El acuerdo con Irán un año después: La mecha sigue ardiendo – Por Mayor General (Ret.) Yaakov Amidror

RESUMEN: Un año después, se puede decir claramente que las conversaciones en materia nuclear reversaron las relaciones de poder a favor de Irán, en donde Estados Unidos perdió una oportunidad histórica de desmantelar la capacidad nuclear de Irán. En su lugar, el acuerdo dejó a Irán con plena capacidad respecto al enriquecimiento de uranio – sólo a una escala reducida y sujeta a una vigilancia cuestionable. Cuando expire el acuerdo, Irán tendrá la posibilidad de establecer un sistema de enriquecimiento de uranio extremadamente rápido y su capacidad para alcanzar la cantidad de material necesario para construir un arma nuclear se habrá multiplicado diez veces. Irán también puede continuar desarrollando misiles pesados de larga distancia – sin ninguna oposición global, ni sanciones.

Un año después, yo no he cambiado de opinión sobre los contornos altamente problemáticos del Plan Integral de Acción Conjunta – PIDAC que la administración estadounidense y sus aliados concluyeron con Irán.

Sigo creyendo que los Estados Unidos perdieron una oportunidad histórica para utilizar su clara ventaja al inicio de las negociaciones para alcanzar logros más significativos. Un trato mucho mejor pudo haberse logrado respecto al desmantelamiento de la capacidad nuclear de Irán y también en cuanto a la lucha por impedir que otros países se conviertan en potencias nucleares. Irán fue el lado débil en las negociaciones, pero los Estados Unidos no utilizaron apropiadamente las cartas que poseía, realizando concesiones en lugar de extraérselas.

Antes del acuerdo, los Estados Unidos, junto a Israel, lideraron un frente unido que colocó a la mayor parte del mundo en contra de Irán. La situación económica allí se deterioró al punto que los iraníes se vieron obligados a entrar en negociaciones con el principal objetivo de levantar las sanciones. Los Estados Unidos cometieron errores que los llevaron a sentirse obligados a alcanzar un acuerdo y los iraníes entendieron que los Estados Unidos creían que no tenían otra opción sino el alcanzar un acuerdo. Las relaciones de poder en las negociaciones, por lo tanto, se invirtieron a favor de Irán y sus representantes se aprovecharon de esto muy hábilmente.

Con el acuerdo, los Estados Unidos fueron capaces de afirmar un magnífico e inmediato logro: Irán se comprometió a sí mismo a retirar la mayor parte de su uranio enriquecido (suficiente para cuatro bombas) de su territorio. Irán lo hizo y se aferra ahora a una cantidad mínima de material enriquecido hasta que el acuerdo expire (o hasta que viole los términos del acuerdo). Esto es un alivio, ya que Irán ha, por el momento, perdido su capacidad de “dar el salto” para obtener una bomba nuclear en un período relativamente corto de tiempo. Por otra parte, el acuerdo ha eliminado temporalmente la capacidad de Irán para producir plutonio. Este no puede, por lo tanto, adulterar una ruta de plutonio en lugar de uranio enriquecido y dirigirlo hacia las armas nucleares.

El acuerdo le ha comprado claramente a Israel y al mundo algo más de tiempo. Entonces, ¿qué hay de malo en ello?

Los Estados Unidos hicieron una concesión fundamental durante las negociaciones. En lugar de exigir desmantelar la capacidad nuclear iraní, los Estados Unidos dejaron a Irán con su plena capacidad respecto al tema del enriquecimiento de uranio – sólo a una escala reducida y sujeto a una estricta supervisión. No está nada claro que el monitoreo se haya vuelto de hecho, más estricto – lo opuesto pareciera ser el caso. Peor aún, el acuerdo le permite a Irán avanzar en dos campos importantes relacionados a su futuro en materia nuclear.

Primero, Irán puede continuar desarrollando la próxima generación de centrifugas para el enriquecimiento de uranio. Una vez que pasa a través de las etapas de investigación y prueba (que se espera duren tanto como el acuerdo), la próxima generación le permitirá a Irán enriquecer uranio a un ritmo de 10 o 20 veces más rápido que la generación actual. Cuando expire el acuerdo, Irán tendrá la posibilidad de establecer un sistema de enriquecimiento de uranio extremadamente rápido y su capacidad para alcanzar la cantidad de material enriquecido necesario para obtener un arma nuclear se habrá multiplicado diez veces.

Segundo, Irán puede continuar desarrollando misiles pesados a larga distancia. Los misiles en cuestión pueden cargar y llevar más lejos las armas nucleares, lanzar bombas más grandes y atacar objetivos con mayor precisión. Irán está llevando a cabo pruebas que demuestran que está avanzando en este campo de una manera ordenada.

Pero el mayor problema con el acuerdo radica en el hecho de que a Irán se le ha dado legitimidad de mantener, desarrollar y avanzar por el camino al enriquecimiento de uranio después del acuerdo. Esta legitimidad le permitirá que Irán acercase más a una bomba nuclear para el momento en que el acuerdo expire.

Los defensores del acuerdo se jactan por los pocos años de retraso, señalando que los iraníes tenían una capacidad similar antes del acuerdo. Pero este argumento es falso. La capacidad de Irán no era nada similar cuando la mayor parte del mundo aplicaba presión e imponía sanciones debilitantes sobre su economía.

Al final del acuerdo, los iraníes tendrán la misma capacidad, pero sin una oposición global y ciertamente sin sanciones. Quince años pueden parecer mucho tiempo para un presidente o un primer ministro quien se encuentra enfocado en su período en el cargo, pero al caso es como un abrir y cerrar de ojos para una nación. Esto es particularmente cierto ya que una vez que expire el acuerdo, el tiempo de arranque de los iraníes puede ser más rápido que el tiempo de reacción necesaria para detenerlos gracias a las avanzadas centrifugas que poseen.

El alcance de los daños por el acuerdo es todavía más agudo. Este ha convertido a Irán en una superpotencia que aspira a convertirse en un factor de influencia importante en todo el Medio Oriente. Este no es un nuevo objetivo para Irán, pero ahora que se percibe como el país que hizo doblegar a Estados Unidos a su voluntad, Irán se ve a sí mismo de manera diferente y es visto de manera diferente por los demás. Irán se vuelve cada vez más fuerte militarmente, gracias a la adquisición de armas modernas; económicamente, gracias a las grandes inversiones y por la obtención de grandes contratos de compra con países alrededor del mundo; y políticamente, ya que ahora posee ambos la inmunidad adquirida por el acuerdo y mucho más dinero con el cual financiar a sus emisarios, desde Hezbollah hasta Hamás.

Bajo este contexto, el principal acuerdo que Irán realizo con Boeing es de inmensa importancia, ya que se realizó en el importante campo estratégico de la capacidad de transporte por aire – no sólo para los turistas, sino también para el ejército y las armas. El que una importante empresa estadounidense como Boeing les abriera la puerta hizo que fuese mucho más fácil para Irán contactar a otras empresas alrededor del mundo. Si los Estados Unidos pueden venderle aviones a Irán, otros países pueden venderle cualquier cosa. Los intereses generados por acuerdos como estos evitarán cualquier posibilidad de regresar al régimen de sanciones. Es casi una póliza de seguro iraní contra cualquier iniciativa futura de sanciones.

Israel no puede permanecer indiferente a las consecuencias del acuerdo. Tal como resultó que, los Estados Unidos estaban decididos a no utilizar la opción militar, contrario a sus promesas. Si Irán va por la bomba, Israel, por lo tanto, será la que tenga que estar preparada para actuar de forma independiente. Los esfuerzos para ocultarle las negociaciones a Israel, el eludir los compromisos y el resultado final de las negociaciones justifican el pesimismo en Jerusalén.

Sin embargo, es posible que el enfoque de Washington pudiese cambiar. A este fin, Israel debe construir una relación de trabajo cercana con el gobierno estadounidense que entrará en vigencia en los próximos seis meses. Israel y los Estados Unidos deben establecer grupos de trabajo conjuntos con la responsabilidad de identificar cualquier violación al acuerdo en materia nuclear. Las reglas que entran en juego deben ser determinadas si el acuerdo es violado o si Irán comienza a edificar su poder cuando el acuerdo expire.

Irán es el único país que posee el potencial de ser una amenaza a la existencia de Israel. Israel no tiene otra alternativa sino prepararse para la posibilidad de que tenga que eliminar esa amenaza por su cuenta si tal potencial se presenta como un hecho. Al mismo tiempo, Israel debe tratar de reclutar a los Estados Unidos para que se una a este esfuerzo tremendo.

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Nota del editor: Esta es una versión editada ligeramente del editorial escrito por el General Amidror que apareció en el diario israelí Hayom el 15 de julio, 2016, dos semanas antes de que el Presidente Obama comentara (el 5 de agosto) que “incluso Israel”, admite que los Estados Unidos estaba en lo cierto en firmar el acuerdo en materia nuclear con Irán.

El General Amidror fue Asesor de Seguridad Nacional del Primer Ministro de Israel hasta hace dos años y medio y jugó un papel importante en el diálogo entre Jerusalén y Washington sobre el cómo confrontar el empuje sobre el tema de las armas nucleares de Irán. La opinión que este expresa aquí probablemente presenta de una manera muy sobria las perspectivas de muchos expertos en defensa israelí y en los círculos diplomáticos respecto el acuerdo con Irán – incluso ahora.

El Mayor General (Ret.) Yaakov Amidror es un Destacado Compañero de Anne y Greg Rosshandler en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Este es también miembro distinguido en el Centro Gemunder JINSA para la Defensa y Estrategia.

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