Bajo el Gobierno de Trump, las víctimas israelíes del terrorismo reciben, al menos, condolencias sinceras – Por Gregg Roman

A la reacción de la administración Trump al asesinato de Hadas Malka el 16 de junio por terroristas palestinos le faltó el habitual calificativo de amonestación a Israel.

Aunque el Presidente estadounidense Donald Trump realizo una serie de promesas ampliamente publicadas con el fin de fortalecer las relaciones Estados Unidos-Israel durante su campaña presidencial, su administración que ya cumple cinco meses ha mostrado pocos signos tangibles de acción en ninguna de estas. Ha dejado pasar oportunidades para trasladar la embajada estadounidense a Jerusalén desde Tel Aviv y apenas rasguñar el tema sobre el acuerdo en materia nuclear de Irán. Y ciertamente no parece estar emprendiendo un replanteamiento mayor sobre el cómo lograr la paz entre palestinos e israelíes.

Pero hay que darle crédito a la Casa Blanca por haber realizado un cambio crítico importante de bajo perfil, evidente por la reacción del enviado de paz de Trump por el asesinato de la oficial de policía de fronteras Hadas Malka el 16 de junio por terroristas palestinos en las afueras de la Antigua Ciudad de Jerusalén.

“Estados Unidos está junto a nuestro aliado Israel y condena el salvaje ataque terrorista en Jerusalén”, tuiteó el principal negociador en materia internacional de Trump Jason Greenblatt, mientras se marchaba en un viaje hacia Israel. Luego de visitar a la familia de la fallecida el 19 de junio, este publicó una declaración preparada diciendo “La Sargento Mayor [Hadas] Malka fue asesinada por terroristas”, con algo al final sobre la visión de Trump de un Medio Oriente libre de “amenazas de terrorismo y extremismo”.

La anterior práctica de avergonzar e intimidar a Israel es única en los anales de la diplomacia estadounidense.

Si todo eso pareciera bastante típico en el cómo un enviado estadounidense reaccionara ante un ataque terrorista mortal contra un antiguo aliado estadounidense, es precisamente el punto. Bajo administraciones anteriores, esto se convirtió en práctica habitual en reaccionar ante ataques terroristas contra israelíes a fin de instar a Israel (o a ambas partes) a “ejercer moderación” “no escalar tensiones”, “evitar cualquier tipo de víctimas civiles inocentes”… evitar realizar declaraciones provocativas que pueden inflamar aún más las tensiones” y varias otra acciones similares.

Esta práctica de señalar a Israel por lo que mejor puede describirse como el avergonzar e intimidar es única en los anales de la diplomacia estadounidense. La mayoría de los países reciben expresiones de simpatía sin mitigar luego de experimentar ataques terroristas. “Todos y cada uno de los estadounidenses están de su lado hoy. Estamos con ustedes en solidaridad… junto a la causa de enfrentar el extremismo”, dijo el Secretario de Estado John Kerry en respuesta a los ataques terroristas de enero de 2016 en París. Nada de evitar provocaciones o no escalar tensiones.

Incluso Pakistán recibió condolencias directas del Departamento de Estado el pasado año, sin ningún tipo de insultos o advertencias.

Por supuesto, las advertencias para evitar hacer maldades luego de ser atacado surgen a veces en el manejo por parte de Estados Unidos hacia países tales como el Líbano y Siria, donde la ausencia de un estado funcional ha dado lugar al asentamiento étnico-sectario y China, que ha sido propenso a los excesos en responder a los ataques terroristas, pero la utilización de esta retórica no parece haber sido rutinaria.

Israel, de todos los países, no necesita lecciones de moderación.

Dice el dicho que señalar a Israel es injusto, cualquier país dispuesto a dar la otra mejilla cuando se encuentra bajo un repetido ataque de misiles Scud lanzados por Saddam Hussein no necesita lecciones de moderación. Pero incluso si lo necesitase, es difícil imaginar una manera menos efectiva de aconsejar a un aliado que degradarla públicamente cada vez que sea atacado con intenciones de asesinarlo.

Esta es la única verdadera democracia del Medio Oriente y un oasis regional de los derechos de la mujer y las libertades de las minorías de las que estamos hablando. Fingir de otra manera sólo legitima a los extremistas obsesionados con demonizar, boicotear y, en última instancia, destruir a Israel.

¿Por qué, entonces, la proyección deliberada de una falsa equivalencia moral entre el terrorismo palestino y la auto-defensa israelí? Es en parte el resultado de décadas de presión diplomática árabe y parcialmente el resultado de la creencia al síndrome de Estocolmo entre los individuos de profesión del Departamento de Estado que los líderes palestinos no vendrán a la mesa de negociaciones a menos que ellos y su narrativa estén de acuerdo al mismo respeto y reconocimiento que el de Israel.

Esperemos que la esencia cambiante y el significado de las declaraciones públicas por parte de los Estados Unidos respecto a Israel refleje el descartar tales suposiciones defectuosas, una voluntad de ayudar a construir la confianza de Israel en lugar de socavarlo y un mayor compromiso en permitir que este aliado leal siga adelante con la labor de combatir el terrorismo islamista de la manera que mejor sabe.

 

Gregg Roman es director del Foro del Medio Oriente.

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