El capítulo sostiene que, durante la guerra posterior al 7/10, una parte de la cúpula militar y de seguridad habría intentado imponer al gobierno su propia agenda: detener la guerra, presentar logros parciales como “victoria” y empujar un acuerdo de rehenes aun cuando Hamás no estaba derrotado. Según el relato, se usaron filtraciones, campañas mediáticas, mensajes coordinados y presión pública para convencer a la sociedad israelí de que la guerra ya había cumplido sus objetivos.
El capítulo critica especialmente la idea de “envolver” la retirada en un relato de victoria, mientras todavía quedaban rehenes, Hamás conservaba capacidades y el frente norte seguía abierto. También acusa a sectores del sistema de seguridad de influir sobre la opinión pública, debilitar la moral nacional y presentar al gobierno como movido solo por intereses políticos.
Otro eje es la discusión sobre la ayuda humanitaria en Gaza: el capítulo afirma que, al no controlar su distribución, Israel terminó debilitando militarmente a Hamás mientras lo alimentaba económicamente. Finalmente, se aborda el caso Qatargate y la destitución de Ronen Bar como parte de una disputa mayor entre el poder civil y organismos de seguridad que, según el capítulo, actuaron como oposición interna durante la guerra.


