El mundo está en silencio, no si se trata de Israel – Por Ben-Dror Yemini (Yediot Ajaronot 31/10/2016)

La matanza en Mosul y en sus alrededores ya ha comenzado. Todo el mundo mata y masacra a otros. No sólo ISIS. El mundo lo ve. El mundo lo sabe. Pero el mundo permanece en silencio. Hace varias semanas pasó en Alepo, Siria. El mayor hospital se convirtió en escombros. El mundo lo sabe, lo ve y permanece en silencio. Y continúa. La superpotencia más grande del mundo decidió no interferir. Un poco sirven como observadores. Algún tipo de apoyo aéreo. No más. Barack Obama dio su sello de aprobación. Se comprometió a intervenir en caso que en Siria se disparasen armas químicas. Se vivió una corta ilusión sobre un acuerdo. El uso de armas químicas continúa. Las masacres solamente se amplia.

Toda masacre en masa requiere que cada ser humano, especialmente los judíos, pensar en el silencio del mundo en los años cuarenta. La lección del Holocausto es doble: También es nacional y también es humana. La lección nacional fue aprendida.

Israel puede defenderse. La lección humana, universal, nunca se aprendió. No empezó hoy. Desde la Segunda Guerra Mundial hasta el día de hoy han muerto, principalmente fueron masacradas, 86 millones de personas. De acuerdo con un estudio realizado por la American Health Association (APHA), se trata de 190 millones. Cinco millones en el Congo. Y el mundo se quedó en silencio. Millones durante la invasión de Afganistán y el control de Rusia. Y el mundo se quedó en silencio. Tres millones de la Guerra de Independencia de Bangladesh. Y el mundo se quedó en silencio. Medio millón de la Guerra de Independencia de Argelia. Y el mundo se quedó en silencio. Millones de refugiados y niños hambrientos en Nigeria y Somalia por la yihad – y el mundo se quedó en silencio. En la mayoría de estas guerras vimos masacres similares, e incluso más graves, como los que vemos actualmente en Siria. Y el mundo se quedó en silencio.

Sólo para poner las cosas en proporción, en todas las guerras entre Israel y los países árabes murieron entre 80 a 120 mil personas, y de ellos, aproximadamente 12 mil como parte del proceso de control israelí sobre los palestinos. La gran mayoría de las víctimas mortales en el mundo son gente inocente. La gran mayoría de los muertos en las guerras de Israel contra los palestinos son combatientes o terroristas.

Pero para que no digamos que la conciencia del mundo en general, y del mundo libre en particular, no existe. Por el contrario. Hay una protesta. Contra Israel. Casi exclusivamente contra Israel. Millones mueren en el mundo. Pero las manifestaciones, concentraciones, artículos – especialmente se centran contra Israel. La mayor parte de las decisiones del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la actual y en la anterior encarnación – tratan y están en contra de Israel. Es cierto que la contribución de Israel a la violencia del mundo es insignificante, pero la mayoría de las protestas mundiales son contra ella, como las multitudes que llenaban las plazas de Londres, San Francisco, París y Amsterdam para protestar por la “masacre” cometida por Israel contra los palestinos, una matanza que nunca existió. Prácticamente fue nula la cantidad de manifestaciones se realizaron contra otras masacres en el mundo.

Cuando no se trata de Israel, el mundo no sólo calla, también es hipócrita.

El fin de semana pasado manifestantes interrumpieron con violencia un acto en el que iba a hablar un israelí. Los manifestantes eran de países que llevan a cabo los mayores actos de masacre, a quienes se sumaron jóvenes británicos de izquierda y del Partido Laborista, afectado él por la enfermedad del antisemitismo. Y en otro acto en la Cámara de los Lores se realizó un congreso en el que culparon a los judíos por el Holocausto.

Hay que decirlo con toda claridad: la protesta manipulativa y perversa contra Israel tapiza el camino hacia el silencio del mundo libre frente a las masacres y crímenes de lesa humanidad que realmente se cometen. No hay una protesta mundial contra masacres. Hay una protesta exagerada contra Israel.

No hay aquí una cuestión de moral humana. Hay hipocresía y engaño político.

Se puede comprender cómo organismos internacionales guardan silencio ante crímenes verdaderos en el mundo, mientras, al mismo tiempo, repudian constantemente a Israel. En esos organismos hay una mayoría oscura. El problema es que aquellos que deberían ocuparse de los derechos humanos se suman a esa mayoría oscura. Y cuando se presentan representantes israelíes en foros internacionales, y cuentan sobre los crímenes de Israel, cuando frente a ellos están los representantes de los países responsables de los mayores delitos contra la humanidad…Y cuando se presentan ante los grupos de izquierda en el mundo, que callan ante los verdaderos crímenes y repudian sólo a Israel, son cómplices y partícipes de una gran estafa.

No es preocupación por los derechos humanos. Es un delito moral.

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