Boomerang – Por Eli Avidar (Maariv 28/2/2016)

A la luz del reforzamiento de Hezbollah en su dominio sobre el Líbano, la respuesta de Arabia Saudita, quien ha suspendido la ayuda al ejército libanés, en realidad va a acelerar la caída del país en manos de dicha organización.

Durante los últimos cinco años, los acontecimientos de la “primavera árabe” han desgarrado al Medio Oriente. El Líbano, que una vez fue un símbolo de la amarga lucha étnica, fue un lugar que hasta el momento no se ha transformado en un campo de batalla. Ahora, la amenaza de la toma dal poder por parte de Hezbollah parece barajar las cartas allí también. La semana pasada, Arabia Saudita anunció el cese de su ayuda militar por valor de tres mil millones de dólares para el ejército libanés. “Las posiciones libanesas no se corresponden con las relaciones entre los países”, explicó el reino. La intención era clara para todos los que están metidos en la política en el Medio Oriente, Arabia Saudita no está satisfecha, por no decir descepcionada, por la capacidad que demuestra Hezbollah para imponer su posición en el gobierno libanés.

En el pasado, se vivieron duras declaraciones entre Hezbollah y Arabia Saudita en relación con la guerra en Siria y Yemen, y estas se intensificaron con la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Arabia Saudita e Irán y el ataque a la embajada de Arabia Saudíta en Teherán. En Riad critican la respuesta débil del Líbano ante ésta crisis. El ministro de Información saudí, Adel al-Tarifi, dijo que Hezbollah era una organización terrorista implicada en crímenes de guerra en Siria y en otros lugares, bajo la dirección de Irán. Arabia Saudita, dijo Al-Tarifi, no puede correr el riesgo de que armas que se proporcionan al ejército del Líbano caerán en manos de Hezbollah. Pero esto es sólo la parte visible del iceberg. Los acontecimientos de los últimos meses no deben exhumar la historia del Líbano como el centro del enfrentamiento entre sunitas y chiítas – una lucha que comenzó en los albores del Islam y continua con la moderna Irán, que no duda en utilizar a la minoría chiíta del país para entrometerse en la política interna del Líbano. Incluso los miembros de las dinastías reales de Arabia Saudita y el Golfo suelen estar muy familiarizadas con el Líbano. Durante los programa de estudios (un capítulo muy común en la vida de cualquier miembro de la realeza árabe) muchos llegan a visitar el Líbano, un lugar que incluso en tiempos difíciles mantiene su entretenimiento cosmopolita variado. Ahora, los gobernantes del Golfo observan con ojos preocupados como Hezbollah completa su tomar del poder en el Líbano. La organización chiíta está presente en la maquinaria del Estado y en el ejército libanés, aunque tiene su propio sistema independiente, y ejecuta la distribución tradicional de las posiciones de poder. Añadiremos a esto el papel central desempeñado por Hezbollah en Siria junto a Assad para entender por qué muchos creen que el Líbano se ha convertido en una parte del estado del Hezbollah y no al revés.

Pero la decisión Saudita podría resultar un arma de doble filo, ya que debilitaría precisamente al campo contrario a Hezbollah. La pérdida de la ayuda debilitaría al ejército libanés, aumentaría la dependencia hacia el Hezbollah y dejaría a los oponentes a la organización chiíta sin el apoyo de un país o de un factor extranjero. Es por esto que el gobierno libanés celebró la semana pasada una reunión de emergencia en donde el primer ministro Tamam Salam parecía desesperanzado. El Líbano no tiene ningún presidente desde hace un año y nueve meses, y ahora también el ministro de Justicia, Ashraf Rifi, conocido opositor a Hezbollah, renunció en forma de protesta. El gobierno emitió un comunicado en un intento de calmar la situación, y Saad El-Hariri, Presidente de la corriente al-Mustaqbal y líder del movimiento 14 de marzo, se alistaron para intentar apaciguar a los saudíes. El-Hariri firmó junto a funcionarios públicos libaneses al “documento de consenso árabe” y dijo que “la lealtad hacia Arabia Saudita es como la lealtad hacia el Líbano, y atacar a Arabia Saudí es atacar al Líbano”. Sin embargo, es posible que sea demasiado poco y demasiado tarde. Cuando la balanza en Siria tiende hacia Assad y Hezbollah, la capacidad del Líbano para hacer frente a la dominación de Irán parece más remota que nunca.

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