El debilitamiento del Estado Islámico (ISIS): ¿Ha caído el poderoso? – Por Carmit Valensi (INSS)

Varios informes recientes han descrito un debilitamiento gradual del Estado Islámico, en especial la pérdida de territorio en Siria e Irak y la consecuente interrupción de su flujo de ingresos. Sin embargo, el daño logrado a los ingresos no tiene un efecto inmediato sobre las capacidades del Estado Islámico en llevar a cabo ataques terroristas fuera del territorio bajo su control por lo que se requieren de esfuerzos más amplios que los realizados hasta ahora para destruir totalmente a la organización.

Más bien, lo que puede estar funcionando es la transformación de una organización semi-estatal en una organización terrorista ‘clásica’ centrada en actividades violentas que actúan como un imán y fuente de inspiración entre individuos y organizaciones a fin de que lleven a cabo ataques en nombre de su guía ideología. Es probable que un cambio en la dirección de una organización terrorista confronte a aquellos que combaten en contra del Estado Islámico con un nuevo tipo de desafío. Estos tendrán que librar una guerra contra una entidad amorfa con menos objetivos visibles, una entidad más pobre, pero también menos restringida. Por lo demás, aunque el Estado Islámico deje de existir en su formato familiar, mientras no se desarrolle una alternativa ideológica atractiva, la idea radical que yace bajo los estratos del fenómeno seguirá alentando las llamas de la violencia y, por consiguiente, también las contra-respuestas.

Mucho se ha escrito sobre el Estado islámico y sus fuentes de poder desde que capturó los titulares en junio del 2014 con el anuncio del Califato Islámico. El apoyo que obtuvo de individuos y grupos de todo el Medio Oriente y de fuera de la región, la extensión del territorio del cual se apoderó en Irak y Siria y sus impresionantes capacidades económicas, por lo que llegó a conocerse como la “organización terrorista más rica del mundo” la reforzó e impulsó la atención pública y mediática dirigida hacia esta. Sin embargo, desde el 2016, las fuentes del poder del Estado Islámico han comenzado a mermar, con los continuos ataques contra sus fortalezas por parte de la coalición internacional dirigida por los Estados Unidos, las fuerzas rusas y otros grupos locales. En marzo del 2017 estos grupos comenzaron la reconquista de la antigua ciudad de Palmira en Siria. Además del notable golpe a las fuerzas del Estado Islámico, estos ataques han causado que el califato pierda control del territorio, lo que a su vez afecta negativamente la situación financiera del Estado Islámico.

A comienzos del 2017, se escribieron muchos informes sobre el gradual debilitamiento del Estado Islámico, especialmente la pérdida de territorio que anteriormente estuvo bajo su control. Estos estudios identificaron una conexión directa entre esta pérdida de territorio en Siria e Irak y la interrupción del flujo de ingresos de la organización y pronosticaron que estos acontecimientos probablemente señalaron su final. Según informes de la coalición internacional, el Estado Islámico perdió el 62% del territorio que controlaba en Irak, incluyendo Al-Ramadi, Al-Fallujah y el este de Mosul. En Siria, el Estado Islámico perdió el 30% de su territorio, incluyendo áreas al noroeste del distrito de Al-Raqqah, Manbij, Al-Bab y Palmira. El control de una población más pequeña denota el acceso a menos recursos, principalmente a los yacimientos de petróleo que generaron ganancias sustanciales en etapas anteriores de la existencia de la organización. Como resultado, la capacidad de la organización en obtener los beneficios necesarios para financiar la lucha militar y realizar la visión del califato se volvió cada vez más limitada. Uno tras otro, la moral y la motivación entre los combatientes del Estado Islámico declinó y junto a una caída en la proporción de reclutamiento hacia sus filas, esta tendencia ha ayudado a “debilitar su nombre”.

En febrero del 2017 el Centro Internacional para el Estudio de la Radicalización (CIER) publicó un reciente estudio sobre el debilitamiento y declive económico del Estado Islámico. El estudio concluye que a pesar de las dificultades para determinar la cantidad exacta de ingresos del Estado Islámico, sus ingresos ciertamente han caído en más de un 50% en los últimos dos años, de 1900 millones de dólares en el 2014 a más de 870 millones de dólares en el 2016. Este estudio, al igual que otros, concluye que se espera que el descenso económico del Estado Islámico continúe y que la captura completa de Mosul, el corazón comercial de la organización, tenga efectos destructivos sobre su economía. El estudio también sostiene que no existen indicios actuales que la organización tenga una fuente alterna de ingresos para compensar sus pérdidas y que si la tendencia actual continúa, el “modelo comercial” del Estado Islámico está destinado a fracasar en un futuro próximo.

Sin embargo, lo que pudiera interpretarse como el declive del Estado Islámico debe ser evaluado cuidadosamente, teniendo en cuenta el dinamismo de los acontecimientos relacionados y la lucha contra la organización y las dificultades resultantes en la formulación de escenarios definitivos. Por otra parte, aunque el deterioro demuestre ser una tendencia permanente, no indica necesariamente la desaparición del fenómeno, sino un cambio potencial en su forma, de una organización semi-estatal a una organización terrorista “clásica” centrada en actividades violentas que actúa como un imán y fuente de inspiración para que individuos y organizaciones lleven a cabo ataques en nombre de su guía ideológica. De hecho, tal como fue señalado en el estudio, el Estado Islámico, incluso en su encarnación anterior como Al-Qaeda Irak, demostró su capacidad de recuperarse de las pérdidas económicas. Además, el daño a sus ingresos no tiene efecto inmediato en su capacidad para llevar a cabo ataques terroristas fuera del territorio bajo su control y se requieren de esfuerzos más amplios de los que se han hecho hasta ahora para destruirlo totalmente. Este y otros estudios recientemente publicados conducen a una serie de conclusiones sobre la investigación del Estado Islámico y el futuro de la organización en el escenario regional.

Existe una tendencia general a sobreestimar el “otro lado”. Pareciera ser que las evaluaciones previas de la situación financiera del Estado Islámico (principalmente en nombre de la coalición internacional que lucha contra este) fueron exageradas. El tamaño estimado de la población bajo el gobierno del Estado Islámico, 10 millones de personas, también fue inflado; La población real era de unas 6 millones de personas. En general, los investigadores y políticos a veces se inclinan en atribuirle poder a nuevos fenómenos y organizaciones que plantean un desafío diferente tales como el Estado Islámico, al tiempo que destacan sus puntos fuertes: finanzas, capacidades militares y apoyo público (que en el caso del Estado Islamismo resultó ser menor de lo que inicialmente se creyó). Por otra parte, existe mucha menos discusión de los puntos débiles de tales organizaciones.

Otra tendencia es adherirse persistentemente en evaluar la situación del Estado Islámico, sin ajustar continuamente estas evaluaciones basadas en los rápidos cambios en el Medio Oriente, incluyendo cambios en el equilibrio de poder entre actores, estatales y no estatales, involucrados en conflictos en la región. A pesar que en su apogeo el Estado Islámico disfrutó de logros militares y una gran corriente de ingresos comparada a otras organizaciones terroristas, la tendencia no fue ni lineal ni estuvo libre de fluctuaciones y sensibilidades hacia los actuales desafíos. Estas incluyen los costos incurridos en “la edificación del estado”, junto a los recursos necesarios para hacerle frente a los ataques de la coalición contra el territorio y las fuentes de ingresos, así como también las limitaciones en financiar la lucha militar. Lo contrario también es cierto, es decir, la tendencia a ver el debilitamiento todo comprensivo e inequívoco de la organización, a pesar de que los desarrollos en el terreno a veces indican lo contrario.

Una mirada al futuro indica que los desafíos que enfrenta el Estado Islámico en el 2016 y en especial el deterioro de su situación económica, no necesariamente indican el desvanecimiento de la idea en la cual esta tiene su base. Estudios que examinaron la conexión entre el nivel de recursos de las organizaciones no estatales y la promoción de su ideología orientadora e ideología mostraron una tendencia entre los grupos “ricos en recursos” que basan su apoyo en beneficios materiales, mientras que los grupos “pobres en recursos” realizan mayores inversiones en la esfera hacia una ideología de base como fuente de apoyo. De esta manera, las organizaciones con relativamente pocos recursos logran reclutar una comunidad más leal y comprometida, en comparación con la base de apoyo de las organizaciones con plenitud de recursos, considerados más oportunistas. El Estado Islámico ha encajado en ambas categorías: junto a los beneficios materiales (servicios básicos, bienes básicos y bonos) para la población civil y su despliegue militar, también se ha ocupado de reclutar apoyo en base a su agenda ideológica y religiosa. Sin embargo, es posible que la continua erosión de sus activos económicos la lleve a reforzar la dimensión ideológica y a invertir más en sus aparatos propagandísticos que en otros esfuerzos, principalmente los gubernamentales y civiles.

El continuo debilitamiento del Estado Islámico es susceptible a ser un catalizador a una metamorfosis de una organización que busca consolidar una presencia territorial y una gobernabilidad sobre territorios hacia una entidad no territorial que constituye principalmente un “nombre” y fuente de inspiración para realizar ataques por grupos e individuos dentro y fuera de la arena del Medio Oriente, de una manera un tanto reminiscente a Al-Qaeda. Mientras que las características del Estado Islámico han sido hasta ahora las típicas de una organizaciones “híbrida”, es decir actores no estatales combinando logros sociales, políticos y gubernamentales con actividades militares y violentas, es posible que su desarrollo regresione hacia una organización enfocada principalmente en la violencia.

En la práctica, los grupos que combaten contra el Estado Islámico han aprovechado su “visibilidad” para atacar objetivos visualmente identificables y activos estratégicos y su condición de organización semi-institucionalizada con algún grado de obligación para con su población. Es probable que un cambio en la estructura y los canales de actividad del Estado Islámico en la dirección de una organización terrorista les haga confrontar un desafío más agudo, o al menos un nuevo tipo de desafío. Estos tendrán que librar una guerra contra una entidad amorfa con objetivos menos definidos, una entidad mucho más pobre, pero también menos restringida. Por lo demás, este desafío se volverá aun más complejo, porque aunque el Estado Islámico dejará de existir en su formato familiar, mientras no se desarrolle ninguna alternativa ideológica atractiva, la idea radical que yace bajo la actividad de los agentes del Estado islámico continuará alimentando las llamas de la violencia y, en consecuencia también las contra-respuestas.

 

http://www.inss.org.il/index.aspx?id=4538&articleid=13144

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