El nuevo Medio Oriente – Por Prof. Abraham Ben-Tzvi (Israel Hayom 23/5/2017)

Donald Trump tuvo un aterrizaje suave en suelo israelí. En marcado contraste con la atmósfera forzada que prevaleció durante las dos visitas de Barack Obama en la tierra prometida, el presidente número 45 transmitió – y también han proyectado sus anfitriones – una sensación de calidez y amistad fuerte.

Mientras presidentes anteriores prefirieron – en una etapa inicial de la formulación de un marco de principios básicos para un acuerdo permanente del conflicto palestino israelí – operar a través de representantes y enviados sin sumergirse ellos mismos en el pantano, Trump eligió un camino diferente.

La existencia misma de ésta visita, en el principio mismo de su presidencia, envía un mensaje fuerte y claro – sobre el que Trump ha hecho hincapié en el aeropuerto Ben-Gurión – con respecto a la centralidad del tema en su agenda. No hay que descartar la posibilidad que la Casa Blanca no se limite en esforzarse para proporcionar el catalizador necesario – a través de la participación personal del Presidente – para la configuración del contorno futuro del acuerdo, sino que parece decidido a dibujarlo ahora – con las partes en el conflicto – para implementarlos sin descanso dentro de un tiempo establecido.

Y esto, prometiendo también (y esto fue un tema central en sus comentarios después de aterrizar en el país) mejorar aún más y actualizar la relación especial existente entre Washington y Jerusalén. El hecho que él identifique una ventana de oportunidades para promover un acuerdo regional, es una tendencia que se supone ayudará a que el Presidente Trump proporcione un apoyo y un respaldo al proceso de establecimiento de una paz.

Puesto que no hay duda que el eje sunita moderado, cuyos vértices principales son Arabia Saudita y Egipto, los mismos que fueron sacrificados en el altar por Obama para impulsar su reconciliación con Teherán, dicho eje se muestra deseoso a ampliar el alcance de su cooperación estratégica con el gobierno Trump.

Este desarrollo le proporciona a la Casa Blanca, por lo tanto, de una nueva palanca para moldear a este bloque sunita que se siente amenazado por Irán y sus aliados en el Medio Oriente. La cita realizada por el presidente durante la ceremonia de bienvenida a su llegada acerca de “las muchas razones para la esperanza”, las cuales identificó durante su visita a Riad, indican que estas palancas de influencia ya han comenzado a actuar y puede que muy pronto podamos percibir y recibir una expresión explícita de tal desarrollo.

Incluso antes, antes que caiga el telón de su visita, puede que la imagen se aclare – aunque sólo sea parcialmente – tras el discurso que pronunciará hoy en el Museo de Israel. Sin embargo, puede que justo después de la visita podamos disipar la niebla y quizás seremos capaces de evaluar si el incentivo otorgado nos permitirá abrir una nueva página entre Jerusalén y Ramallah. Incluso entonces será posible determinar si los últimos avances en el caso de la “conexión rusa” eclipsarán de algún modo la influencia positiva de esta visita en la conciencia del público norteamericano.

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