Así soplan los vientos del Estado Islámico (ISIS) – Por Prof. Eyal Zisser (Israel Hayom)

No se preocupe, el grupo Estado Islámico todavía no ha llegado a Israel y no hay señales de que los jóvenes iracundos que buscan judíos para masacrarlos con sus cuchillos estén afiliados al grupo o actúen en su nombre.

No hay duda, sin embargo, que el maligno espíritu de la organización, el espíritu del radicalismo y la locura que éste y otros grupos afines defienden, es el viento en popa y tal vez incluso la causa de la ola de terror que nos golpea en los últimos días. Tal como es el modus operandi del extremismo – ya sea en nuestra área inmediata o a nuestro alrededor – utiliza su red, y el internet, si vamos al caso, para atraer a los jóvenes que están dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso a sacrificar sus vidas, por ello.

Al final de cuentas, Israel no está solo en la selva e incluso si fuera posible rodearlo con cercas de seguridad para evitar que entren infiltrados ilegales, células terroristas o soldados enemigos, es difícil, si no imposible impedir que se propague el virus de la locura radical que ha anegado el Oriente Medio. El Internet es el portador primario de estos gérmenes de locura, anidando en las sociedades y países que carecen de anticuerpos. De hecho, a nuestro alrededor, se ha desatado un verdadero infierno.

Los extremistas islámicos controlan grandes franjas de Siria, Irak y Libia, y están perpetrando, en el nombre de Allah, atrocidades contra los grupos étnicos minoritarios y en contra de sus propios pueblos. No es de extrañar que muchas personas de todo el mundo crean erróneamente que el dictador sirio, Bashar El-Assad, cuyos presuntos crímenes palidecen en comparación con los cometidos por el Estado Islámico, sea una opción preferible a estos grupos. Egipto también está experimentando una ola de ataques terroristas sin precedentes, y olas similares también están golpeando Turquía y Túnez, con cada ataque dejando decenas de heridos a su paso. Todo está sucediendo en el nombre del Islam.

Es ingenuo pensar que este espíritu maligno no nos alcanzaría y no se enraizaría entre los inquietos jóvenes en los territorios palestinos, tal vez incluso en la población árabe-israelí. De hecho, a lo largo del mundo árabe y musulmán jóvenes similares se están congregando y acudiendo en masa por cientos y miles para llenar las filas de los grupos jihadistas que combaten en Siria e Irak.

La ola de violencia es una prueba más de que el movimiento nacionalista palestino está en

declive, parece haber perdido relevancia y tal vez incluso ha llegado al final de su camino histórico. Una vez más, este movimiento es incapaz de movilizar a las masas con su llamado a liberar Palestina. En este sentido los palestinos están retrocediendo casi cien años a los días del Gran Mufti de Jerusalén, Aj Amin al Husseini, que en nombre de un supuesto peligro para Al Aqsa lideró la revuelta árabe de los años treinta, que culminó, por cierto, de un rotundo fracaso histórico que catalizó la ruina de la sociedad palestina.

El hecho es que ni la Autoridad Palestina ni Hamas están detrás de la erupción de la violencia. También parece que tienen una influencia muy mínima sobre el pueblo por el cual afirman estar hablando. Mientras tanto, están tratando de aprovechar al máximo la situación, bailando sobre la sangre de los jóvenes incitados que han sido baleados tratando de apuñalar a judíos, mientras que, por supuesto, extraen algún posible beneficio político. Esto también se aplica, a pesar de las diferencias obvias, a los diputados árabes, a quienes nadie fuera de los medios de comunicación israelíes ve como líderes que vale la pena escuchar, ciertamente nadie en la calle árabe-israelí.

Por lo tanto, carente de sentido y teniendo en cuenta el declive del movimiento nacionalista secular, junto con la falta de un liderazgo decente, los vientos del extremismo están soplando sin obstáculos y están marcando el tono. En una realidad como esta, es difícil frenar el radicalismo y evitar que se fije en los corazones y las mentes de la gente.

Israel, sin embargo, no es Siria o Irak. No es un estado fallido y no funciona sin las instituciones y los sistemas de gobierno. La sociedad israelí, así, a pesar de las críticas, no es una sociedad fracasada o fragmentada. Es una sociedad fuerte en la que todas sus partes y todos sus diversos sectores -incluyendo el sector árabe- son socios en el esfuerzo por mantenerla y fortalecerla.

Tenemos que entender el significado de la ola de terror que nos golpea, y comprender que no existe una solución mágica para el lobo solitario atacante que se despierta por la mañana y decide matar a la gente en nombre de Dios. Debemos darnos cuenta de que esta forma de extremismo no puede ser detenida por los muros de hormigón y las cercas de metal, sino solamente a través de la determinación y fortaleza, nuestra verdadera barrera de seguridad.

Comentarios

Recientes

spot_img

Artículos Relacionados

Donaciones

 

En “Hatzad Hasheni” seguimos produciendo contenidos verdaderos y confiables para que te sigas sintiendo orgulloso de lo que eres…

¡Ayúdanos ahora con tu donación!

¡Súmate al proyecto que modifica percepciones!

CLICK AQUI PARA DONAR

Gracias por donar en este importante proyecto de diplomacia publica.