Diez consejos para Israel… cuando negocie con Arabia Saudita y el mundo árabe – Por Teniente Coronel (Retirado) Dr. Mordechai Keidar

RESUMEN: Las especulaciones abundan sobre la posibilidad de una normalización en las relaciones bilaterales entre Israel y las naciones de la Península Arábiga (Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar). Si tales negociaciones se llevan a cabo, el gobierno israelí tendrá que abordarlas de manera tal que evite repetir los errores que se cometieron en los acuerdos de paz con Egipto y Jordania.

Al negociar con los sauditas y sus amigos, la regla número uno de Israel debería ser, dejar en claro que no pagará nada por la paz. Si los sauditas desean vivir en paz con Israel, extenderán su mano para ofrecerles paz a cambio. Pero eso es todo lo que obtendrán. No existe ningún otro tipo de acuerdo de paz. Si no desean la paz en dichos términos, entonces no hay nada más que discutir.

Cuando Israel negoció sus acuerdos de paz con Egipto y Jordania, su propia ignorancia a la cultura de negociaciones en el Medio Oriente le llevó a cometer errores atroces. Los siguientes son diez consejos esenciales para ayudar a Israel a negociar con los sauditas de una manera informada.(Nota: A partir de ahora, cuando escribo sauditas o Arabia Saudita, me refiero a todas las naciones de la Península Arábiga, tal como se indicó al comienzo del artículo, así como también cualquier otra nación árabe o islámica.

  1. Es de importancia suprema reconocer que los sauditas realmente no desean la paz con Israel. Si hubieran querido hacer la paz, se hubiesen unido a Anwar Sadat en 1979 o al Rey Hussein en 1994. Lo único que desean es la ayuda de Israel para enfrentar a su formidable archí-enemigo, Irán, ahora y en el futuro. Si no existiese tal amenaza iraní, la idea de una paz con Israel ni siquiera cruzaría por sus mentes. Una vez que la amenaza desaparezca, incluso si el precio es una guerra total Irán-Israel que resulte en bajas y destrucción de Israel, no existe certeza alguna que las relaciones entre Riad con Jerusalén continuaran siendo pacíficas.
  2. Israel no se irá a ninguna parte. Ha sido un miembro establecido de la comunidad internacional durante 70 años sin una paz con Arabia Saudita y puede continuar como estado por otros 7000 años sin esta. El deseo de una paz instantánea (tal como se expresa en la desastrosa consigna “Paz Ahora”) elevará el precio de dicha paz. Israel tiene todo el tiempo del mundo y no tiene motivos para sentirse presionado a hacer las paces con nadie. Tiene que recordarse a sí mismo, a los estadounidenses (quienes se ven motivados por la urgencia de los ciclos electorales) y al mundo en general, que la paz con los sauditas y los Emiratos no resolverá ningún otro problema del Medio Oriente, del mismo modo que los acuerdos de paz con Egipto y Jordania no hicieron nada para avanzar soluciones a ninguno de los otros problemas que enfrenta el Medio Oriente.
  3. La paz con Arabia Saudita debe estar totalmente libre de otras situaciones, particularmente una conexión palestina. En 1978, mientras me encontraba en Camp David, el Primer Ministro Beguin cometió un terrible error cuando aceptó la idea de ceder una autonomía palestina, otorgándole una fuerza policial fuerte. Esto allanó el camino al establecimiento de la Autoridad Palestina, que se transformó en un estado terrorista en Gaza y puede convertirse en otro estado terrorista en las colinas de Cisjordania, una extensión territorial que domina la mayor parte de Israel y tiene en la mira a la mayor parte del país. Si los sauditas desean la paz con Israel, entonces, que haya paz, sin vincular el asunto con ningún otro tema. Israel no está en lo absoluto interesado en vincular la paz con Arabia Saudita con ningún otro tema.
  4. Si los sauditas insisten en abordar el tema palestino, la respuesta de Israel en cualquier acuerdo de paz debería ser: “Si realmente desean ayudar a los palestinos, pueden construir ciudades y pueblos para ellos en Arabia Saudita”. Israel se sentirá encantado de compartir su experiencia en el establecimiento de nuevas comunidades y en el desarrollo de economías locales y de una infraestructura en beneficio de los residentes. “Cualquier referencia por parte de los sauditas a una solución diferente (con la excepción de la “solución del emirato”) debería hacer que la delegación israelí abandone las negociaciones.
  5. a) Israel reconocerá el régimen de la Casa de Saud en La Meca y Medina (aunque la familia no es originaría del Hijaz sino de Najd Highland) a cambio del reconocimiento saudita al derecho de Israel a Jerusalén como su capital histórica y eterna.
  6. b) Israel le otorgará reconocimiento a la autodefinición de Arabia Saudita como un estado islámico a cambio del reconocimiento saudita a Israel como estado judío, o como un estado perteneciente al pueblo judío.
  7. c) Israel reconocerá el derecho de la Casa de Saud a vivir en cualquier lugar de Arabia Saudita a cambio del reconocimiento saudita del derecho inalienable del pueblo judío a vivir en todo Israel, desde el Mar Mediterráneo hasta el Río Jordán.
  8. d) Israel no permitirá ninguna incitación contra Arabia Saudita en sus medios de comunicación. A cambio, los sauditas no permitirán incitación anti-Israel en los medios de comunicación sauditas. Esto es crucial respecto a Al-Jazeera en caso que Qatar se una a las negociaciones con Israel.
  9. Israel permitirá que su embajada en Arabia Saudita esté ubicada donde los sauditas deseen, siempre que estos acuerden ubicar su embajada en Israel donde los israelíes deseen; es decir, en Jerusalén. Tener la embajada de Arabia Saudita ubicada en Jerusalén es un tema de principios. El día en que los sauditas trasladen su embajada a otro lugar sin el consentimiento de Israel es el día en que el acuerdo de paz y todo lo que esto conlleva se anula.
  10. Arabia Saudita no votará en contra de Israel en organizaciones e instituciones internacionales, e Israel no votará en contra de los sauditas en esos mismos lugares. Ambos estados tendrán el derecho de abstenerse de votar si así lo desean.
  11. Los estadounidenses y los europeos deben mantenerse alejados de la mesa de negociaciones, ya que no son parte del acuerdo y no tendrán que sufrir las consecuencias de su fracaso. Sus intereses no son necesariamente los de Israel, especialmente cuando se trata de la velocidad en la que avanzan las negociaciones. Los estadounidenses desean llegar a un acuerdo, incluso uno malo. Si se les permite ingresar a la sala de negociaciones, presionarán a Israel para que este ceda, principalmente en el tema palestino. Israel debe preservar la opción de abandonar las negociaciones en cualquier momento, sin que nadie les diga qué hacer.
  12. Israel debe abstenerse absolutamente de aceptar garantías internacionales, incluso de sus mejores amigos, a cambio de ceder en algo que los sauditas quieren. Israel no debe olvidar por un instante las garantías internacionales que recibió Ucrania (el Manifiesto de Budapest de 1994) que prometía una Ucrania unificada. Los países que lo firmaron, Rusia, el Reino Unido y los Estados Unidos, abandonaron Ucrania y olvidaron sus compromisos con este cuando Rusia, uno de los firmantes, invadió Ucrania, conquistó la península de Crimea y se la anexó. Ese es exactamente el tipo de resultado que Israel puede esperar si se basa en garantías internacionales. Ningún país en el mundo apoyará a Israel cuando lo necesite, ni siquiera si sus firmas aparecen en miles de garantías.
  13. La paz con los sauditas debe implicar algo más que un alto el fuego con un documento adjunto (“salaam” en árabe). Israel estuvo de acuerdo a esto en los casos de Egipto y Jordania, lo que refleja la ignorancia de quienes dirigen las negociaciones por parte de Israel. En cambio, Israel debe insistir en una normalización total (“sulja” en árabe), que incluye vínculos e intercambios culturales, turísticos, empresariales, industriales, artísticos, aeronáuticos, científicos, tecnológicos, deportivos y académicos. Si Israel participa en eventos internacionales que tienen lugar en Arabia Saudita, la bandera israelí ondeará junto con la de los de otros países. Si Israel es el vencedor en cualquier competencia deportiva en Arabia Saudita, el himno de Israel Hatikva será interpretado. Los libros israelíes serán mostrados en las ferias de libros y los productos israelíes serán exhibidos oficialmente en las exposiciones internacionales que tendrán lugar en Arabia Saudita.

Un documento económico debe ser una adición al acuerdo, estar basado en inversiones y adquisiciones mutuas, así como también un compromiso de no participación en boicots.

También debe agregarse un anexo de seguridad al acuerdo que establezca estos puntos:

  1. Los sauditas no ayudarán a ningún otro país o ente a actuar en contra de Israel, no transferirán información a dichos entes ni permitirán que tales entes trabajen en contra de Israel se encuentren dentro de las fronteras sauditas. Israel prometerá lo equivalente a los sauditas.
  2. Israel no se comprometerá a atacar a ningún país en ninguna parte del mundo que no represente una amenaza directa para Israel.

Israel debe ser muy cauteloso hacia el firmar un pacto de defensa mutua con los sauditas. En enero, 1991 Riad no respetó el pacto de defensa mutua que había firmado con Irak y realmente actuó en contra de su implementación. En los últimos siete años, ha demostrado ser totalmente indiferente al derramamiento de sangre árabe y musulmana en Siria y Yemen. Es difícil creer que el derramamiento de sangre judía merecería una mejor respuesta. La Casa de Saud ha sido motivada por un interés propio cínico no adulterado desde el día en que se estableció el reino y es difícil imaginar un escenario en el que el ejército saudita vaya a una guerra para proteger a Israel, a menos que la guerra afecte directamente los intereses sauditas. No existe ningún beneficio en confiar en un pacto de defensa mutua con Riad.

Todos los demás detalles pertenecen a esta rúbrica general: paz por paz, reconocimiento por reconocimiento, normalización de relaciones por normalización de relaciones. Atrás quedaron los días en que Israel pagó en moneda fuerte, en partes de su tierra duramente ganada y conquistada, por un pedazo de papel con la palabra “paz” escrita en este.

 

 

El Dr. Mordechai Kedar es miembro asociado en investigación senior en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat. Sirvió durante 25 años en los servicios de inteligencia militar de las FDI especializándose en el tema de Siria, el discurso político árabe, los medios de comunicación árabes, los grupos islámicos y los árabes israelíes y además es experto en el tema de la Hermandad Musulmana y otros grupos islamistas.

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