Alan Dershowitz. ¿Los judíos que se niegan a renegar de Israel son excluidos de los grupos “progresistas”?

Activistas de extrema izquierda están tratando de excluir de las organizaciones “progresistas” a los judíos que no reniegan de Israel.

El año pasado, se le dijo a la rabino Susan Talve, una activista de larga trayectoria en temas raciales en el área de St. Louis, que su defensa de Israel era incompatible con los objetivos de Black Lives Matter: “La solidaridad de Ferguson con Palestina se ha convertido en un elemento central del movimiento”, se le informó, porque “las opresiones del estado israelí y de EE.UU. están profundamente interconectadas”. Del mismo modo, el año pasado se le dijo a un estudiante que asistía a una manifestación de Black Lives Matter en la Universidad Northwestern “tú apoyas a Israel, así que no puedes apoyarnos también a nosotros”.

Recientemente, esa parece ser la respuesta de muchos activistas de extrema izquierda que dominan los llamados movimientos de justicia social “progresistas”.

En los últimos años, judíos progresistas y partidarios progresistas de Israel han tenido que aceptar la realidad de que aquellos que no rechazan a Israel y aceptan el Boicot Desinversión Sanciones (“BDS”) y su singular estilo de intolerancia ya no son bienvenidos en algunos círculos progresistas. Y aunque ambos partidos, el Demócrata y el Republicano, han aceptado la importancia de la alianza de EE.UU. con Israel, esa dinámica está en peligro más que en cualquier otro momento de mi vida.

La autoproclamada “ala progresista” del Partido Demócrata – representada por organizaciones radicales y frecuentemente represivas como MoveOn, CodePink, Occupy Wall Street y Black Lives Matter – se ha convertido abiertamente en opositora al estado nación del pueblo judío. Cada vez más, estas organizaciones exigen que sus miembros y “aliados”, para pertenecer a las mismas, renuncien al apoyo a Israel y al sionismo. Con el pretexto de una interseccionalidad – una teoría pseudo-académica que insiste en que todos los movimientos de justicia social, excepto los que apoyan a los judíos o a Israel, están inexorablemente ligados – los activistas anti-Israel, que se han opuesto exitosamente a Israel y apoyado al BDS, para pertenecer a movimientos “progresistas” centrados en una amplia gama de temas, hacen una prueba de tipo papel de tornasol, especialmente a los judíos.

A principios de este año, los partidarios de la comunidad LGBTQ en Israel aprendieron esta lección de la manera difícil, cuando los activistas de BDS, junto con el capítulo local de Black Lives Matter, disolvieron una marcha del orgullo gay, porque contó con una presentación a cargo de un grupo israelí. Los manifestantes afirmaron que los organizadores del evento habían participado en “pinkwashing” [pintar de rosa] la ocupación israelí, mostrando solidaridad con la comunidad LGBTQ israelí.

Los miembros de la National Women’s Studies Association (“NWSA”), que también apoyan a Israel, han sido excluidos de manera similar. El año pasado, la organización votó a favor de respaldar el BDS, y como explicó una activista pro-BDS: “Lo significativo de esta resolución en particular es la razón de ser; el hecho de que la resolución explicita que BDS es un tema feminista… que uno no puede llamarse feminista… sin tomar una posición sobre lo que está ocurriendo en Palestina”. (Aparentemente, uno puede llamarse feminista sin tomar una posición sobre Siria, Rusia, Arabia Saudita y otras naciones que violan groseramente los derechos humanos).

Este tipo de envoltorio ideológico represivo ha dejado a los judíos progresistas, liberales y partidarios de Israel, en una posición cada vez más incómoda. Por un lado, se preocupan profundamente por causas como los derechos de la mujer, la reforma de la justicia penal, la desigualdad de ingresos, la protección del medio ambiente y los derechos LGBT. Por otro, son excluidos de los grupos que promueven esas mismas causas, porque – aunque frecuentemente son críticos de las políticas israelíes específicas en relación con los asentamientos y la ocupación – se niegan a renegar de Israel como un movimiento de liberación nacional del pueblo judío.

Para los activistas de extrema izquierda, este tipo de posición matizada es imposible de aceptar. Su hostilidad hacia Israel no se deriva de ninguna acción o política de Israel en particular. Incluso si Israel se retirara de la Margen Occidental, destruyera la barrera de seguridad y reconociera a Hamas como una organización política legítima, aún así sería suficiente. Para estos radicales, no se trata de lo que Israel hace; se trata de lo que Israel es: el estado nación del pueblo judío – o para usar la terminología de extrema izquierda: una empresa imperialista, genocida, de apartheid y colonial. La recientemente publicada plataforma política de Black Lives Matter ofrece un ejemplo perfecto de esa retórica extremista: manifiesta que el apoyo militar y económico de EE.UU. a Israel convierte a los ciudadanos estadounidenses en cómplices “del genocidio contra el pueblo palestino”.

El hecho de que la plataforma de BLM se lee como si se hubiera basado en un piso BDS difícilmente es coincidencia: los dos grupos tienen una relación de larga data, y un destacado activista de BDS aparentemente ayudó a redactar elementos de la declaración de BLM. Pero BLM está lejos de ser la única organización de extrema izquierda que ha sido infectada por el veneno del BDS. De hecho, BDS ha presionado a una amplia gama de organizaciones progresistas para que asuman una postura anti-Israel. El Partido Verde de América, por ejemplo – que se ha convertido en un refugio para activistas progresistas descontentos con este ciclo electoral – recientemente salió en apoyo del BDS e hizo un llamamiento para que EE.UU. ponga fin a su apoyo “al régimen de apartheid israelí”.

Esta tendencia ha sido especialmente pronunciada en los campus universitarios, donde una gran cantidad de grupos académicos – más absurdamente la Native American Scholars Association y la Americans Studies Association – han aprobado resoluciones a favor del BDS. Muchas de estas organizaciones también han respaldado a la Palestinian Academic and Cultural Boycott (“PACBI”), que anima a los participantes a involucrarse en una lista negra macartista de instituciones académicas israelíes, así como grupos e individuos que promueven la “Marca Israel”. Esta categoría incluye aparentemente a artistas como Matisyahu y a académicos como yo, como lo descubrí el año pasado cuando un prominente defensor del BDS se negó a debatir en la Unión de Estudiantes de Oxford.

La PACBI también denuncia explícitamente los “proyectos de normalización” -programas o eventos dirigidos a la reconciliación entre israelíes y palestinos que no enfatizan suficientemente la naturaleza colonialista del estado de Israel. Estos son exactamente los tipos de iniciativas ampliamente apoyados y promovidos por los progresistas que son críticos de los asentamientos, pero siguen apoyando a Israel y a una solución de dos estados. No es casualidad que el BDS los haya señalado para un tratamiento especial. Los activistas de BDS quieren obligar a los que apoyan a Israel – sin importar sus posiciones en otros temas políticos – a que salgan de la tienda progresista.

Hasta ahora este esfuerzo ha demostrado ser alarmantemente exitoso, pero a pesar de la presión de la extrema izquierda, los liberales y progresistas que apoyan a Israel deben seguir forjando un espacio político para sí mismos. Al hacerlo, pueden seguir el ejemplo del Jewish Community Relations Council, que se disoció “de la plataforma de Black Lives Matter y de las organizaciones BLM que la acogieron”, pero se comprometió “inequívocamente a la búsqueda de justicia para todos los estadounidenses y a trabajar junto con nuestros amigos y vecinos de la comunidad afroamericana, cuya experiencia del sistema de justicia criminal es, con demasiada frecuencia, determinado por la raza”. Tales esfuerzos son fundamentales para asegurar que no sean los partidarios de Israel los deslegitimados por la corriente principal  de progresistas y liberales, sino más bien aquellos intolerantes represivos que falsamente reclaman la toga de progresismo y que suscriben las políticas practicadas por el BDS

 

https://www.gatestoneinstitute.org/8758/are-jews-who-refuse-to-renounce-israel-being ‘ Traducido para porisrael.org por José Blumenfeld

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