¿Debería Israel mantener su política de no intervención en Siria? – Por Prof. Hillel Frisch (BESA)

RESUMEN: La práctica de pensar y decidir en equipo parece guiar la política israelí sobre el tema Siria, que se limita a prevenir el flujo de armas “que potencialmente cambiarían la balanza de fuerza de forma significativa” para Hezbollah y el establecimiento de una presencia militar Hezbollah/Guardia Revolucionaria Iraní al sur de Siria que se sitúe en los límites de los Altos del Golán israelíes. Los importantes y recientes cambios en el equilibrio de poder a favor de Irán y sus aliados en Siria exigen una estrategia mucho más intervencionista y declarada públicamente, por parte de Israel, en apoyo a los rebeldes de Siria a fin de equilibrar fuerzas contra Irán y sus aliados.

La práctica de pensar y decidir en equipo en Israel fueron pospuestas luego de las investigaciones realizadas por la Comisión Agranat tras el fracaso masivo de los servicios de inteligencia que precedieron a la guerra de Yom Kippur. La Comisión no sólo censuró a la élite israelí por no haber podido descifrar el próximo ataque egipcio y sirio, debido a un conjunto de suposiciones no-discutidas que resultaron ser totalmente falsas, sino que abogó por el establecimiento de una variedad de fuentes de información institucionales independientes con la finalidad de asegurar que tal evento no vuelva a suceder.

Eso ha resultado en una realidad, es más fácil decirlo que hacerlo. De nuevo, la práctica de pensar y decidir en equipo parece prevalecer en lo que respecta a la postura de Israel sobre el tema Siria. Todos elogian la actual política de Israel, que limita su participación en la guerra civil siria a unas líneas rojas claramente definidas: El objetivo es prevenir el flujo de armas a Hezbollah que amenazan el equilibrio de poder e impiden el establecimiento de una presencia militar de Hezbollah y la Guardia Revolucionaria iraní al sur de Siria bordeando la parte israelí de las Alturas del Golán. Israel ha actuado con fuerza para mantener a raya estas líneas rojas.

Pero el equilibrio de poder entre Siria y su aliado Irán contra sus oponentes ha cambiado significativamente desde la intervención rusa en septiembre del 2015. La derrota de los rebeldes en Alepo restauró el control total del régimen sobre esa ciudad, la ciudad más grande y discutiblemente más rica del país antes de la guerra civil. El régimen también ha salido victorioso en las afueras meridionales de Damasco. La alianza iraní-hezbollah en el Líbano ha logrado colocar a su candidato en el palacio presidencial. Sobre todo, se está llevando a cabo una limpieza étnica al sur de Siria en los límites con las Alturas del Golán israelíes y en las zonas al este de Damasco, que limitan con el Líbano (donde los sirios y Hezbollah están expulsando a los sunitas reemplazándolos por chiitas de Irak y el Líbano). Estos son acontecimientos suficientes como para cuestionar seriamente la sagacidad del enfoque de “no interferencia” por parte de Israel en Siria.

Siria, respaldada por Irán y Hezbollah, está creando las bases físicas de una media luna imperial chiita-alawita, extendiéndose desde Teherán hasta Beirut hasta el sur de Siria. Esto ocurre en detrimento de los intereses estratégicos de Israel a largo plazo, así como también afecta los intereses de los estados sunitas moderados tales como Jordania. Recordemos que estas victorias complementan el éxito de Irán en asegurar el acuerdo (con EE.UU.) en materia nuclear.

También es digno mencionar que Saad Al-Hariri, el líder del mayor partido libanés, en su mayoría sunita y el opositor más feroz de Hezbollah y sus aliados en la arena política (un tribunal internacional dictaminó que esta alianza asesinó al padre de Saad, Rafik, el primer ministro del Líbano, en el 2004), se sintió obligado a apoyar al candidato sirio-iraní respaldado por Hezbollah. Esto demuestra el cómo Hariri, socio silencioso de Israel, percibe el cambio en el equilibrio de poder. Este lo hizo esencialmente sólo por miedo.

Así como Hariri percibe la amenaza, también la debería percibir Israel. Sin embargo, los servicios de seguridad israelíes, los principales políticos, periodistas y comentaristas no toman nota de la amenaza estratégica que estos acontecimientos plantean colectivamente para Israel y la necesidad de debatir las estrategias existentes. La amenaza posee implicaciones geoestratégicas de gran alcance que trascienden por mucho trecho la percepción “técnica” de la guerra civil siria que impregna la práctica de pensamiento y decisión como grupo del establishment israelí.

La pregunta es, ¿cuál debería ser la estrategia de Israel hacia Siria?

El tema más importante es iniciar un debate serio sobre los objetivos israelíes, que por supuesto tendrá que considerar las relaciones con Rusia, un posible entendimiento entre los Presidentes Trump y Putin sobre Siria e incluso los intereses turcos en el país. Sin embargo, los siguientes objetivos pudieran incluirse:

  • Israel pudiera declarar públicamente que el futuro político de Siria afecta la seguridad de Israel y por lo tanto, justifica una postura más proactiva a fin de asegurar un resultado favorable a los intereses israelíes.
  • El principal interés israelí es ver un régimen democrático en Siria. Esto significa la eliminación de Assad y sus partidarios, que no permiten que la democracia surja en Siria. Anunciar este objetivo debe naturalmente tener en cuenta sus posibles repercusiones en términos a las relaciones rusas-israelíes.
  • Israel pudiera declarar la postura que… si un régimen democrático resulta ser imposible, los sunitas, tras cincuenta años de opresión, merecen un estado propio en la mayor parte de Siria.
  • Israel debería declarar públicamente que cooperará con la oposición siria y los estados árabes sunitas moderados para lograr o el segundo o tercer objetivo y que apoyará a los grupos rebeldes moderados para frustrar la limpieza étnica perpetrada por Assad.

Es importante señalar que Hariri actuó como lo hizo, en parte, porque los sunitas en Siria y los partidarios de la democracia de otras sectas, incluyendo a los alawitas, no están recibiendo casi nada del respaldo que el régimen de Assad está recibiendo por parte de sus aliados. Israel, un estado mucho más poderoso de lo que fue en el pasado, debe desempeñar un papel en re-direccionar este desequilibrio.

Israel no puede ser un factor tan influyente imponiendo reyes luego del fracaso estadounidense en Irak o su propio fracaso en el Líbano en 1982 a fin de crear un Líbano dominado por maronitas. Pero eso no significa que el Estado judío no pueda trabajar con las fuerzas sirias para crear un escenario geo-estratégico a su favor en Siria. Así como hacer demasiado puede ser costoso y la pasividad puede resultar peligrosa. No es del interés de Israel permitirles a sus enemigos principales que tallen la Siria que estos desean. Al menos, debe darse un debate sobre las políticas actuales de Israel en Siria.

 

Hillel Frisch es profesor de estudios políticos y estudios del Medio Oriente en la Universidad Bar-Ilan y destacado investigador asociado en el Centro de Estudios Estratégicos Begin-Sadat.

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