consiguió estaban en el ordenador que le secuestraron a Raúl Reyes de las FARC. Si los datos pueden conseguirse como periodista, ¿qué valor tiene la infiltración?”.

Se trata de un libro injustificadamente largo en donde Salas repite la tradicional y fracasada receta del periodista español promedio a la hora de analizar el fenómeno del terrorismo islámico. Y sin embargo, debemos felicitar el compromiso de Salas y su manifiesto deseo de escribir desde el terreno, aunque de hecho, lo logre solo muy parcialmente.

Ante todo una aclaración para colocar las cosas en una perspectiva exacta: Antonio Salas no se infiltra en el terrorismo islámico y su contacto con el medio oriente es insignificante. La información a la que accede en Palestina o en Jordania es muy básica. Se reúne con parlamentarios del Hamás en Cisjordania (¿?), con un actor y director árabe israelí y con un combatiente palestino de Belén. Para los que tuvimos la suerte de trabajar cubriendo la zona como periodistas, estas entrevistas son fáciles de conseguir y no se requiere mayor esfuerzo que un productor nexo de noticias palestino con lazos, por ejemplo, en el Hamás, para entrevistar a un líder islámico de Gaza o a un jefe de su brazo armado. No hace falta hacerse pasar por palestino para esto. Estando en Europa, Salas tampoco se infiltra en la red de apoyo económico y propagandístico del terrorismo islámico (dawa), ni se entrevista con aquellos focos que desean imponer la shaarya en Europa, etc. En ciertas partes del libro, Salas se vanagloria de introducirse en el nido de la víbora aunque se trate de una exageración injustificada, destinada seguramente a suplir todo lo que su investigación no posee. “Si Salas tiene huevos… que se vaya a Palestina”, se mofaba Salas de aquellos que lo criticaban, revelando que en esos momentos él ya estaba en la zona. Bueno, Salas estuvo físicamente en Palestina, en el Líbano y en Jordania. Muchos turistas también visitaron estos países.

“El Palestino” de Antonio Salas tiene dos meritos destacables. Ante todo, nos muestra una interesante visión desde el interior de las bandas marxistas paragubernamentales en Venezuela y sus relaciones con los terroristas de las FARC en Colombia. Esta infiltración era más profunda y nada tiene que ver con decir que tuvo nexos con el Hezbollah en el Líbano por toparse con gente afiliado a los terroristas chiitas en una plaza de Beirut como si se tratase de una cita secreta con el fallecido jeque Fadallah del Hezbollah. Salas nos invita a creer que el Presidente Hugo Chávez no tiene nada que ver con las números fuerzas marxistas violentas que actúan en su país, aunque muchas veces las instrumentalice. Dicha afirmación es casi tan surrealista como la que hacen los negadores del Holocausto al afirmar que Adolf Hitler no sabía nada de lo que estaba sucediendo con los judíos ya que no hay ningún documento con su firma que así lo confirme. Para demostrar que; a su criterio; la prensa occidental no comprende al gobierno bolivariano chavista y que se exagera los nexos con el terrorismo islámico, Salas afirma que no hay una sede de Al Qaeda en Isla Margarita y que Teodoro Darnott es un pobre desgraciado y Hezbollah Venezuela no debe tomarse en serio. Bien, una sugerencia aceptable. Sin embargo, Salas no estudia ni se introduce, ni por supuesto menciona, algo tan importante para el estudio del terrorismo como el papel de las fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní que actúan en ese país, ni investiga algo tan llamativo como los vuelos Caracas-Damasco-Teherán y el tráfico de armas y libertad de movimiento de terroristas del Hezbollah que acceden a pasaportes venezolanos gracias a los excelentes lazos entre la Venezuela de Chávez y la Irán de Ajmadinayed.

El segundo logro del trabajo de Salas es su contacto fluido con un “mito” del terrorismo mundial como “Carlos” o “El Chacal”, el venezolano Ilich Ramírez Sánchez. La entrevista de Salas a Lelyla Jaled, un icono del terrorismo palestino, tiene cierto valor histórico pero su aporte a la comprensión del fenómeno del terrorismo es ciertamente anacrónico. En otras palabras, las entrevistas a estos dinosaurios del terrorismo, estos dos personajes que desde el punto de vista actuar están acabados, llama la atención y posee cierto interés pero nada más que eso.

En relación al terrorismo palestino, Antonio Salas cae en los tópicos de buena parte del periodismo español. Es lamentable, pero no dejar de ser así. La “infiltración” le sirvió de poco lo que pone en tela de juicio la propia “infiltración”. La cobertura española del conflicto palestino-israelí se caracteriza por no pocas inexactitudes fácticas. En su libro, Salas nos cuenta que los asesinatos selectivos son ejecutados por el Mossad (espionaje) en lugar de por el ejército o da como un hecho consabido que en las cárceles israelíes se practica rutinariamente las torturas aunque no trae ninguna prueba. Más grave aún, a través de su entrevista con el parlamentario del Hamás Anwar Zboun, Salas acepta y recalca que el primer atentado terrorista suicida en el conflicto palestino-israelí lo hizo un judío llamado Baruj Goldstein en la Cueva de los Patriarca en el año 1994. Es de extrañar que Salas obvie que el primer atentado suicida sucedió el 16 de abril de 1993 en el cruce de Mejola en donde fueron asesinados dos civiles israelíes y el propio terrorista del Hamás. Además, el atentado individual de Baruj Goldstein no tiene absolutamente nada que ver con el “terrorismo suicida” ya que dicha acción contradice los principios teológicos en los que creía Goldstein y por sobre todo, Salas miente al decir que se trató de un atentado suicida ya que simplemente no lo fue. Goldstein entró a la Cueva de los Patriarcas armado, comenzó a disparar contra fieles musulmanes que lo terminaron linchando a golpes. El terrorismo suicida es monopolio del Islam radical, usted no ve ni ha visto suicidas judíos ni cristianos, ni en medio oriente ni tampoco en Europa. “Quizás, sería el momento oportuno para que los cristianos que tanto han despreciado el drama palestino recordasen que Jesús era uno de ellos. Y que los actuales habitantes de Palestina son los descendientes de los hermanos y hermanas de Jesús. Es decir, llevan la sangre que vuelve a ser derramada, día tras día, en miles de Gólgotas, a lo largo y ancho de todo el país”, nos asegura Antonio Salas en la página 144 de su libro. ¿Jesús palestino? Pido perdón a nuestros lectores, pero solamente un estúpido ignorante puede comprar esta cleptohistoria palestina. Jesús era un judío que vivía en Judea. En el año 135 los romanos le cambiaron el nombre a la provincia de Judea para llamarla Palestina y así aplacar los continuos intentos revolucionarios judíos. Los actuales árabes palestinos ni siquiera tienen relación alguna con los desaparecidos cananeos, hititas, o jebuseos y ni siquiera son los descendientes de los helenos filisteos. Lo único que le faltaba a Salas para rematar con esta falta de respeto histórica es agregar que los mismos judíos que habían matado a Jesús (deicidio) ahora seguían matando a sus descendientes. Esta evidente sugerencia de Salas descubriría su claramente su judeofobia y además, lo complicaría con el Concilio Vaticano II que rechazó y condenó este muy conocido mito antisemita.

Para magnificar su obra, Antonio Salas exagera, y mucho. Ibrahim Abayat, un terrorista deportado por Israel a España tras refugiarse en un lugar de culto cristiano (Basílica de Natividad) es presentado como que si en Israel lo considerasen “el terrorista palestino más peligroso”. Salas no cita la fuente de tal afirmación. Simplemente, porque no la hay. El pecado más recurrente del periodista promedio español es su constante incomprensión sobre el origen del terrorismo islámico. Antonio Salas afirma haber leído a Sayyd Qutub. Puede ser. Salas pudo haber leído al teólogo Iben Taymya, a Muhamad El Wahab o a Hassan El-Banah (y si no lo hizo es recomendable hacerlo)… y sin embargo, vuelve a caer en exactamente los mismos tópicos que la mayoría de sus colegas. Al tratar con Al Qaeda en Irak o con el Hamás en Palestina, Salas recula y vuelve a considerar que “la ocupación” es el factor fundamental para comprender el fenómeno. El muro que separa Israel con Palestina y su humillación (es una alambrada que evitó que se multipliquen los 1000 civiles judíos asesinados por los terroristas palestinos durante la segunda intifada), la dominación del ejército israelí en Judea y Samaria o el arribo de las tropas de la coalición occidental a Irak… esos son los factores que explican el fenómeno, según Salas.

Antonio Salas me recuerda a las entrevistas que le hacíamos al actual Ministro de Exteriores español Miguel Ángel Moratinos en los 90′ o al entonces encargado de política exterior de la UE Javier Solana cuando afirmaban que “debemos condenar el terrorismo palestino pero también analizar las razones (la conquista) que llevaron a los palestinos a actuar así”. Cuando comenzaron a surgir terroristas islámicos en Irak, Estados Unidos o Europa, no les sirvió de mucho seguir achacándole la culpa a los israelíes ya que allí no había conquista y opresión por parte de los judíos. En ese momento, tuvieron que cambiar el libreto. Algunos de ellos se comenzaron a interesar por las razones teológicas que sustentan el fenómeno. En el libro de Salas, no se tocan los fundamentos teológicos. Salas habla de una constante agresión occidental para con el mundo islámico. Según el especialista en Islam radical Robert Spencer, para estos radicales la primera agresión de occidente hacia el islam se remonta a los días de las Cruzadas. Occidente atacó primero, dirán los radicales, el islam solamente reacciona. Salas parece haber comprado dicha afirmación.”No debemos considerar esto como terrorismo islámico ya que también actúan cristianos en Palestina”, nos dice Salas. Aclaremos que los cristianos no forman parte del Islam radical sino que se asocian al terrorismo laico surgido de la cuna del Fatah. Más aun, los cristianos son constantemente perseguidos por los musulmanes en Gaza. “El terrorismo islámico de Al Qaeda es despreciable e inconsistente porque también asesina a musulmanes”…. nos recalca el autor de “El Palestino”. Según Ayman Al-Zahawiri, el ideólogo principal de Al Qaeda, es necesario matar también a musulmanes ya que ellos no salen de su “yahalya” (envenenamiento occidental) y deben pagar el precio, por actuar como aliados de occidente, hacia la imposición del Islam en las sociedades islámicas.

El libro de Antonio Salas no nos ayuda a comprender el fenómeno del terrorismo islámico. Su trabajo es demasiado confuso, poco fundamentado y por sobre todo muy inconsistente.Sin embargo, y a pesar de todo lo desarrollado hasta el momento, el problema principal de este material es que relativiza al terrorismo y por lo tanto, termina apoyando el mismo juego que los terroristas islámicos. Mientras que el occidente moral intenta que se reconozca al terrorismo como “el uso de la fuera extrema contra civiles para conseguir objetivos políticos en donde existe un fuerte componente psicológico al imponerse un clima de miedo”, los países árabes, las fuerzas islámicas y los occidentales que mamaron el relativismo moral pretenden que la lucha para liberarse de cualquier yugo extranjero sea excluido de esta definición.

A Antonio Salas, como a otros tantos españoles y como a la persona que escribe estas líneas, el terrorismo de ETA nos moviliza y nos provoca franca repulsión. El problema es que a Antonio Salas el terrorismo de ETA, en especial ese, le provoca una condena sin concesiones. Desde el punto de vista académico, el terrorismo de ETA se ha caracterizado por ser de tipo “personalizado” a pesar de haber asesinado “indiscriminadamente” en un número muy particular de casos (por ejemplo, en el supermercado Hipercor). La OLP realizaba acciones “indiscriminadas” mientras que el Hamás le agrega el componente “suicida”. Todo el terrorismo el condenable aunque no todo el terrorismo es igual de grave. Existen niveles de gravedad ubicándose en su cima el terrorismo con armas no convencionales, químicas, biológicas o nucleares. Y sin embargo, viene el bueno de Antonio Salas y nos dice:”Se han creído (los que apoyan el terrorismo de ETA desde el marxismo) que en Euskal Herria existe una ocupación similar a la ocupación israelí en Palestina. Se han creído que es posible comparar la persecución policial en Euskadi con los bombardeos indiscriminados a la Franja de Gaza, la destrucción de árboles, o fuentes en Cisjordania, o con la ocupación de territorios y el muro de la vergüenza que sufren los palestinos. Y por eso, engañados por una falacia absurda e inmoral, se atreven a comparar la causa palestina con la lucha armada en Euskal Herria y a apoyarla (página 502)”, para luego rematarla en la página 593 al asegurar que si él viviese en Palestina, o quizás en Colombia, también quizás optaría para la lucha armada.El terrorismo palestino es anterior al dominio israelí de territorios palestinos tras la guerra de 1967. El terrorismo de ETA es menos grave que el terrorismo palestino del Hamás y posiblemente, la magnitud del terrorismo de Al Qaeda supere a lo que practica el Hamás aunque son de una misma naturaleza. Estas son verdades que el relativismo moral de Antonio Salas pone en entredicho. Para el autor, hay terrorismo condenable (ETA), hay terrorismo a cuyos autores se difama ni se comprende (Al Qaeda) y hay terrorismo comprensible (Hamás o en algunos casos las FARC). Ese el gran problema del libro de Salas.

A lo largo de “El Palestino”, Salas explica que sus investigaciones sobre los nazis en España (Diario de un Skin) han llevado a juicio a una serie de personajes nefastos en su país siendo él un testigo protegido. Es probable que “El Palestino” no provoque absolutamente nada, quizás buenas ventas para costar una investigación que esperemos sea radicalmente mejor que su pobre último libro.

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