Desde Yom Ha-Shoá (Día de Memoria por el Holocausto) a Yom Haatzmaut (El día de la Independencia) – Los 10 días de agradecimiento – Por Dror Ider (Israel Hayom 13/4/2018)

Entre Rosh Hashaná y Yom Kipur, la tradición judía cuenta diez días de arrepentimiento para hacer un examen personal del alma. En las últimas generaciones, se han agregado otros diez días de agradecimiento en el marco de las fiestas de Israel, entre el Día de Memoria de la Shoa y el Heroísmo y el Día de la Independencia. Debemos elevar poesías y transformar nuestro lenguaje ya que no tenemos suficientes palabras para agradecer lo bueno que hemos recibido por el gran logro de vivir en esta generación de la redención. Hace apenas un momento, fuimos enterrados vivos en los valles de Europa, y ahora, setenta años después, vivimos en un estado judío independiente, fuerte y desarrollado.

Los agradecimientos están respaldados por los datos recopilados por el Dr. Adam Reuter, presidente de Jisunim Financim (Fortaleza Financiera) y Noga Keinan, fundadora del Forum of Heads of Companies. Estos datos los presentan en su libro “Israel – Una historia de éxito”. Aquí están los datos económicos en pocas palabras, muchos números que valen la pena repasar.

En los últimos 30 años, entre 1987 y 2017, la población de Israel saltó casi en un 100 por ciento, de 4.4 millones a 8.75 millones. El número de vehículos pasó de 171 por cada 1.000 residentes, y después de treinta años aumentó a casi 400 vehículos por cada mil residentes. El producto nacional era entonces (1987) de 35 mil millones de dólares y en 2017 había aumentado a 358 mil millones de dólares, un aumento del 923 por ciento. El PIB per cápita era de ocho mil dólares, y treinta años más tarde subió a 41.000 dólares, un aumento de 413 por ciento.

Las reservas en moneda extranjera indican una estabilidad financiera. En 1987, el Banco de Israel tenía 4 mil millones de dólares. El año pasado se registraron en las bodegas del banco (bueno, no exactamente allí) una cantidad de 112 mil millones de dólares, ¡un aumento de 2.700 por ciento! La economía también se basa en miles de empresas que se especializan principalmente en áreas de nicho; la diversificación permite a la economía sobrellevar mejor los cambios.

Adelante. Desde el comienzo del siglo XXI, la economía israelí ha crecido en una tasa acumulativa del 65 por ciento, la segunda en la OCDE y casi el doble del promedio de sus 34 estados miembros. La relación entre la deuda nacional y el producto nacional continuó contrayéndose. En 1987, la deuda del gobierno era del 155 por ciento del producto nacional, y treinta años después, ¡alcanzamos el 59 por ciento! Sí, Israel es uno de los dos únicos países desarrollados donde la relación deuda/PIB se reduce (la segunda es Noruega). La inflación anual se mantuvo en 16 por ciento en 1987, mientras que el año pasado se registró menos de un tercio de un uno por ciento.

En 1987, gastamos el 17 por ciento de nuestro producto nacional en seguridad; treinta años después caímos al 4.5 por ciento. ¡La ayuda de los Estados Unidos en ese momento equivalía al 7 por ciento del PBI, y el año pasado fue solo del uno por ciento! (una disminución del 86 por ciento). Nuestras exportaciones totales ascendieron a 10 mil millones de dólares en ese momento (1987), y el año pasado ya teníamos 102 mil millones de dólares; un aumento de 920 por ciento. ¡Bien hecho!

La tasa de participación de la fuerza laboral en Israel es estable y mucho más alta que la de la OCDE. La tasa de desempleo es la más baja en 40 años y es incluso más baja que la de la OCDE. El empleo de mujeres aumentó desde un 36% que teníamos en los últimos treinta años a un actual 58 por ciento.

Los cuatro deciles más bajos de la sociedad israelí ingresaron al mercado laboral. Entre 2000 y 2016, el número de perceptores aumentó en un 58 por ciento (en el decil inferior) y en el segundo decil en un 73 por ciento, en el tercer decil en un 45 por ciento y en el cuarto decil aumento el número de personas que traen dinero a casa en un 35 por ciento. El índice de desigualdad Gini en Israel mostró una disminución significativa.

Algunos datos demográficos. En los últimos cinco años, ha habido un aumento positivo de aproximadamente 20.000 nuevos inmigrantes netos por año (la tabla de emigrantes e inmigrantes da ese saldo, es decir, han llegado a Israel más de 20.000), son  cerca de 100.000 en los últimos cinco años. ¡Que se multipliquen!

En 1987, no sabíamos que una década después lidiaríamos con aproximadamente un millón de inmigrantes (de la ex Unión Soviética). Rezaremos para que en la próxima década llegue otro millón; hay muchos signos de esto. Desde el comienzo del siglo XXI, ha habido un aumento promedio del 10 por ciento en la fertilidad de las familias seculares (incluidas las familias de inmigrantes de la antigua Unión Soviética). La población de Israel es la más joven de la OCDE (mediana de edad de 30 versus 42 de la OCDE) y tercera a nivel mundial (después de Canadá y Japón).

Treinta años atrás, 70.000 estudiantes estudiaban en Israel; el año pasado aumentó el número a 316.000, un aumento del 351 por ciento. Hermoso. En vista de la “fuga de cerebros”, experimentamos una “absorción cerebral”. Desde 2010, aproximadamente 4.000 doctores y profesores regresaron a Israel; la mitad de ellos fueron absorbidos en las universidades israelíes.

El Premio Wolf es considerado como el segundo más prestigioso del mundo después del Premio Nobel. Es dividido entre científicos del mundo en medicina, química, física, matemáticas, agricultura y arte, y predice un gran éxito al ganar el Premio Nobel: más de un tercio de los ganadores en campos paralelos (física, medicina y química) ganaron el Premio Nobel. Un total de 19 científicos israelíes han ganado el Premio Wolf (12 por ciento de los ganadores hasta ahora) en los campos de la medicina, la química y la física, de los cuales tres ya han ganado el Premio Nobel.

Hay que tener esperanzas. Por cierto, no necesitamos un Nobel para inventar patentes. Israel ocupa el quinto lugar en el mundo con una cantidad de patentes por habitante. La verdad es que somos el primer lugar en el mundo en este campo, porque la gran patente que no ha sido contabilizada es el propio Estado de Israel.

¿Y saben qué? A pesar de nuestras quejas, los israelíes nos sentimos felices. Israel ocupa el puesto 11 en el Índice de Felicidad Mundial. Por sobre nosotros están Suecia y Australia por una diferencia ínfima y por debajo están Alemania (15), Luxemburgo (17), los Estados Unidos (18) y Gran Bretaña (19). Nada mal. Dicho sea de paso, a los Si les ha impresionado nuestro estado de ánimo fue a los artistas internacionales que no se dejaron llevar por las llamadas a un boicot cultural. En 2010 hubo 22 actuaciones de artistas internacionales en Israel, y el año pasado el número de actuaciones aumentó a 140.

Hace dos años, Israel ocupó el puesto 19 en el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas – el índice calcula la esperanza de vida, la educación y los ingresos- frente a muchos países, incluidos Bélgica, Austria, Francia y Finlandia, quizás por eso los israelíes están tan felices. Sí, en dos años subimos en 11 lugares en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial.

Por supuesto, hay muchos más desafíos y temas para mejorar y desarrollarnos, pero nuestras críticas las dejaremos para el resto del año. Ahora queremos agradecer y repetir las palabras de Yehoshua y de Kalev: “La tierra es muy buena”. En estos días debemos hacer un ajuste de cuentas diciendo “las cuentas de lo que se ha logrado… la balanza de los pasos grandes y pequeños que ha caminado el país nos lleva hacia las metas de expansión, el avance y la exaltación”, escribió el gran historiador Joseph Klausner.

Y la cuenta es aún más fascinante: ¿Cuántos años tenemos como pueblo? Por lo menos 3.200 años, desde que las tribus israelítas cruzaron el Jordán en el siglo 13 a.c. Supongamos que la vida promedio de una persona es de 80 años. Si dividimos los números nos sale que por cada ano de hombre tenemos más de 40 años como pueblo. Israel tiene 70 años, aparentemente ya somos adultos. Pero en las cuentas del pueblo judío, Israel es un niño menor de los dos años. Por este niño han orado nuestros padres y madres en un valle de lágrimas, desde el abismo de las deportaciones y en los campos de exterminio. ¡Ahora que hemos nacido debemos decir gracias!

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