Debate – Despertar, sublevarse, salvar a Israel – Por Ari Shavit (Haaretz)

El Estado de Israel es un milagro. Ninguna otra  nación hizo lo que nosotros: reconstruir un hogar nacional después de dos mil años. Ninguna democracia progresista logro prosperar como nosotros prosperamos: sobre un volcán ardiente.

Pese a  todas las desgracias, problemas, desventajas, dificultades y defectos – el sueño sionista se hizo realidad. El pueblo judío e Israel  viven y existen. En la tierra de nuestros ancestros nuestros hijos e hijas poseen  lo que nuestros abuelos y abuelas carecieron: soberanía, libertad y progreso. Siendo una superpotencia económica, tecnológica y militar, Israel en el siglo veintiuno es un estado fuerte, seguro y  confiado, capaz de configurar su destino y encaminarse hacia un futuro  brillante.

Sin embargo Israel no lo hace. Israel extravió su camino. En vez de progresar hacia el futuro, está anclada en el pasado. En vez de abrirse paso, permanece  en el lugar. En vez de ser  un espacio de unión, amistad y hermandad se convirtió en un espacio de pelea, antagonismo  y cólera. Nuestro ejército es el más poderoso en el Medio Oriente – pero no nos sentimos seguros. Nuestra economía es de las avanzadas del mundo – pero no sentimos bienestar económico. Dependemos uno del otro – pero no  nos sentimos unidos. Nuestro legado es un legado moral – pero surgen  entre nosotros fenómenos de odio al otro, xenofobia y auto-odio, discriminación y racismo.

El pacto entre hermanos,  básico en la fundación del estado, ha sido transgredido. La solidaridad mutua se deshizo.

La estratificación socio-económica, la segmentación tribal y la escisión política dieron origen a una profunda crisis interna.

El Estado de Israel fue fundado por personas valientes y acometedoras, que no temían ni odiaban ni desesperaban. En los momentos más difíciles y en las situaciones más desafiantes tenían presente el camino, confiaban en sí mismos y no perdían la calma. Ellos creyeron en el pueblo judío y en su capacidad de lograr lo imposible. Ellos creyeron en los israelíes y en la posibilidad de triunfar y tener éxito  pese a todos los desafíos.

Los padres y las madres del sionismo supieron siempre enfrentar con los ojos abiertos  la realidad  y el mundo cruel que nos rodea. Ellos entendieron que para subsistir en estas condiciones difíciles necesitamos un estado poderoso, con robusta mayoría judía que permita concretar los derechos nacionales del pueblo judío en un contexto democrático. Ellos sabían que debemos establecer un estado judío, democrático, seguro, fuerte y prospero en el que se funda  una sociedad ejemplar cuyos valores esenciales son libertad, igualdad, justicia social y solidaridad. Ellos se obstinaron en que tengamos soberanía, poder y limites.

Pero hoy Israel se va alejando de la visión y sabiduría sionistas. Hoy Israel se deteriora hacia una realidad de estado binacional, en el que los judíos  pueden transformarse  en minoría.  No hay un límite que nos separa de nuestros enemigos. No hay un espacio definido en el que somos mayoría dominante. La republica Israelí y la democracia Israelí están siendo atacadas. La identidad de Israel como estado judío y democrático se va desfigurando.

Gracias al éxito rotundo y el poderío fuera de serie del Estado de Israel,  han desaparecido muchas de las amenazas del pasado. El ejército sirio que podía invadir las Alturas del Golán y amenazar a la Galilea no existe más.

No hay ejército egipcio hostil que cruce el desierto de Sinaí y llegue al Neguev. No hay misiles iraquíes  a  ser disparados hacia  la zona de Dan y no existe el frente oriental cuyos  ejércitos  arrecien  la Cuenca del Jordán y cerquen a Jerusalén. Gracias al Ejercito de Israel , al Servicio de Seguridad , al Mossad (Servicio Secreto de Israel), a las industrias de seguridad y al reactor atómico de Dimona -nuestra situación de seguridad está mejor que nunca. Gracias al pacto estratégico con EE.UU. y los pactos que se van entretejiendo con China, India y varios países árabes – nuestra situación política es estable.

Pero justo cuando aparentemente llegamos por fin a la costa deseada y aseguramos nuestra existencia, Israel se ve amenazada por un nuevo peligro – existencial y doble.

Por una parte , el debilitamiento del país, la segmentación social y el desgaste de los valores esenciales nos desmoronan  internamente, por el otro la constitución de una realidad de  estado binacional amenaza nuestro hogar. Después de haber triunfado en innumerables guerras, de haber superado enemigos mucho más poderosos, y de haber creado aquí  maravillas – el estancamiento, la parálisis, la corrupción moral y el odio interno amenazan el futuro del proyecto sionista.

No hay tiempo, israelíes, no hay tiempo. Si el proceso de asentamiento continua, en el próximo decenio vivirán en Judea y Samaria más de 700. 000 colonos y no será posible separar a  israelíes y palestinos. La vida conjunta con partidarios de Hámas y el Estado Islámico (ISIS) se convertirá, tarde o temprano en un infierno. Si se prolonga el estancamiento político, en el próximo decenio la comunidad internacional nos dará la espalda e Israel se convertirá en un país boicoteado, cuya economía será bloqueada. Sin inversiones externas, sin exportación de gran envergadura y sin centros de desarrollo de tecnología electrónica – la vida será árida y deprimente.

Si la incitación interna continua, se acrecentara el ataque contra la autoridad judicial, la Corte Suprema de Justicia, la libertad de prensa y el ejercito – dentro de diez años se derrumbaran los lazos que mantienen a nuestra sociedad, las instituciones del estado se resquebrajaran y el oficialismo israelí se hará pedazos.

El mismo  caos violento que destruye a los países vecinos nos penetrara y nos negara la estabilidad y la calidad israelíes. La prolongación del estancamiento actual llevara a la pérdida del horizonte de esperanza. No habrá justicia social, no habrá solidaridad, no habrá fraternidad cívica, no habrá autoridad, no habrá unidad ni soberanía. Tampoco habrá prosperidad económica. Puede sobrevenir tal crisis que no conocimos desde 1948,  terrorismo por un lado y boicot internacional por el otro sacudirán al país cuya identidad se ha agrietado y cuyo camino se ha perdido.

¿Desesperar? ¡De ninguna manera! ¿Darse por vencidos? ¡Inconcebible! Superamos tantas adversidades en nuestra dolorosa historia. Resistimos tantos obstáculos en la construcción de nuestro hogar nacional. En oriente y occidente, al sur y al norte supimos persecuciones, humillaciones y matanzas – y la terrible desgracia humana del Holocausto. Y así y todo, en nuestro camino de penurias, nunca renunciamos. Cuando casi todo estaba por perdido no nos dimos por vencidos.

Somos un pueblo de dura cerviz. Un pueblo fuerte e inteligente. Si superamos al faraón, a los griegos, los romanos, los pogroms , el farhud, el nazismo, el terror palestino y los ejércitos árabes –obviamente podemos superar el desafío israelí actual. La amenaza es existencial pero podemos controlarla. La tarea es gigantesca pero  posible. Si lo queremos no será esta una leyenda, si tenemos  coraje no será esta una alucinación, si nos movilizamos no será esta una ilusión. Es posible corregir la situación binacional que nos amenaza por dentro y corroe nuestra democracia. Debemos corregir. No hay otro camino.

Los errores fueron cometidos tanto por la derecha como por la izquierda. La derecha no siempre entiende que la dominación de otro pueblo es un hecho antinacional, que pone en peligro a la nación judía. La izquierda no siempre entiende que en el Medio Oriente violento y fanático no habrá paz al estilo escandinavo. En vez de enfrentar juntos la realidad difícil y compleja, la derecha optó por acusar a la izquierda y esta a la derecha. El resultado es el odio entre hermanos. El resultado es que pequeños grupos  extremistas controlan el orden del día y al gobierno conduciendo a Israel hacia un desastre.

Pero la mayoría israelí no es tonta. Y la mayoría israelí no es ingenua. Ella sabe que nosotros atacamos enemigos que buscan nuestra aniquilación. Ella sabe que nuestra fuerza radica en nuestra unión, en nuestra sabiduría, en nuestra justicia y nuestra pertenencia al mundo libre. La mayoría rechaza de plano las ideas mesiánicas y los lideres mesiánicos y entiende que es imposible dejarse  gobernar por  los fanáticos. La mayoría Israelí no quiere guerras, ni aventuras ni apuestas peligrosas. La mayoría israelí ama a Israel, está orgullosa de Israel y desea que el estado sirva a sus ciudadanos, fortalezca a sus jóvenes y asegure su futuro. La mayoría israelí quiere que Israel sea una democracia ilustrada.

Por ende llego el momento de que la mayoría israelí le diga no al extremismo, al odio, a la incitación y la locura. Llego el momento que la mayoría Israelí se subleve contra aquellas personas y aquellas fuerzas que derrumban nuestra casa.

Si  nos ponemos en marcha, actuamos y nos movilizamos, podremos ahuyentar los malos vientos que soplan en nuestras calles y podremos remplazar el mal gobierno que nos domina. Si nos sobreponemos a la desesperación, al abatimiento, la indiferencia y el cinismo – podremos salvar el estado judío y democrático.

Si cada uno de nosotros siente la responsabilidad personal sobre sus hombros –podremos producir el cambio – retornar al sionismo, asegurar la soberanía, renovar la oficialidad y fijar el límite.

Con el corazón amante, con nuevo espíritu y fuerzas compartidas formaremos nuevamente a Israel como  nación modelo y paradigma.

 

 

Traducción: Dalia Kliger – Publicado en pensandonos.com.ar

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