El coronavirus y los medios de comunicación occidentales – Por Dr. George N. Tzogopoulos (BESA)

RESUMEN: Si bien los medios de comunicación occidentales inicialmente percibieron la pandemia del coronavirus como algo exclusivo de China, ahora se enfrentan al desafío de cubrir la crisis a medida que esta se extiende por todo el mundo occidental. Un análisis a las noticias italianas en primera página muestra que el miedo es una característica recurrente en la cobertura de noticias y revela un retraso en la comprensión de los periodistas a la necesidad de adoptar medidas difíciles. A pesar de las debilidades en su forma de cubrir la información, su ejemplo tal vez pueda ayudar a otros medios de comunicación occidentales no solo a evitar politizar la situación en un momento desafiante, sino también combatir el flujo constante de noticias falsas difundidas a través de las redes sociales.

El papel de los medios de comunicación ante las crisis de salubridad pública ha sido durante mucho tiempo un área de interés en el campo de los estudios de comunicación, con una cobertura mediática al SARS, la gripe común y las epidemias del virus ébola que han sido elemento de diferentes investigaciones. Estudios han examinado su efecto en los medios de comunicación en proximidad al epicentro del virus, los contextos nacionales y las culturas locales, así como también las características específicas de las organizaciones de medios de comunicación seleccionadas para el análisis.

En términos generales, el miedo siempre recibe gran cobertura. Si bien los periodistas informan sobre las medidas de precaución, la dramatización de la crisis, casi siempre alimentada por mensajes enviados por las élites políticas, tiende a ser característica habitual en el discurso de los medios de comunicación.

Mientras continua la pandemia del coronavirus (COVID-19), es prematuro sacar conclusiones rápidas y contundentes sobre el cómo se le está dando cobertura por los medios de comunicación en Occidente, pero pueden ofrecer algunas ideas preliminares.

Sus respuestas son mejor evaluadas en dos fases: el brote de coronavirus en China y su rápida y amplia propagación a través de todo Occidente. Durante la primera fase, la mayoría de los medios de comunicación occidentales definieron el problema como exclusivamente de China y situaron sus noticias dentro del contexto de las tensiones chino-occidentales. El coronavirus fue visto como una oportunidad para criticar al gobierno chino, condenar sus prácticas y abogar por la libertad de los medios de comunicación en lugar de centrarse en las posibles repercusiones a la salud pública mundial. Los periodistas occidentales atribuyeron las medidas tomadas en China para contener el virus, tales como el cierre de la región de Wuhan, a su  muy diferente sistema político de Occidente. Cuando el miedo fue expresado, este tuvo que ver con las posibles consecuencias para la economía mundial. La evaluación realizada por el secretario de comercio de los Estados Unidos Wilbur Ross, de que el brote de coronavirus en China pudiera acelerar el regreso de empleos hacia Norteamérica no generó mucho optimismo en el discurso de los medios de comunicación.

Para sorpresa de nadie, el brote del coronavirus provocó desacuerdos entre Washington y Pekín. A comienzos de febrero, el diario The Wall Street Journal publicó un artículo del académico estadounidense Walter Russel Mead, “China es el verdadero enfermo de Asia”, que enfureció tanto a Pekín que exigió disculpas. (Mead respondió que se hacía responsable del contenido de su artículo de opinión pero no del título, habiendo sido este seleccionado por los editores).

A mediados de febrero, los Estados Unidos presionaron más a China al anunciar que trataría a las cinco principales agencias de noticias estatales chinas que operaban en el país como misiones extranjeras. Como resultado, estas agencias tendrían que registrar a sus empleados y propiedades en el Departamento de Estado. Casi al mismo tiempo, la cancillería china anunció que revocaría las credenciales de prensa de tres de los reporteros del Wall Street Journal que trabajan en Pekín. Ya sea que los dos anuncios estén o no directamente vinculados, reflejan acciones de sospecha mutua.

Si la primera fase de la pandemia del coronavirus fue relativamente fácil y segura para la mayoría de los medios de comunicación en Occidente, la segunda fue y continúa siendo, mucho más complicada y emocional. Italia ha estado sufriendo desde mediados de febrero y se ha producido una reacción en cadena en varios otros países europeos. En esta etapa, es fácil ver la tendencia tradicional de los medios de comunicación para amplificar el riesgo. La académica de los medios de comunicación Karin Wahl-Jorgensen señala la utilización de un lenguaje pavoroso y aterrador en los medios de comunicación británicos, incluyendo la frase “virus asesino”. En respuesta a esta tendencia de los medios de comunicación, la Organización Mundial de la Salud publicó una guía para prevenir el estigma social. La guía fomenta la difusión de hechos y la narración de historias comprensivas mientras se desafían mitos y estereotipos.

Un análisis de las portadas de tres diarios italianos, Il Corriere della Sera, La Repubblica y La Stampa, durante las tres semanas del 20 de febrero al 10 de marzo revela tendencias interesantes en sus coberturas. En los primeros días, los diarios ignoraron casi por completo el coronavirus, centrándose en cambio en otras historias tales como los ataques de Hanau en Alemania. A medida que se dieron cuenta gradualmente de la gravedad de la situación, comenzaron a publicar imágenes de hospitales e informaron sobre medidas urgentes del gobierno para bloquear la parte norte de Italia y luego todo el país. Solo después de que el número de víctimas aumentó drásticamente, los tres diarios pusieron todo el énfasis en aconsejar a los lectores en cómo protegerse y enfatizaron la importancia de quedarse en casa y cumplir con los reglamentos.

Posteriormente, la mayoría de las historias han abordado la dimensión sanitaria del problema y sus ramificaciones económicas, las capacidades hospitalarias, el heroísmo de los médicos, la dificultad que tienen los ciudadanos para satisfacer sus necesidades básicas y algunas consecuencias sociales, tales como revueltas limitadas en las cárceles. El gobierno italiano fue muy criticado hasta cierto punto por no haber puesto en cuarentena a los viajeros que regresaban a Italia desde China. Sin embargo, la cobertura no fue politizada, con la excepción de algunos artículos que aparecieron después de las llamadas de Matteo Salvini a finales de febrero al Primer Ministro Giuseppe Conte para que renuncie. La cobertura de los diarios italianos reflejaba un sentimiento de unidad nacional, especialmente en el mes de marzo.

Los medios de comunicación italianos proporcionan un ejemplo para otros medios de comunicación occidentales de cómo evitar la alta politización durante una pandemia. Sin embargo, los principales medios de comunicación estadounidenses pudieran no ser capaces de absorber esta lección, ya que la agenda apasionadamente anti-Trump en gran parte de los medios de comunicación no puede ser fácilmente controlada. Dicho esto, la politización no es el mayor riesgo de los medios de comunicación durante la crisis. Mucho más graves son la mala información y la desinformación.

A diferencia de las anteriores crisis de salubridad pública, la pandemia del coronavirus está evolucionando en medio de un flujo casi totalmente descontrolado de noticias falsas. Las redes sociales facilitan su difusión. Mientras que el debate sobre las noticias falsas hasta ahora ha girado principalmente en torno a su supuesto impacto en el proceso político, la discusión actual es diferente. La información inexacta cultiva ilusiones sobre curas inexistentes y puede engañar a ciudadanos desesperados a que compartan datos personales con portales altamente maliciosos.

Los medios de comunicación tradicionales en la red tendrán una responsabilidad cada vez mayor en las próximas semanas de exponer estas actividades y difundir información objetiva provista por las autoridades de la salud. Esto también es cierto para las compañías tecnológicas como Facebook y Twitter, que necesitan mejorar sus políticas de verificación de datos y hechos.

 

El Dr. George N. Tzogopoulos es investigador asociado en BESA, profesor de la Universidad Democritus de Tracia y profesor visitante del Instituto Europeo de Niza.

 

Comentarios

Recientes

spot_img

Artículos Relacionados

Donaciones

 

En “Hatzad Hasheni” seguimos produciendo contenidos verdaderos y confiables para que te sigas sintiendo orgulloso de lo que eres…

¡Ayúdanos ahora con tu donación!

¡Súmate al proyecto que modifica percepciones!

CLICK AQUI PARA DONAR

Gracias por donar en este importante proyecto de diplomacia publica.