Cuidando “muy bien” la relación de Israel con Rusia – Por Robert G. Rabil (BESA)

RESUMEN: La derrota de ISIS, el surgimiento de Rusia como amo del régimen de Assad y el anuncio hecho por el Presidente Trump de retirar las fuerzas estadounidenses de Siria han afectado las políticas y alianzas de Israel, Irán, Estados Unidos y Rusia respeto a ese país, conduciendo potencialmente a una conflagración a gran escala. Para reducir el riesgo de guerra, Israel necesita consolidar su entendimiento en materia de seguridad con Rusia sobre los territorios al sur de Siria.

Desde la década de los años 90, Israel y Rusia han disfrutado de una relación cada vez más cálida. Se rumora que el Presidente ruso Vladimir Putin dijo una vez: “Existe una pequeña parte de Rusia en Israel”. Sin embargo, la intervención militar de Moscú en la guerra civil siria y el aniquilar a ISIS en Siria e Irak han cambiado la dinámica de la relación Rusia-Israel.

Israel se ve preocupado por la creciente presencia militar estratégica de Irán en Siria, lo cual implica que se están edificando bases militares y se está equipando a Hezbollah con misiles de precisión. En los últimos dos años y en especial desde la derrota de ISIS, Israel ha liderado una campaña aérea sistemática contra activos iraníes en Siria que, a pesar de su rígido control del espacio aéreo sirio, Rusia ha hecho muy poco para detenerlo. Sin embargo, cuando Jerusalén comenzó a alinear su estrategia militar en Siria con la de los Estados Unidos, Moscú aparentemente manifestó su descontento. En febrero del 2018 un drone iraní penetró en el espacio aéreo israelí. Tal como se esperaba, Israel tomó represalias derribando el drone además de llevar a cabo ataques aéreos en Siria y contra el lugar de origen del drone iraní. Por primera vez desde 1982, un avión de combate israelí fue derribado por misiles sirios. Los analistas han cuestionado si Siria pudo haber anticipado y disparado a los aviones israelíes si no hubiese sido por la planificación de los rusos.

Sin embargo, Israel y Rusia continuaron su tarea de coordinación, concluyendo un acuerdo a finales de julio de 2018 según el cual las fuerzas armadas sirias se redistribuyeron en los Altos del Golán. A pesar de las reservas, Jerusalén aceptó el compromiso ruso de mantener a Irán y a Hezbollah a 80 km de los Altos del Golán desde la frontera con Israel. Sin embargo, este acuerdo no impidió que Israel atacara activos iraníes y sirios considerados como amenazas para su seguridad. El 17 de septiembre, Israel realizó ataques aéreos contra posiciones sirio-iraníes cercanas a la base aérea rusa de Hmeimim en Latakia. Las fuerzas del régimen sirio contraatacaron y en el proceso, derribaron accidentalmente un avión de vigilancia ruso, matando a los 15 miembros del servicio militar ruso que se encontraban a bordo.

Mientras el Presidente Putin culpó por los sucesos “a una cadena de circunstancias trágicas y accidentales”, el Ministerio de Defensa ruso acusó a Israel de ocultar sus aviones F-16 detrás del avión ruso, convirtiéndolo así en objetivo para los misiles antiaéreos de Siria. Moscú respondió entregándole misiles S-300 a Siria. Sin duda, este episodio subrayó los temores rusos de un plan estadounidense-israelí para socavar su presencia en Siria, sobre todo porque la cantidad de fuerzas especiales estadounidenses en ese momento aumentaba gradualmente y las bases militares de Washington al noreste de Siria parecían estar transformándose en bases permanentes no muy lejos de Latakia, la sede del poderío ruso.

Dado que Rusia no renunciara lo invertido en el régimen de Assad y pudiera muy bien suministrarle a ese régimen además de Irán, con armas sofisticadas si Moscú se viese acorralado, la estrategia de Washington de asegurar la salida de las fuerzas iraníes de Siria supondrá el riesgo de una confrontación altamente costosa. Paradójicamente, en un sorprendente cambio de política, el Presidente Trump ordenó la retirada de las tropas estadounidenses de Siria, poniendo fin a la campaña militar contra ISIS y eliminaba cualquier barrera a la presencia militar de Teherán en Siria. Esto ha colocado toda la carga de controlar el poder iraní sobre Israel, cuyo gobierno ha sido firme en tratar de evitar que Teherán se atrinchere en Siria y ha hecho estratégicamente crucial la coordinación entre Israel y Rusia en Siria para evitar de esta manera que se produzcan incidentes que conducirían a mayores escaladas.

Ante esta crítica coyuntura, Jerusalén tiene la oportunidad de evitarse una conflagración regional. Rusia necesita a Irán y a Hezbollah para asegurarse y estabilizar Siria. Existen serios desafíos a futuro, incluyendo la derrota de miles de yihadistas salafistas en Idlib. Pero Moscú no desea que Irán ni Hezbollah tengan alguna influencia indebida sobre las políticas sirias. En pocas palabras, Siria es un protectorado ruso. Esto le ha sido transmitido a Teherán, incluyendo demandas de restringir sus acciones militares desde Damasco hasta el sur de los Altos del Golán. Según se informa, el objetivo estratégico de Hezbollah de extender su presencia hacia el Golán ha sido rechazado por Rusia.

Esta divergencia en el campo de la estrategia ha creado tensiones entre los aliados. Esto es evidente en el Líbano, donde los antiguos aliados, Hezbollah y el régimen sirio, se han convertido en rivales. Hezbollah ha reunido a sus fuerzas políticas con el propósito de negar que el régimen sirio vuelva a entrar dentro de la política libanesa. El Líbano, tal como observó perceptivamente el ex-parlamentario libanés Basem Shabb, “es el único país en la región donde Irán ha dominado el escenario político sin una oposición realmente creíble, hasta ahora”. El retorno de la influencia siria en el Líbano pudiera muy bien representar la única amenaza potencial para la hegemonía de Hezbollah sobre el Líbano, especialmente ahora que las sanciones estadounidenses contra Irán y Hezbollah han comenzado a dar sus frutos.

Rompiendo con políticas pasadas, Hezbollah ha descartado cualquier cooperación con candidatos pro-sirios en una continua formación permanente del nuevo gobierno. Tal como señaló Shabb, “No se ha realizado ningún esfuerzo para incluir a los aliados libaneses de Siria, es decir, el SSNP o el Partido Ba’ath, en el gabinete por primera vez en 30 años”.

En conjunto, estos desarrollos han introducido una nueva dinámica en Siria. Ante estas circunstancias Jerusalén pudiera tener como base su reciente acuerdo con Moscú sobre el sur de Siria e institucionalizar un protocolo con Siria, con los Estados Unidos y Jordania mediante los cuales Rusia sería el mediador formal y garante de la seguridad en esa área. Este modelo, aunque no es el ideal, pudiera evitar derivar hacia una confrontación abierta. Un pacto similar, el Acuerdo de Abril, 1996 entre Hezbollah e Israel, estableció reglas básicas al sur del Líbano que impidieron una confrontación abierta. Jerusalén puede mantener su cooperación estratégica con Moscú e impedir una escalada de incidentes en su frontera que puedan desenvolverse en una guerra regional.

 

Robert G. Rabil es profesor de ciencias políticas en la institución Florida Atlantic University. Las opiniones expresadas en este artículo no reflejan necesariamente las propias de la institución Florida Atlantic University.

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