Acuerdo histórico para reducir la producción petrolera – Por Daniel Rakov, Eldad Shavit & Tomer Fadlon (INSS)

Los entendimientos liderados por los Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita para reducir la producción petrolera son la principal medida multilateral destinada a estabilizar la economía mundial durante la crisis del coronavirus. Con estas medidas se espera revivir a la OPEP+ y construir la infraestructura inicial para el fortalecimiento de la influencia del cartel en todo el mercado energético. A pesar de los intereses en conflicto de los respectivos bandos y la imprecisa naturaleza del acuerdo, la ansiedad económica común debería ayudar a mantener su cumplimiento en los próximos meses. Si la crisis persiste, es posible que los entendimientos evolucionen hacia la creación de un mecanismo institucionalizado que contribuya a un discurso político menos conflictivo entre las superpotencias. Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita pueden considerar el acuerdo como un logro.

El Presidente Trump demostró liderazgo en la arena internacional y alivió la presión sobre la industria petrolera estadounidense. El Presidente Putin demostró la importancia de Rusia para la economía global y utilizó la crisis para restablecer el diálogo de Moscú con los Estados Unidos. El Príncipe Heredero a la Corona saudita Mohammed bin Salman mostró su resolución frente a una maniobra rusa. Es muy probable que un diálogo más fuerte en tono entre Estados Unidos y Rusia luego del acuerdo le ofrezca a Israel la oportunidad de restaurar a Irán en el centro de la agenda internacional. Al mismo tiempo, también pudiera crear un entorno estratégico desafiante si Rusia se siente más segura y confiada en el Medio Oriente, mientras que Estados Unidos se concentra en sus asuntos internos antes de las elecciones presidenciales a finales de este año.

En un esfuerzo por estabilizar el mercado mundial de petróleo, Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudita mantuvieron intensas conversaciones en las últimas semanas, que culminaron en un acuerdo histórico por el cual la expansión del cartel petrolero OPEP+ reducirá la producción a 9.7 millones de barriles de petróleo para finales de junio. Según el acuerdo, la reducción en la producción también se prevé que continúe después (7.7 millones de barriles por día hasta finales del 2020 y 5.7 millones de barriles diarios hasta abril del 2022). La mayor parte del corte en la producción será llevada a cabo por Rusia y Arabia Saudita; cada uno de ellos producirá solo un aproximado de 8.5 millones de barriles, en comparación con aproximadamente 10 millones de barriles producidos en febrero, 2020.

La negativa rusa del 5 de marzo, 2020 en aceptar un recorte en la producción sorprendió a los miembros de la OPEP+ y llevó a Arabia Saudita a considerar una guerra de precios. El precio del petróleo cayó luego un 50% en menos de dos semanas a su punto más bajo en 18 años. Los bajos precios del petróleo, combinados con la salubridad mundial y la incertidumbre económica causada por la crisis del coronavirus, crearon pánico en los mercados financieros y la mayor caída de los precios desde la crisis financiera del 2008. Los rusos explicaron su negativa al decir que los continuos límites de producción por parte de los países de la OPEP+ permitieron a las compañías petroleras estadounidenses aumentar sus cuotas de mercado y que el fuerte recorte en los precios del petróleo tenía como propósito contrarrestar tal tendencia.

La mayor parte de la producción estadounidense utiliza las innovadoras tecnologías de extracción de petróleo de la roca sedimentaria estratificada, que cuestan muchísimo más que la producción de petróleo en Arabia Saudita y Rusia y solo un precio superior a $50 por barril puede permitirles obtener ganancias. La fuerte caída de los precios del petróleo, de hecho, le propinó a las compañías energéticas estadounidenses un duro golpe tanto en sus ingresos como en el valor de sus acciones. Por lo tanto, estas compañías presionaron a la administración estadounidense a exigir que Arabia Saudita y Rusia pongan un alto a la guerra de precios y le fuesen impuestos sanciones.

El Presidente Trump participó directamente en las conversaciones con los líderes sauditas y rusos y contribuyó a resolver la disputa entre México y los otros países de la OPEP+ sobre el alcance de la reducción en la producción, fundamental a todo el acuerdo.

Estados Unidos se negó a comprometerse a un recorte directo, alegando que las fuerzas del mercado ya habían reducido el alcance en la producción de las compañías petroleras estadounidenses, pero respaldó el acuerdo “desde fuera”.

El tema también fue foco de atención a discusiones el 10 de abril entre los ministros de energía del G20, quienes se comprometieron a hacer todo lo posible para estabilizar los mercados energéticos (presumiblemente también para el gas natural) y establecieron un grupo de trabajo “voluntario” para monitorear los desarrollos. Otros grandes productores de petróleo declararon su intención de restringir su volumen de producción y las expectativas fueron que el recorte global total ascendería entre los 15-20 millones de barriles diarios.

El objetivo inmediato del acuerdo fue evitar que los precios del petróleo cayeran a casi $10 por barril. También es probable que provoque a futuro un aumento en los precios, cuando la economía global muestre signos de recuperación. Desde que fue firmado el acuerdo el 12 de abril, el precio del petróleo ha caído, lo que demuestra que el mercado ya lo había tenido en cuenta antes de su firma. Un tuit del Presidente Trump el 30 de marzo sobre el acuerdo emergente hizo que el precio del crudo Brent se disparará en aproximadamente un 50% en los próximos cuatro días, de $23 a $34. Parece ser que la caída del precio después del acuerdo se debe a una evaluación de que el volumen del recorte en la producción es significativamente menor que la caída de la demanda (una disminución de más o menos 29 millones de barriles diarios en comparación con abril del 2019, según la Agencia International de Energía) y las sombrías previsiones del Fondo Monetario Internacional sobre la recuperación en la economía global.

Importancia

El acuerdo constituye un compromiso de todas las partes y fortalece una evaluación de que Rusia y Arabia Saudita se dieron cuenta de que su hostil debilitamiento en el precio del crudo en el mes de marzo fue un error estratégico que les perjudicó no menos que a la industria petrolera estadounidense. Washington, Moscú y Riad, cada uno por sus propios motivos y razones, consideran el acuerdo como un logro político sustancial que va mucho más allá de su aspecto económico.

Las acciones del Presidente Trump resaltan la medida considerada por él para prevenir unas consecuencias de volatilidad extrema en la situación económica, en especial ante la crisis del coronavirus, como altamente críticas para su éxito en las elecciones presidenciales de noviembre, 2020. Sus medidas apuntan a mostrarle al votante estadounidense que el mismo fue el que patrocinó el acuerdo que salvó decenas de miles de empleos en los Estados Unidos, sin comprometerse en lo absoluto a reducir la producción. La industria petrolera estadounidense, por otra parte, puede tener dificultades para recuperarse del golpe, aunque es probable que la importancia del proyecto de independencia energética estadounidense requiera de una inversión por parte de la administración para ayudar a reconstruir el ya deteriorado sector. Al mismo tiempo, la importancia atribuida por la administración en salvaguardar esta industria puede que la haya arrastrado, contrario a sus intereses básicos, a promover precios muchos más altos utilizando el cartel, luego de haberse esforzado por bajar los precios en los últimos años.

Los rusos se niegan a admitir que erraron a comienzos del mes de marzo finalizando su acuerdo de cooperación anterior con la OPEP. Sin embargo, aunque ahora están obligados a realizar un corte mucho mayor a la producción de lo que les fue exigido en marzo, es muy posible que en cualquier caso hubiesen tenido que hacer un corte aun mayor en la producción debido a la disminución de la demanda. Tal como lo ve el Kremlin, Rusia ha confirmado su importancia en la economía global y también puede haber sentado las bases para su objetivo a largo plazo de lograr una mayor cartelización del mercado petrolero y de gas. El acuerdo marca un nuevo tope en los gestos recíprocos entre Moscú y Washington y Putin tratará de utilizarlo para aliviar el aislamiento y las sanciones impuestas a Rusia por parte de Occidente. Los oscuros informes sobre el diálogo entre Trump y Putin sugieren que pueden haber logrado entendimientos adicionales no revelados aun. La imagen de Putin y Trump actuando conjuntamente para estabilizar la economía global contra el enemigo común – el coronavirus, fortalece la imagen de Rusia como una potencia mundial líder. Finalmente, el resurgimiento de la OPEP+ y la estabilización de los precios del petróleo han puesto fin (a partir de ahora) a la brecha ruso-saudita y le han recordado a los líderes del Medio Oriente que Rusia ejerce influencia en su estabilidad económica.

Riad no se opuso al complot ruso y mostró al mundo su poder y su potencial de hacer daño. El reino, que encabeza el G20 de este año, se representa a sí mismo como si estuviese evitando un mayor colapso en los mercados mundiales de capitales, lo que hubiese sucedido a menos que se lograse alcanzar el acuerdo de reducción en la producción, junto al apoyo del G20. Por otra parte, a pesar de los elogios del Presidente Trump hacia Arabia Saudita, la crisis subrayó, al menos entre partes de la administración y el Congreso, cuestionamientos a la capacidad de juicio del Príncipe Heredero a la Corona de Arabia Saudita.

China, el mayor importador mundial de petróleo, se benefició tanto de la guerra de precios como del acuerdo. La caída de los precios del petróleo antes del acuerdo ayudó a Pekín a abastecer sus reservas estratégicas, ayudando así a la recuperación de la economía china, que ya avanza hacia su “estrategia de salida” del coronavirus. Incluso después del acuerdo el precio del crudo sigue siendo cómodo para los chinos y Arabia Saudita les concedió también importantes descuentos en un intento por aprovechar la crisis para incrementar su participación en el mercado.

Es muy probable que muchos factores pongan en peligro la implementación del acuerdo. Existe muy poca confianza entre las partes, los acuerdos no son férreos, existe una tentación significativa por los incumplimientos y el corte de producción no es lo suficientemente grande, especialmente si la demanda continúa disminuyendo. Sin embargo, en un momento en que los países alrededor del mundo están involucionando y se les ve preocupados mayormente por sí mismos, esta es una de las medidas multilaterales más importantes destinadas a estabilizar la economía mundial desde que comenzó la crisis. También es una línea divisoria en la historia de la industria petrolera, con potencial para la formación de un mecanismo de coordinación mucho más institucionalizado, especialmente si la crisis persiste y continúa perjudicando a las economías del mundo.

La evolución y desarrollos del mercado petrolero desde comienzos de marzo muestran que la crisis hace que países modifiquen sus políticas estratégicas anteriores. El acercamiento entre Moscú y Washington, especialmente si este se expande, planteará a ambos desafíos nuevas oportunidades para Israel. Incluso si la distensión ruso-estadounidense se materializa solo en parte, Israel puede intentar llevar de nuevo el multifacético problema iraní al centro de su agenda internacional e influenciarlo con medidas políticas y militares, especialmente en los escenarios del norte. Por otra parte, la concentración de la administración Trump en los asuntos internos a medida que avanza la campaña de las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos muy probablemente le dará a Rusia una mayor confianza en el Medio Oriente, lo que a su vez pudiera desafiar la libertad de acción operativa de Israel en los escenarios norteños.

 

Daniel Rakov es compañero de investigación, Eldad Shavit es compañero de investigación sénior, Tomer Fadlon es miembro asociado al Centro de Investigación Neubauer

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