¿Cómo Israel puede contribuir a la visión de Arabia Saudita 2030? – Por Salman Al-Ansari

La opción de establecer una relación entre Arabia Saudita e Israel plantea muchas teorías, suposiciones y argumentos muy cargados emocionalmente. Algunos de estos argumentos tienen mérito, mientras que otros no son más que una conjetura mal formulada. Estas posiciones fuertemente sostenidas son especialmente interesantes porque se presentan a pesar de la actual falta de una relación existente entre los dos países.

Sin embargo, el discurso político prevaleciente podría no sólo indicar que es del interés de ambos países formar una alianza colaborativa, sino también es el interés de todo el Oriente Medio y de los aliados globales de la región.

De hecho, hay algunas opiniones que sugieren que al tener un enemigo común como Irán ayuda a acelerar cualquier tipo de acercamiento entre dos de las naciones más poderosas del Medio Oriente. Aunque esto podría ser parcialmente cierto, una base más sólida para establecer lazos profundamente arraigados entre los dos países podría manifestarse en el contexto de una asociación económica mutuamente beneficiosa.

Para ilustrar esto, la historia nos muestra que los árabes y los judíos figuraron entre los socios más fuertes en el comercio, la cultura y la seguridad mutua, viviendo en una convivencia relativamente pacífica durante siglos, ya sea en el Oriente Medio, el norte de África o incluso en España.

Al hablar de la historia bastante reciente, es sabido que Arabia Saudita e Israel se han comprometido a políticas exteriores racionales y equilibradas en los últimos 70 años, nunca buscando acciones provocativas u hostiles entre sí. También es importante señalar que hay cientos de judíos procedentes de muchos rincones del mundo que trabajan actualmente en Arabia Saudíta, contribuyendo a sus proyectos financieros, de infraestructura y de energía.

De hecho, Arabia Saudita está pasando por la mayor transición económica de su historia, de la cual Israel es uno de los que posee más capacidad para contribuir. El observador político puede ver que el arquitecto de esta transición, el subdito príncipe heredero Mohammed Iben Salman, es una personalidad pragmática y progresista, y todos los indicadores muestran que está preparado y dispuesto a desarrollar vínculos reales y duraderos con Israel. Con los objetivos de esta transición esbozados en un recientemente anunciado “Plan Nacional de Transformación”, una de sus estrategias más importantes se centra en diversificar las fuentes de ingresos y la minería para obtener más recursos naturales.

Este último programa representa una rara oportunidad de oro para que Israel participe y ayude a reforzar la economía saudita. Después de todo, Israel tiene una reputación como uno de los países más sofisticados y tecnológicamente avanzados en el campo de la minería, con una sólida industria de diamantes mundialmente reconocida. Teniendo en cuenta que Arabia Saudita es el país más grande del mundo, sin ninguna fuente de agua corriente, e Israel es también un líder mundial en la industria de la ingeniería hidráulica, lo que la hace extraordinariamente calificada para ayudar a Arabia Saudita con sus ambiciosos planes de desalinización, que es una parte crucial del proyecto del Príncipe Heredero Adjunto para la reforma económica de Arabia Saudita, “Visión 2030”.

Por supuesto, tal asociación económica no puede establecerse sin abordar las preocupaciones de seguridad, ya que el factor de confianza entre los dos países de Oriente Medio todavía necesita un refuerzo positivo. Sin embargo, la mayoría de estas preocupaciones son mutuas, ya que ambos países enfrentan amenazas constantes de grupos extremistas que son apoyados directamente por el gobierno totalitario de Irán, que es clasificado internacionalmente como un patrocinador mundial del terrorismo, proporcionando un refugio seguro para la mayor parte de las organizaciones terroristas más peligrosas y conocidas del mundo.

Cualquier forma de normalización entre los dos países debe incluir también una normalización árabe y musulmana hacia Israel, que indudablemente promoverá la seguridad y debilitará al extremismo en la región. De hecho, hubo un tiempo en que los Estados Unidos confiaron en Arabia Saudita y en una revolución preislámica, pro-occidental de Irán, como los “pilares gemelos” de la estabilidad del Medio Oriente como parte de la Doctrina Nixon, hace unas pocas décadas.

Las actuales y futuras administraciones de los Estados Unidos podrían considerar a Arabia Saudita e Israel como una posición única para llevar ese manto y convertirse en los nuevos pilares de la estabilidad regional, lo que no sólo significaría menos intervenciones militares, sino también una oportunidad más fácil para que EE.UU. y otros países favorezcan el desarrollo social y el crecimiento económico.

Los rápidos cambios requieren acciones rápidas y decisivas para lograr una nueva estrategia política, de seguridad y económica centrada en una política de beneficio mutuo. Tanto Arabia Saudita como Israel deben reconocer que si bien todos estos beneficios bilaterales se ven estratégicamente y económicamente atractivos en el papel, tales beneficios sólo tienen una oportunidad de materializarse si están respaldados por un plan integral que cumple los términos requeridos por ambas partes.

Impedir dicha colaboración, de todos modos, inevitablemente ahogará una oportunidad histórica para que ambos países crezcan, se desarrollen y solidifiquen el objetivo mutuo, no sólo el de asegurar el éxito de esta relación vital, sino llevar al Medio Oriente a una nueva era de paz y prosperidad sin precedentes.

 

Salman Al-Ansari es el Fundador y Presidente del Comité de Asuntos Públicos de Relaciones Públicas de Arabia Saudita (SAPRAC) – http://thehill.com/blogs/pundits-blog/international-affairs/300447-how-israel-can -contribute-to-saudis-vision-2030

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