Disputas en el Monte del Templo – ¿Qué está sucediendo en Jerusalén? – Nadav Shragai (Israel Hayom – 24/10/2014)

El dinero proviene de Qatar y de Fondos islamistas. La rama islámica del norte de Israel, liderada por Raed Salah, paga miles de dólares a cada uno de los que participan en los disturbios en el Monte del Templo. Los alborotadores convirtieron la mezquita de Al-Aqsa en un refugio en donde duermen. Las mujeres contrabandean bajo sus faldas fuegos artificiales los cuales son disparads contra la policía israelí. En el Monte del Templo todos colaboran con todos: la OLP (Fatah), Hamás y la rama norte del Movimiento Islámico, cualquier cosa para detener la expansión de las visitas de los judíos al Monte. El Ministro de Seguridad Pública de Israel está estudiando la posibilidad de cerrar temporalmente el Monte para los musulmanes hasta que los judíos no puedan visitar el lugar con seguridad. En conversaciones privadas con el Waqf (el administrador musulmán del lugar) les insinuaron: Usted está jugando según las reglas de extremistas judíos: La continuación de la violenacia podría conducir a la división de las visitas en el Monte, como en la Cueva de Macpela (Hebrón). El volcán del Medio Oriente se calienta.

Este es el problema en el Monte del Templo de Jerusalén: Dinero de Qatar y de Fondos islámicos en todo el mundo son donados a la rama norte del Movimiento Islámico. Los miembros del Movimiento, encabezados por el “Jeque de Al-Aqsa”, Raed Salah, pagan miles de dólares al mes a cientos de mujeres y hombres, miembros de los grupos Murbitat (los y las que se sitúan en las barricadas), que se ubican durante meses en el Monte del Templo. Aparentemente, se trata de grupos inocentes de estudio que se “encierran en el Templo” para profundizar en las escrituras del Islam. En la práctica, esto es algo completamente distinto.

 

Cada judío que visita el Monte los conoce. Se trata de coros de mujeres y hombres que maldicen e insultan, estallan a los gritos de “Allahu Akbar” rodenando a los grupos judíos que visitan el Monte. A veces los gritos agresores continuan durante horas. Las personas con nervios débiles tienen dificultades para hacer frente esto; incluso los policías en el Monte del Templo no siempre tienen éxito a la hora de mantener la calma. Los agresores instan a los visitantes judíos a acortar su recorrido establecido en un tiempo mínimo, lo más importante es salir de ese lugar de forma segura. Esto es lo que está sucediendo durante más de un año, en donde las visitas de los judíos al Monte se han convertido en algo extremadamente limitado.

En los últimos meses se ha producido una importante escalada, y en el horizonte no se ve ningún cambio a la vista. Ya no se trata solamente de gritos y maldiciones. La Mezquita de Al-Aqsa se ha convertido en un refugio de alborotadores y en un depósito de armas livianas – piedras, maderas, barras de hierro y cócteles molotov. Lo último, al igual que en otras zonas de Jerusalén, son los fuegos artificiales. Los musulmanes disparan (los fuegos) directamente contra los policías y los visitantes judíos. Frente a eso, las visitas de los judíos en el Monte del Templo se han ampliado en los últimos tiempos. Estas visitas, debe de enfatizarse, se producen legalmente. A diferencia de los rezos judíos en el Monte, los cuales los gobiernos israelíes han prohibido, el libre acceso en el Monte debería asegurarse.

Durante ésta última semana de Sucot se han producido nuevos registros de violencia. Una herida con fuegos artificiales en el cuello puede ser una herida grave y hasta matar. Afortunadamente, hasta el momento no ha ocurrido, pero policías han sido heridos por los fuegos artificiales, y hasta han sido hospitalizados. Los fuegos artificiales, que contienen polvo explosivo negro, han sido comprados subvencionados por funcionarios del Hamás y de Fatah. Los fuegos son metidos a escondidas en las ropas de las mujeres musulmanas. Por respeto, nadie revisa los interiores de las prendas. Los manifestantes llegan al Monte un día o dos antes de que la policía decida restringuir a la edad adulta a los fieles a los que se les permite entrar en el Templo. Cuando la “dilución” es activada, en el idioma policial, los manifestantes ya se encuentran allí en las profundidades de la mezquita, tras haber dormido allí una noche o dos.

El fuego es avivando en conjunto por el Fatah y Hamas. Sus miembras se ubican juntos en los grupos de los Murbitat. El Monte del Templo es para ellos el corazón del consenso. Mahmud Abbas, que ésta semana volvió a incitar cuando llamo a evitar que los judíos contaminasen la mezquita de Al-Aqsa entrando a la Mezquita Sagrada (los musulmanes denominan a todo el complejo como la “Mezquita”). Abbas recita mantras repetidas, que son enunciadas desde hace años por los clérigos musulmanes de todo el mundo.

Desde principios del siglo pasado y durante los días de “Gran Mufti”, especialmente después de la Guerra de los Seis Días, los musulmanes siguen repitiendo que Judios están conspirando para construir su “antiguo templo imaginario”, y que profanan con su mera presencia la islamidad de la ciudad. La leña que agregan al fuego se resume en el lema: “Al-Aqsa está en peligro”. Lo absurdo es que el dedo acusador se dirige directamente al Estado de Israel y al gobierno del país que, de hecho, es quien ha depositado el complejo a manos del Waqf musulmán quien es quien prohíbe que los judíos puedan rezar allí.

Pero “los hechos” no ocupan un lugar central en esta saga, y las mentiras y las fabricaciones imaginarias toman control en el discurso. De acuerdo con la versión árabe, Israel excava bajo los cimientos de la mezquita para provocar su colapso; Israel se prepara para bombardear con misiles la mezquita; Israel iniciará un terremoto artificial que derribar la mezquita; Israel producirá un rayo artificial para destruir la mezquita.

A ojos de los musulmanes hay una conexión entre el “Al-Aqsa está en peligro”, los “judíos contaminan la islamidad de Jerusalén” y los miles de judíos que desean visitar el Templo. Cuando se trata de turistas o de judíos laicos las visitas de desarrollan generalmente de forma normal. Cuando se trata de judíos que son visiblemente religiosos ortodoxos, o incluso si esos visitantes se comportan de forma disciplinada y son de lo más inocentes, los musulmanes enloquecen. Aquí no hay divergencias ni controversias. Las personalidades centrales en el Monte del Templo como Najah Bekiat, afiliado al Hamás, o Adnan Giat (Secretario General de Fatah en Jerusalén) hablan en un mismo idioma, al igual que Raed Salah o como lo hacen los árabes isaelíes miembros del partido Balad, y ahora Mahmud Abbas. Incluso Jordania, la preferida de Israel en el Monte del Templo, que goza de un vínculo especial con Israel en asuntos relacionados con Al-Aqsa, no pueden darse el lujo de sentarse en el banquillo y se ha unido a la fiesta. La permanente coordinación con los representantes del Reino Hashemita y los frecuentes viajes de los agentes de policía hacia el palacio real, no han logrado suavizar las duras declaraciones inflamatorias en contra de Israel por parte de Jordania, en donde afirman que ellos son los que “permiten” a los judíos subir al templo.

La policía se ubica a la vanguardia a la hora de hacer frente a la compleja situación y a la  conflagración diaria que se vive en el Monte del Templo. Ella lleva a cabo numerosas detenciones y apenas permite que los judios visiten el Monte del Templo, en muchos casos, cierra la montaña para la visita de judíos. Ella también dialoga con el sistema legal israelí, intentando desesperadamente conseguir más herramientas para hacer frente a la situación. Los policías estarían felices si se impide, por completo, la entrada de las bandas Murbitat a la montaña deteniendo a los instigadores que llegan desde el triángulo árabe en la Galilea, pero debido a que se trata de ciudadanos israelies y no de residentes de la Cisjordania, no tiene la posibilidad legal de ejecutar esto. La policía tampoco comprende cómo es posible una situación en donde ciudadanos israelíes se registran como beneficiarios en paro, recibiendo dinero de la Seguridad Social, pero que reciben miles de dólares de dinero negro por mes (como ha sido escrito en un documento publicado por el Shin Bet – Shabak), pagados por el Movimiento Islámico a cambio de organizar motines organizados en el Monte del Templo.

La principal herramienta utilizada actualmente por la policía es una “dilución” significativa de las personas a las que se les permite visitar el templo (se suele permitir a mayores de 40 o 50 años). No ayuda mucho, ya que es complicado suponer que la policia podrá mantener por mucho tiempo dicha dilución, requiriendo desplegar sus fuerzas en una gran superficie y usando muchos oficiales que deben hacer frente a los disturbios que se desbordan desde el margen de la montaña de la ciudad vieja. Esta es la razón por la que se limita el desarrollo de los disturbios fuera en vez de dentro de la ciudad vieja.

A los largo de las muchas conversaciones que la policía israelí desarrolla, durante los últimos meses, con los líderes del Waqf se ha presentado de forma implicita el “Arma del día final”, no como una maneaza, sino como un análisis de la situación: “Ustedes”, dicen desde la policía, “los clérigos musulmanes, están provocando una situación en la que Israel tendrá que dividir las horas de entrada a la montaña – como en la Cueva de los Patriarcas (Hebrón) – entre Judios y musulmanes. Vuestra violencia incesante juega a favor de los extremistas judíos y puede llevarnos a una realidad así”.

Esta amenaza, que es un sueño de los movimientos del Monte del Templo y de muchos miembros de la Knesset, es problemática por varias razones. En primer lugar, en el marco de las realidades políticas internacionales, ningún gobierno israelí va a ejecutar esto. En segundo lugar, dicha amenaza es, para los musulmanes, una prueba de lo que han estado diciendo por años, sería una muestra del verdadero plan del Estado de Israel. Además, la amenaza no disuade a los miembros del Hamás y de la rama norte del movimiento islámico, por el contrario, sólo alimenta aún más el fuego. Además, la amenaza no se dirige hacia la dirección correcta. El Waqf jordano está justamente lejos de ser los autores o impulsores de los disturbios en el Monte, sino que son los miembros del Hamás, Fatah y el movimiento islámico Israelí. Quizás por eso el Ministro de Seguridad Pública, Yitzhak Aharonvitch, decidió ésta semana blandir otra espada al anunciar que consideraría cerrar temporalmente el Monte para los musulmanes, si los judíos no podían visitar el Monte de forma segura. Otra opción que se contempla entre bastidores es romper una prohibición que la policía se había autoimpuesto, entrando a la mezquita de Al-Aqsa, que se ha convertido en un bastión y refugio de dichos alborotadores.

Hablamos esta semana con tres: dos son jefes de la policía jubilados – Arieh Amit, ex comandante del distrito de Jerusalén, con David Tzur, ex comandante de la Policía de Fronteras y del SWAT israelí y ahora diputado del Partido HaTnuá (Presidente de la Subcomisión de la Knesset que examina el ascenso de los judíos al Monte del Templo), y con Avi Dichter, ex jefe del Shin Bet (Shabat) y ex ministro de seguridad interna. Amit cree que se debe entrar a la fuerza a la Mezquita, Tzur está de acuerdo con cerrar el Monte para los musulmanes durante un tiempo. Dichter se opone a esto y a aquello.

La posición de Amit es fascinante, aunque sólo sea por la última transformación ocurrida desde que sirvió en Jerusalén. Amit casi está enojado con los políticos que “engañan al público ya que repiten una y otra vez que el Monte del Templo está en nuestras manos, lo que es un engaño y un fraude. Se trata de una declaración hueca, sin cobertura. El Estado de Israel no es soberana en el Monte del Templo. Es verdad que hay presencia policial, pero ella es limitada…”. Amit nos recuerda que en el último Ramadán quemaron de nuevo la estación de policía en el Monte del Templo, “después de que el jefe de la policía local decidió sacar a sus agentes del lugar. ¿Qué país en el mundo afirma su soberanía sobre el Monte del Templo pero permite la quema de una bandera que es el símbolo de su soberanía, y en su lugar colocar una bandera del Hamás?”, se pregunta. “En el Monte se lleva a cabo el robo de antigüedades, la destrucción de antigüedades y la construcción ilegal… y todo lo que te puedas imaginar y no imaginar mientras que la Autoridad de Antigüedades de Israel y las autoridades nacionales no levantan un dedo”. “Ahora”, agrega Amit, “jóvenes jerosolimitanos utilizan la mezquita de Al-Aqsa cínicamente y la han convertido en la base para los ataques contra la policía, contra visitantes y turistas – y es un enorme almacén de municiones. No hay ninguna razón para evitar que la policía entre allí, se deben ejecutar arrestos y tratar con ellos con la mayor severidad posible”.

Amit recuerda un viernes como Comandante del Distrito de Jerusalén. “Recibimos una lluvia de piedras, y luego disparamos gas lacrimógeno dentro de la mezquita Al-Aksa… al cabo de unos minutos estaban en cuatro patas y les detuvimos. Este método sigue siendo bueno hoy en día, sólo que hay miedo de hacerlo. Si somos soberanos, por favor dejemos de tener miedo”. Amit, que se define como “laico”, también se muestra enojado con las limitaciones para las visitas de los judíos en el Monte del Tenplo, y cree que la decisión que les impide rezar en el Monte fue un error histórico siendo que ha llegado la hora de poner remedio: “Estamos pendientes de una especie de pobre excusa, la decisión original estaba pensada en prevenir que el rabino Shlomo Goren, rabino jefe militar durante la Guerra de los Seis Días, provocase revuelos en el Monte del Templo. Ha llegado el momento, si es que el Monte del Templo está en nuestras manos, de decirle al mundo que ese lugar sagrado no es sólo para los musulmanes, sino también para nosotros, fijando horas de oración para los judíos en el Monte, sin interferir por supuesto en los musulmanes”.

Acerca de la realidad actual dice Amit: “El jefe de la policía de Jerusalén no determina la política, la ejecuta. Yo sé eso porque estuve allí. Todo lo que el comandante quiere, y todo lo que quería yo en el momento de ser el comandante de Jerusalén, es regresar a casa en paz, sin pisar las minas que en Jerusalén están en todos lados. Pero si el jefe de la policía de Jerusalén recibe una llamada directa del Primer Ministro en donde le dice: asegurese que cada día 1.000 judíos suban seguros al Monte del Templo y haga lo que sea necesario para que esto suceda – se tratará de una decisión a nivel político”.

El Comisario retirado David Tzur desea recordar que el Monte del Templo ya experimentó períodos más difíciles que los actuales, con disturbios violentos, incluyendo muchas muertes en octubre de 1991. Hizo hincapié en que la policía irrumpe hoy en el Monte del Templo con mayor frecuencia que lo hecho en el pasado, y hace añicos el mito que afirma que “no se penetra en la mezquita”: “Es cierto que somos sensibles pero nunca hemos vacilado a la hora de entrar cuando es necesario, y si se necesita hoy, por favor que entren”, dice. Si los disturbios continúan, Tzur apoya el cierre temporal del Monte para los musulmanes. En el informe del comité bajo su presidencia él lo escribió en blanco y negro. “Se trata de una decisión de la jerarquía política”, subrayó, señalando, en contraste con Amit, que no está de acuerdo ni admitirá ningún cambio en el status quo diseñado por Moshe Dayan para el Monte del Templo, permitiendo a los judíos rezar en el Monte. Sin embargo, Tzur sugiere abrir el Monte para visitantes no musulmanes también los sábados, “como se hacía antes”.

Avi Dichter, el predecesor de Aharonvitch como Ministro de Seguridad Interna, considera que la entrada por la fuerza dentro de la Mezquita va a jugar a favor de los manifestantes. “Cuando uno entra a Al-Aqsa – tú sabes donde empiezas, pero no sabes dónde terminas”, dice Dichter, “llevar a cabo un enfrentamiento contra los manifestantes en Al-Aqsa es algo más conveniente para ellos. Espérales pacientemente desde afuera. Tú siempre tendrás más oxígeno que los que están adentro. Al final ellos saldrán. No se trata de una zona de entrenamiento, sino de una zona super sensible, religiosa y política, y se debe tener esto en cuenta”. Dichter también se opone el cierre del Monte para los musulmanes. “Podríamos interpretar esto como una táctica, pero en el mundo musulmán puede ser interpretado como una decisión estratégica. Es como si se cerrase la Kaaba en La Meca para la entrada del público. Me alegro que Aharonvitch simplemente está considerándolo y si escucha mi consejo, va a abstenerse de ejecutarlo”. 

La receta de Dichter para lograr la calma incluye la “dilución” a la entrada de los musulmanes en el Monte del Templo (no una prohibición completa) por períodos más largos que los que se usan hoy en día, un mes o más. “Dilución tambien de los materiales de combustión ubicados en el Monte”. Él lo define de la siguiente forma: “La dilución no de los materiales físicos, sino de la gente que causa problemas”.

Hasta que se decida de qué forma se apagará el fuego en el Monte del Templo, los judíos siguen, en número creciente, golpeando a las puertas del Monte y, con frecuencia, decepcionándose ante las puertas cerradas o, sin más remedio, conformándose con un recorrido abreviado y acelerado bajo la amenaza de los musulmanes y limitándose a las indicaciones de la policía.

Cabe mencionar que durante años el número de judíos que querían visitar el Monte era limitado. La razón: sentencias rabínicas casi abrumadoras que prohíbían a los judíos entrar en el Monte del Templo por motivos halájicos. Esta situación prácticamente ya no existe. El tabú se ha roto. Muchos rabinos, en su mayoría del sionismo religioso, cambiaron dicha sentencia. Los que rompieron el cerco fueron los rabinos del Consejo Rabínico de Judea y Samaria, cientos de rabinos. Ahora se ha registrado otro hecho significativo, cuando una corriente más pluralista y religiosamente moderada – los rabinos de la Casa Hillel – declararon abiertamente que “es inconcebible que los judíos que ascienden al Monte, respetando la ley de la Halajá, de acuerdo con las sentencias que lo permiten, deban sentirse humillados y se les impida orar allí”.

El rabino Ronen Neuwirth, rabino de la congregación en Raanana y CEO de Beit Hillel, pide que el mundo rabínico lidere un cuidadoso proceso, de manera responsable y con prudencia, con el fin de cambiar el status quo en el Monte del Templo, no por medio de la guerra, sino de forma pacífica. Neuwirth y 15 de sus seguidores ya han subido al Monte del Templo. El Rabino Dr. Jeffrey Wolf, de la Comisión de rabinos Beit Hillel, ve en éste desarrollo una “parte del renacimiento judío” afirmando que cuando uno sube al Monte se siente eufórico, por un lado, pero también cierta humillación: “como una persona nacida en el extranjero es humillante y agita todos los recuerdos desagradables relacionados con el antisemitismo y la hostilidad hacia los judíos. Lo que vi en el Monte es el odio que arde en los ojos de ellos y el miedo que tenían los policías. Para mí, como historiador, eso sólo demuestra una realidad: tenemos una confrontación con otra civilización religiosa, que para ellos nuestra presencia en el Monte no es menos que una ofensa contra Dios”.

El mayor cambio lo vemos en el perfil de los que suben al Monte “No se trata más de gente que es catalogada como desequilibrados mentales”, de acuerdo a la definición de Wolf, sino laicos o estudiantes de la Universidad Hebrea, que comenzaron a subir al Monte de forma constante. Estudiantes para el Monte del Templo es un movimiento organizado a través de Facebook y en donde se registraron aproximadamente 500 personas. Algunos de los activistas de “Im Tirtzu” pertenecen al grupo. Ofir Levin (26) describe a los participantes como un “público completamente mezclado, en su mayoría secular, no religioso, no nuevamente esos religiosos con largas barbas y kipá que quieren, incluso ellos, y con razón, entrar en el templo”. Hasta el momento, Levin subió al Monte 17 veces, y cada vez que lo hace dice sentirse humillado por las revisiones escrupulosas de los policías. “Yo fui un oficial en el ejército israelí, y cada vez me sacude de nuevo. Cuando estás arriba, eres acompañado por la policía y por la gente del Waqf, y todo depende del estado de ánimo ese día. Tu estás obligado a pegarte a las paredes exteriores del recinto. No se te permite subir a la superficie de la Cúpula de la Roca. No debes detenerte. No se debe reducir la velocidad. Constantemente te estan empujando, “Adelante, adelante, se trata de una historia degradante”.

¿Qué anda buscando un estudiante laico en el Monte del Templo?

Levin: “No se trata de una cosa religiosa, sino de un ascenso para demostra soberanía, la expresión nacional y la realización de los derechos humanos básicos en una zona que está en el corazón de la nación judía”.

También Rachel Touitou, nueva inmigrante de Francia, se encuentra en el grupo de estudiantes que suben al Monte. Las visitan le brindan, según dice, “un sentido de pertenencia”, pero últimamente, señala, “se han convertido en aterradoras. En Francia había antisemitismo, pero ver la cooperación entre la policía israelí y el Waqf, que vigilan ambos para que nadie murmure una oración… eso es horrible. El Monte del Templo es súper importante para mí. Este monte es Sión. Así he sido educada. El Kotel es solamente una escalera hacia el Monte. Dicen que somos extremistas. Nosotros no somos extremistas, somos judíos, que quieren ejercer lo que debería ser obvio… visitar al Monte del Templo”.

El cambio en el perfil de los que suben al Monte atrae incluso a los ortodoxos. También allí se van ampliando los círculos. Hace unos meses anunció el rabino Jaim Cohen, que él apoya el ascenso de judíos al Monte del Templo, con las limitaciones de la Halajá, la ley judía. Sentencias similares han sido publicadas por el Rabino Meir Mazuz, miembro del Consejo de Sabios de la Torá, el rabino Jaim Pesaj Hurwitz, rabino de Belz de Ashdod. Incluso los discípulos de Rabí David Jai Hacohen, de Bat Yam, han comenzado a ascender al templo con su permiso, a pesar de que su rabino se ha abstenido de hacerlo. El rabino Shmuel Eliyahu se posicionó claramente cuando expresó su apoyo a la iniciativa de los movimientos del Monte del Templo para construir una sinagoga en la montaña. Cientos de rabinos sionistas religiosos, rabinos de las ciudades, barrios, se encuentran entre los que apoyan el movimiento por  el Monte del Templo. Todos ellos apoyan de una u otra forma el ascenso al Monte, retrocediendo y retractando la antigua prohibición. Esta posición se contradice con la constante prohibición del Gran Rabinato de Israel y las voces que se escuchan desde el Mercaz Ha-Rab y entre los alumnos del Rabino Tau y Har Hamor.

Ese enorme cambio, relacionado con las sentencias rabínicas y la opinión positiva del público hacia dicho cambio, sólo intensifica el reto que actualmente debe hacer enfrentar la policía y el gobierno en relación con el Monte del Templo: por un lado, la búsqueda de una manera de calmar la situación en el campo musulmán y, por el otro, permitir que los judíos puedan ejercer lo que la ley y las decisiones del gobierno de Israel permiten: Visitar y entrar libremente en el Monte del Templo.   

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