El camino largo y el corto: Los caminos posibles de Irán para lograr su bomba – Por Avner Golob (INSS)

El Acuerdo de Viena entre los grandes poderes e Irán pretende impedir que Irán adquiera armas nucleares. Aunque lo que hace es reducir la posibilidad de que esto suceda durante la próxima década, no elimina por completo la posibilidad de que Irán alcance su bomba ya que fija una ruta alternativa en el camino hacia la bomba. Siendo así, aumenta la probabilidad de que esto suceda en la segunda década del acuerdo. Atacar el programa nuclear de Irán requerirá evidencias concluyentes de violaciónes iraníes y una amplia legitimidad internacional. El tiempo necesario para que estos dos elementos se concreten no necesariamente estará a disposición del gobierno estadounidense cuando decidan detener a un Irán que decida “saltar” hacia la bomba. Debido a esta amenazante realidad, los Estados Unidos deberían desarrollar una respuesta apropiada. En primer lugar, deben restaurar la credibilidad de la opción militar quirúrgica. En segundo lugar, se debe actuar con decisión para detener el programa de misiles de Irán antes de que éste país obtenga la capacidad para lanzar misiles con cabezas nucleares. En cuanto a Israel, se debe avanzar hacia un acuerdo paralelo entre ella y los Estados Unidos, centrándose en planes de coordinación en caso de violaciónes, por parte de Irán, y fortalecer la cooperación de inteligencia entre ellos, para cerrar “agujeros” en la supervisión del programa nuclear de Irán.

 

El Acuerdo de Viena no elimina por completo la posibilidad de que Irán alcance una bomba nuclear sino que presenta una ruta alternativa en el camino hacia la bomba y, por lo tanto, aumenta la probabilidad de que éste escenario se produzca en la segunda década del acuerdo. Por lo tanto, parece que el título elegido para el libro del ministro de Defensa israelí, Moshe Yaalon, es apropiado (“Un largo camino corto”) para describir la estrategia nuclear adoptada por Irán cuando se firmó este acuerdo nuclear.

Hasta la firma del acuerdo, Irán tenía dos rutas a través de las cuales podía adquirir armas nucleares. Una pista era la “Romper hacia una bomba”, es decir, invertir todas sus capacidades para cruzar el umbral nuclear. Desde el comienzo del desarrollo del programa nuclear de Irán, la probabilidad de este escenario fue muy baja. Los iraníes han aprendidos las lecciones de Corea del Norte y de Irak por lo que desarrollaron una estrategia para obtener de forma más segura – no la más corta – una bomba. El programa nuclear de Irán ha progresado en la última década maniobrando cuidadosamente entre las restricciones políticas – tanto internas como internacionales. Sólo en el caso de una amenaza existencial para el régimen o en caso de una crisis internacional, que sea captada como una pequeña ventana de oportunidad con bajo riesgo… Irán se desviará de su estrategia cuidadosa para abrirse rápidamente hacias las armas nucleares.

Un Acuerdo Nuclear, que alarga el tiempo para abrise hacia una bomba de varios meses a un año aumenta el listón para evitar que Irán “rompa hacia una bomba” aunque de todos modos no es una respuesta adecuada para el peligro de que efectivamente obtengan esa bomba. Según el acuerdo, las violaciónes iraníes serán tratadas como parte de dictados multilaterales y solamente así provocarán la reimplatanción de las sanciones. Sin embargo, la aplicabilidad de esta opción es “cuestionable” a la hora en la que los iranies decidan lanzarse hacia la bomba: las sanciones económicas, que, naturalmente, necesitan mucho tiempo para ejercer su influencia, son armas cuya eficacia suele ser más bien limitada, especialmente si el régimen iraní siente amenazada la supervivencia de su régimen. Esto puede demostrar que el  mecanismo de sanción internacional previsto no sea eficaz bajo tales circunstancias, especialmente si la comunidad internacional está ocupada con otra crisis. Además, existe el peligro de que cuanto más desarrolle sus investigaciones nucleares y perfeccione sus centrifugadoras avanzadas de forma más eficaz, mayor sea el peligro de que el régimen iraní, cuando se sienta amenazado o cuando sienta que cuenta con una oportunidad con bajos riesgos, opte por romper hacia una bomba.

La segunda ruta es “arrastrárse hacia la bomba”, con actividades nucleares clandestinas, en paralelo a las actividades declaradas, diseñando todo para acortar la distancia en el borde del abismo nuclear, por lo que podrían cruzar rápidamente el proceso con una reducción sustancial de los riesgos asociados. De hecho, así se ha comportado Irán a lo largo de los años. Debido a que ésta estrategia es más lenta que la ruta de “Romper hacia la bomba”, el acuerdo nuclear actual le ofrece una mejor respuesta. Sin embargo, la respuesta está lejos de ser ideal. Dentro de esta estrategia es probable que Irán impulse una política de infracciones escalonadas, por las cuales va a examinar la vigilancia de la comunidad internacional así como el tiempo que les toma reaccionar. El Acuerdo nuclear no define ni determina un patrón de respuestas automáticas a violaciónes “menores”, sino que condiciona la visita de inspectores del OIEA en sitios no declarados, sospechosos de realizar actividades nucleares, siempre dependiendo de la aprobación de Irán y cumpliendo un mecanismo de aplicación, que requiere que al menos un país actúe para reimplantar las sanciones. Y entonces se cuestionará la disposición estadounidense para hacer cumplir el acuerdo, incluso cuando deban ellos enfrentarse a una resistencia esperada por parte de Rusia y China. Durante las negociaciones con Irán, los Estados Unidos alegaron que las sanciones sin un consenso llevarían al colapso en la práctica de todo el marco de sanciones y es de temer que en el futuro se concretará dicha evaluación.

Por tanto, parece que todo el acuerdo ofrece respuestas limitadas a las dos rutas potenciales para la nuclearización de Irán. Peor aún, le permite el avance a través de una tercera ruta y es la mixta… la de “arrastrarse y romper hacia la bomba”. Si durante la primera década del acuerdo el gobierno iraní no decide arriesgarse y cruzar el umbral nuclear, puede hacerlo en la segunda década tomando un riesgo mínimo. Irán será capaz (en el marco del acuedo) de ampliar gradualmente el alcance de su programa nuclear hasta la eliminación de la restricción impuesta después de otros cinco años suplementarios. Así se reducirá “a cero” el tiempo de “ruptura hacia la bomba”, como afirmó el presidente Obama.

Si eso ocurre, la voluntad de Estados Unidos para detener a Irán será fundamental, y en particular, la capacidad misma de los Estados Unidos para ejercer una opción militar en muy poco tiempo. El presidente Obama afirmó recientemente que los logros que podrían obtenerse de una opción militar eran limitados y que lanzar una operación militar daría lugar a una guerra en el Medio Oriente. ¿En la segunda década de este acuerdo existirá una opción militar real?, ya que el uso de la misma puede revelarse como la única forma de impedir que Irán se haga con bombas nucleares… ¿Será entonces más atractiva o posible esa opción entonces de lo que lo es hoy? No es seguro. Atacar el programa nuclear de Irán, en el marco de un acuerdo basado en una legitimidad internacional, requerirá evidencia concluyente de violaciónes iraníes y una amplia legitimidad internacional. La recopilación de pruebas y la movilización del apoyo internacional requerirá tiempo, que seguramente no estará a disposición del gobierno estadounidense a la hora de detener a Irán cuando ese régimen decida “saltar” hacia la bomba.

Frente a esta amenazante opción, los Estados Unidos deberían desarrollar una respuesta apropiada. En primer lugar, restaurar la credibilidad de la opción militar quirúrgica. Incluso si la evaluación de la actual administración estadounidense es que el uso de la opción militar va a provocar una guerra… se debería reconsiderar nuevamente lanzar declaraciones en este sentido ya que la ausencia de una amenaza militar debilitan la validez del acuerdo nuclear. Irán tampoco está interesada en una escalada y una confrontación militar regional y menos en un enfrentamiento militar directo con los Estados Unidos. A diferencia de la reacción de Irak y Siria ante el ataque de sus instalaciones nucleares, es de esperar que Irán responda, pero como ha sucedido hasta ahora en el ámbito nuclear, es de suponer que su reacción será medida y cautelosa.

En segundo lugar, y como componente complementario al acuerdo nuclear con Irán, debemos actuar con decisión para detener el programa de misiles de Irán antes de que ese país obtenga la capacidad para empaquetar misiles balísticos con ojivas nucleares. Si Irán logra desarrollar una bomba nuclear a pesar de los dictados del acuerdo nuclear, mejorar su programa de misiles es el último obstáculo en el camino para convertirse en una potencia nuclear. El acuerdo firmado entre las potencias e Irán no proporciona una respuesta frente al programa de misiles de Irán, sino que explica que las sanciones correspondientes se eliminarán tras ocho años. Limitar el programa de misiles podría evitar una decisión de Irán de cruzar el umbral nuclear, ya que esta limitación no le permitiría traducir su capacidad tecnológica nuclear en una capacidad militar nuclear operativa.

En cuanto a Israel, su capacidad de actuar para enfrentar ahora estas tres rutas posibles del programa nuclear de Irán – es limitada. Eso sí, hay que avanzar hacia un acuerdo paralelo entre Israel y los Estados Unidos, centrándose en planes creíbles para la acción concreta en caso de violaciónes del acuerdo y el fortalecimiento de la cooperación de inteligencia entre ellos, para cerrar los “agujeros” en la supervisión del programa nuclear de Irán. Por otra parte, la restauración de la confianza en la existencia de una opción militar israelí, junto con el regreso relevante de una opción militar estadounidense, fortalecería la eficacia del acuerdo nuclear aumentando la “disuasión” y reduciendo la posibilidad de tener que utilizar dicha opción militar. De este modo será posible aumentar las posibilidades que también el camino más largo de Irán hacia una bomba, ese que llamamos “arrastrarse hacia la bomba”, sea bloqueada.

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