El Estado Islámico debería ser aniquilado – Por Prof. Steven R. David

El Prof. Efraim Inbar se equivoca al argumentar que Occidente estará en mejores condiciones si la organización del Estado Islámico mantiene su califato. Al contrario: El derrotar a EI y el horror que este perpetúa requiere nada menos que la eliminación de su califato. A través del control de su territorio, EI es capaz de inspirar y entrenar a reclutas, dirigir ataques terroristas y demostrar la incapacidad por parte de Occidente de erradicar una amenaza insistente.

El Prof. Efraim Inbar argumentó recientemente en el artículo (“La Destrucción de Estado Islámico es un error estratégico” de Perspectivas del Centro BESA Nº 353 el 2 de agosto de que a pesar que Occidente debería intentar debilitar al Estado Islámico (EI), este debería tratar de no buscar su destrucción.

Según Inbar, EI no representa una gran amenaza para Occidente. Sus fuerzas en armas son demasiado débiles para derrotar a una oposición decidida. Los ataques terroristas realizados en su nombre son llevados a cabo a través de “lobos solitarios” con poca o ninguna relación al grupo. Por otra parte, EI le provee un servicio a Occidente al atraer a posibles terroristas, haciéndole más fácil a los servicios de inteligencia identificar a aquellos que no son muertos en batalla.

Un EI sin territorio, afirma Inbar, centraría sus esfuerzos en promover el terrorismo alrededor del mundo, fortaleciendo indirectamente la mano de Assad y a sus benefactores iraníes. A opinión de Inbar, la brutalidad del EI no debería hacernos olvidar que su presencia le permite a “individuos malvados asesinar a individuos malvados”, en última instancia sirviendo a los intereses occidentales. Por lo tanto, la mejor política es contener al EI, pero mantener su califato vivo.

Inbar merece crédito por su análisis provocativo y original. Pero este se equivoca. La existencia de EI le duele a Occidente de muchas maneras, haciendo que su eliminación sea una prioridad urgente.

La principal amenaza de EI a Occidente brota de su apoyo al terrorismo internacional y esta amenaza se vuelve peor por la existencia de su califato. Muchos terroristas considerados “lobos solitarios”, se determinó luego, poseían vínculos estrechos con el EI. En lugar de actuar por su propia cuenta o simplemente por haber sido inspirados por el EI, fueron entrenados, equipados o dirigidos por agentes del EI actuando desde su capital Raqqa.

Es lógico pensar que el dirigir una red terrorista es más fácil cuando el territorio se encuentra ocupado que cuando dichas actividades deben ser conducidas a la sombra de estados hostiles. Es mucho más fácil entrenar a reclutas, preparar documentos falsos y planear ataques en el propio país de uno, libre de temor ante la vigilancia policial.

Cabe destacar que gran parte de la planificación y entrenamiento a los ataques del 11 de septiembre se llevó a cabo en la acogedora tierra de Afganistán. En respuesta, los Estados Unidos derrocaron al gobierno talibán e instalamos una fuerza de ocupación para asegurarse que su territorio no volvería a ser utilizado para tramar en contra del suelo estadounidense. La misma lógica debería aplicarse al califato del EI, que planea y dirige regularmente ataques terroristas contra Occidente y en gran parte del resto del mundo.

El califato también perjudica los intereses occidentales al servirles como fuente de inspiración para actos terroristas. Inbar supone que el EI atrae a individuos que ya se inclinan por el terrorismo, pero ignora que la propia existencia del EI inspira a los terroristas.

¿Por qué el EI eclipsó a Al-Qaeda como la principal amenaza hacia Occidente y la estabilidad del mundo entero? En gran medida, es debido a la restauración del califato. Al Qaeda se reservó la posibilidad de tal restauración para un futuro lejano y desconocido. El EI apela a aquellos energizados por la idea de que ahora el califato ha sido establecido. Mientras perdure el califato, también perdurará el atractivo del EI.

El EI también es más atractivo que Al Qaeda debido a sus habilidosas campañas mediáticas. Los vídeos que publica de sus acciones militares y horripilantes actos han atraído a voluntarios de todo el mundo. El uso de las redes sociales por el EI no sería tan eficaz si no tuviese la libertad de su propio territorio en el que elije filmar lo que este le plazca.

Más importante, la persistencia del EI es inaceptable ya que demuestra la impotencia de Occidente. En el corazón del Medio Oriente, el EI se burla del mundo, asesinando a cientos de inocentes, mientras desestabilizan una región crítica. ¿Qué dice esto sobre la capacidad de Occidente de proteger a los suyos? Con cada atrocidad terrorista y reivindicación triunfante de responsabilidades del EI, la credibilidad de Occidente expresa su indiferencia.

Si el grupo de estados más poderosos del planeta no puede eliminar una amenaza constante a sus intereses perpetuados por tal vez 30.000 fanáticos armados con algo más que pick-ups, la capacidad de Occidente en garantizar la seguridad de sus propios países – por no hablar de crear un orden mundial liberal – es puesta en duda.

El colapso del EI no creará, tal como sugiere Inbar, una diáspora terrorista. Al contrario, demostrara el fracaso de las ideas del EI, al igual que hicieron la Alemania nazi y la Unión Soviética al final por socavar sus respectivas ideologías. Tampoco el final del EI resultara en la victoria de Assad y sus partidarios iraníes. Assad (e Irán) tienen muchos otros enemigos alrededor del Medio Oriente, todos los cuales son mucho más apetecibles que las bestias del EI. Es mucho mejor alinearse con ellos que crear causa común con el EI, ni siquiera indirectamente.

Existen desacuerdos válidos sobre la mejor manera de eliminar al EI. No es fácil determinar, por ejemplo, si sería mejor confiar en actores locales o una intervención occidental. Si Occidente interviene, la escala y naturaleza de esa intervención es y debería ser objeto de debate.

Sin embargo, lo que está claro es que Occidente y la comunidad internacional en general estarán mucho mejor si el EI y las terribles actividades que este engendra, fuesen borradas de la faz de la tierra.

 

El profesor Steven David es profesor en relaciones internacionales en la Universidad Johns Hopkins y miembro de la Junta de Asesoramiento Académico Internacional del Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat.

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