Coronavirus y la cultura de la secrecía árabe – Por Dr. Edy Cohen (BESA)

RESUMEN: La calidad de los sistemas de salubridad en el mundo árabe varía de un país a otro. Egipto y Sudán son considerados los peores países en este rublo, mientras que los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita son considerados los más avanzados así sus servicios en el área de la salud doméstica sean de excelente calidad o no, muchos líderes árabes y miembros de las élites abordan rutinariamente sus necesidades de salud personal fuera de la región, en general marchándose a los países occidentales con este mismo propósito. La condición en la salud de los líderes árabes es tratada como un secreto muy bien guardado en sus países de origen.

El informar erróneamente es primordial en la mayoría de los gobiernos en los regímenes árabes.

Cualquiera que intente seguir los actuales acontecimientos en el mundo árabe podría creer que las familias de la realeza y los líderes políticos nunca se enferman. La enfermedad entre los funcionarios es tratada como secreto de estado, muy posiblemente para evitar crear una imagen de debilidad que pudiera invitar a llevar a cabo intentos de golpe de estado.

Incluso sin la tal preocupación, una fuerte y respetada imagen personal es muy valorada entre los líderes árabes y hacen todo lo posible para preservarla. La mayoría de ellos se tiñe el cabello para minimizar su apariencia de verse más viejo. En el mundo árabe, la vejez simboliza debilidad, mientras que en la cultura occidental a menudo denota sabiduría y un rico sentido de experiencia en la vida (Mahmoud Abbas, Presidente de la Autoridad Palestina, es uno de los pocos líderes árabes que mantiene su color de cabello natural).

Cualquier enfermedad que le ocurra a algún líder árabe es rutinariamente mantenida en secreto y lejos de la población. En promedio, un líder árabe permanece en el poder durante unos treinta años. Casi siempre utilizan hospitales y atención médica fuera de sus fronteras. Lo hacen por dos razones: primero, no confían en sus propios sistemas locales de salud; y segundo, le temen a la imagen pública negativa que pudiera acompañar a las noticias sobre la enfermedad de tal líder.

Muchos líderes árabes han buscado tratamiento médico en el extranjero. El ex-presidente egipcio Hosni Mubarak estaba acostumbrado a recibir atención médica en Alemania y la familia real hachemita jordana recibe su atención médica principal en el Reino Unido. El Rey jordano Hussein fue tratado en Nueva York y se sabe que las familias de la realeza sauditas y kuwaitíes se marchan a los Estados Unidos para recibir tratamiento médico. La lista sigue.

Un caso interesante que ilustra la desconfianza de los líderes árabes hacia el personal médico árabe, sin importar dónde estos se encuentren, es el caso del presidente argelino Abdel Aziz Bouteflika. En septiembre del 2018, mientras recibía atención médica urgente en Ginebra, el personal del hospital suizo se sorprendió al ver que el hermano de Bouteflika intervino para hacer que un médico y a una enfermera de origen tunecino y marroquí, respectivamente, no se acerquen al líder argelino.

La gran mayoría de los medios de comunicación en los países árabes son controlados por el estado y sirven para proteger y preservar el régimen en el poder. A menudo existe un representante oficial del gobierno cuya función es mantenerse en contacto directo con los organismos de radiodifusión y autorizar cualquier contenido que puede ser publicado a la población, el cual es visto con suspicacia. Los servicios de inteligencia en los países árabes fueron establecidos en gran medida para proteger a los regímenes de cualquier amenaza interna que pueda presentarse.

En el mundo árabe, los medios de comunicación no critican al gobierno – al contrario; son voceros del régimen. Cualquiera que se atreva a hablar en contra del régimen es muy probable que se le encuentre en prisión o sea expulsado del país. Los ciudadanos que quieran expresar sus opiniones también deben tener mucho cuidado en las plataformas de las redes sociales. Estos pueden enfrentar castigos severos e incluso morir por publicar opiniones críticas sobre el régimen.

Por el momento, los líderes árabes no tienen más remedio que quedarse en casa, incluso en caso de que necesiten atención médica. Los países occidentales han cerrado sus fronteras para detener la propagación del coronavirus y sus hospitales están funcionando a su máxima capacidad. Incluso si algún líder árabe lograse abandonar su país en este momento, los medios de comunicación, censurados por el régimen, probablemente informarían con alguna noticia falsa de que aun se encuentran en el país.

Actualmente circulan rumores en las redes sociales árabes en donde se afirma que varios jefes de familias de la realeza han abandonado sus países por temor a infectarse con el coronavirus. Estos incluyen al Rey jordano Abdallah, quien se sospecha se marchó a la Isla de la Ascensión y al Rey saudita Salman bin Abdulaziz al-Saud, quien se dice se encuentra en una isla en el Mar Rojo.

Información precisa sobre el estado siempre es difícil de encontrar en el mundo árabe. La desinformación es principio fundamental de la cultura política de los regímenes autoritarios árabes. Hoy día esto es particularmente evidente, cuando es imposible obtener un sentido confiable de la verdadera extensión de la infección y muerte debido al brote del coronavirus en el mundo árabe.

 

El Dr. Edy Cohen es investigador en el Centro BESA y autor del libro ‘El Holocausto visto por Mahmoud Abbas (en hebreo).

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