Aclarando los hechos: Hajj Amin y los Nazis – Por Coronel. (Ret.) Dr. Eran Lerman

RESUMEN: El legado de Hajj Amin Al-Husseini todavía permanece con nosotros. Las transmisiones de la Radio Zessen, la estación propagandista del muftí, resuenan en la Carta Fundacional de Hamás de 1988 y, de hecho, todavía reverberan en toda nuestra región. Lo mismo ocurre con las recurrentes referencias a la imaginería nazi en los textos de dominio público palestino. Es necesario exigir un ajuste de cuentas histórico apropiado para no “demonizar” al pueblo palestino sino tratarlos, para variar, como adultos capaces de hacerle frente a una cultura de responsabilidad.

En medio de la controversia, ha surgido una oportunidad de corregir el malentendido en cuanto a Hajj Amin Al-Husseini y su papel en Berlín. Es cierto, él no fue el instigador del exterminio de los judíos y el registro de su reunión con Hitler de noviembre 1941 no apoya la colorida representación del Primer Ministro Netanyahu de la misma. Hitler habló de “Vernichtung” ya en enero 1939 y sus tropas lo implementaron mucho antes de Wannsee. Pero es igualmente erróneo representar al Gran Muftí como un actor marginal o describir el esfuerzo por llevarlo ante la justicia – que data de 1946 – como otra estratagema de la propaganda sionista. Un amplio cuerpo de evidencias, incluyendo varias contribuciones importantes en los últimos años por los estudiosos alemanes, demuestra justamente lo contrario.

El líder del pueblo palestino – aún venerado siendo su credo seguido todavía por muchos – fue un promotor, un planificador y un autor indirecto de los asesinatos en masa de los judíos. La evidencia de esto se basa en mucho más que la historia de Dieter Wisliceny. El descartar o disminuir su papel no sólo es históricamente incorrecto: es en última instancia perjudicial para las perspectivas de claridad y, tal vez, la reconciliación, en cuanto a los orígenes del conflicto. Esto les ayuda a los palestinos a mantener una narrativa de victimización acerca de lo ocurrido 1948, e ignora adrede las intenciones manifiestas del liderazgo palestino y el papel del Muftí por la suerte que corrió su pueblo.

En un discurso dominado por las “narrativas” – que muy a menudo son todas diatribas veladas, envueltas cuidadosamente en interpretaciones pseudo-históricas subjetivas – es más importante que nunca el estar lo más cerca posible de su verdadero record histórico. No todo yace en los ojos del espectador. Algunas cosas realmente sucedieron, fueron documentadas y deben servir como base necesaria para una discusión inteligente. Tanto más cuando el impacto del pasado está todavía muy presente entre nosotros, tal como es el caso de las actividades de Hajj Amin Al-Husseini en la Alemania nazi desde noviembre 1941 en adelante, así como también su apoyo anterior a la causa del Eje.

Es lamentable que el Primer Ministro Netanyahu eligiera ofrecer, en su discurso ante el 37º Congreso Sionista Mundial, el 20 de octubre 2015, una representación altamente colorida pero históricamente infundada de la audiencia del Gran Muftí con Hitler el 28 de noviembre 1941. Sin embargo, es igualmente trágico, incluso grotesco, que esto esté siendo utilizado para ignorar, una vez más, el amplio cuerpo de evidencias sobre la complicidad de Hajj Amin en la política nazi. Con demasiada frecuencia, incluso en Israel, este aspecto de la historia se ha hecho a un lado – haciéndolo más fácil para el bando árabe avanzar una versión de la historia en la que los palestinos fueron las víctimas inocentes de un ataque judío.

Las implicaciones de esta tendencia de dejar de lado o al menos disminuir el papel del Muftí a menudo es pasado por alto (incluso en el nuevo Museo Yad Va-Shem, en donde se le otorga un lugar claramente marginal, ciertamente en comparación con su entorno en la exposición anterior). Después de todo, Hajj Amin – a diferencia de su compañero huésped en Berlín, y luego Tokio, Chandra Boze, que rompió con Gandhi y exhortó al movimiento nacional hindú a que se aliara con el eje – no fue una figura menor en la historia del pueblo palestino: este fue su líder predominante por más de una generación. Su incitación agresiva en cuanto a los planes maquiavélicos judíos en el Monte del Templo aún resuenan en la actualidad; y la represión brutal del partido de oposición más moderada árabe de Palestina (Mu’aradah) a finales de los años 30 selló cualquier perspectiva de un compromiso basado en la partición y sentó las bases para las tragedias que le siguieron.

También fue único (el Mufti) en lograr retener su postura de liderazgo a partir de 1945, a pesar de su muy conocida asociación con los nazis. Esto arroja una luz distinta sobre las circunstancias de la guerra de 1948 y en la influencia de la misma sobre la población y el liderazgo judío, ya que para el momento, se trataba de alguna manera de la última gran batalla de la Segunda Guerra Mundial: los judíos, algunos de ellos sobrevivientes, defendiéndose a sí mismos en contra de un líder palestino (y soldados, tales como Kawukji) que vinieron directamente del bando nazi. Decir esto no es “atacar” a los palestinos… es simplemente invitarlos a adoptar una mirada más profunda en su propia historia.

El rol específico del muftí en Berlín, por lo tanto, necesita ser abordado: y si bien cualquier estudio exhaustivo del tema – basado en el impresionante volumen de estudios recientes bien documentados, muchos de ellos por estudiosos alemanes, desde Matthias Kuntzel en adelante – yacen fuera del alcance de este documento, se deben delinear algunos puntos. De hecho, el presente debate debe ser aprovechado como una oportunidad para obtener una mayor claridad histórica.

Es cierto que Hitler (y Himmler) no necesitaban consejos en materia de cómo asesinar y en su discurso en el Reichstag el 31 de enero 1939 – mucho antes que conocieran al Muftí – el Führer advirtió abiertamente que si las conspiraciones judías provocan otra guerra, el resultado sería el “Vernichtung der Jüdische Rasse en Europa”. Una masacre total fue ya practicada por el Einzatsgruppen vinculado a las fuerzas invasoras en Polonia en septiembre 1939 y de forma más sistemática en la Unión Soviética justo desde el inicio de la Operación Barbarroja de junio 1941. No existe constancia de la influencia determinante del Mufti en las decisiones nazis, tal como se muestra en el discurso de Netanyahu.

Nada de esto, sin embargo, debería ser utilizado para borrar la evidencia detallada de la complicidad del Mufti Hajj Amin Al-Husseini en el Holocausto – que contrariamente a algunas recientes afirmaciones, va mucho más allá de las afirmaciones hechas sobre este tema por Dieter Wisliceny mientras esperaba ser enjuiciado en Núremberg (este fue en última instancia ejecutado en Bratislava en 1948). Uno de los estudios más extensos y documentados de las acciones del Mufti, así como también de sus ambiciones y mezquinas disputas durante su estancia en Berlín pueden encontrarse en un libro publicado privadamente en Tel Aviv en 1996 por la ex partidista yugoslava Jennie Lebel (encarcelada por Tito después de la guerra, ella hizo aliá en 1954). Obtuvo, entre varias otras fuentes, las acusaciones por crímenes de guerra que el gobierno yugoslavo de la posguerra preparó contra el Muftí. El libro, “Haj Amin y Berlín”, merece una mayor atención (y una mejor edición) de la que recibió: Esto ciertamente sirve para contrarrestar cualquier reclamo sobre el papel secundario desempeñado por este – y otros colaboradores árabes con los nazis – a lo largo de estos años de guerra y exterminio.

En varios aspectos, el Muftí fue un participante activo en la guerra nazi contra los judíos:

1. Como promotor de la idea de exterminio, incluyendo – entre muchas declaraciones y discursos en este sentido – su mensaje a Mussolini en el verano 1940 en el que afirmó que el “derecho” de los árabes en general a resolver el problema judío en sus propias tierras de acuerdo con las prácticas del Eje en Europa. Esta fue traducido a su papel activo en Irak – donde participó no sólo en el golpe de estado a Kailani sino también en incitar al “Farhud” (pogrom) de junio 1941.

2. Como planificador de más exterminios y específicamente el de la población judía de la comunidad judía en el pre-estado palestino: específicamente, a través de la colaboración de sus agentes con el Einzatsgruppe Egypten, bajo el mando de Walter Rauff (considerado como el iniciador de la matanza masiva con camiones de gas venenoso; luego acusado ​​de destruir a la comunidad judía de Túnez), quien en vano se sentó en Atenas a la espera de la conquista de Egipto y del Mandato Británico de Palestina por Rommel.

3. Como el perpetrador – a través de una movilización activa en los Balcanes musulmanes de tres divisiones de las Waffen-SS, incluyendo la División de Montaña “Hanjar” (daga) – de crímenes de guerra por el que fue más tarde acusado por el gobierno yugoslavo y buscado por las autoridades británicas (los franceses, como parte de un patrón de acciones provocadoras, concebidas para vengar lo que veían como su retirada humillante de Siria por la intervención británica, lo dejaron escapar después de la guerra hacia Egipto, donde el Rey Faruq le ofreció asilo).

No son algunos “propagandistas sionistas” sino dos estudiosos de origen árabe-estadounidense, Youssef y Basilio Aboul-Enein, en su fascinante estudio del Eje y las operaciones de inteligencia de los Aliados durante la Segunda Guerra Mundial, ofrece el siguiente resumen conciso: “Con su introducción a Himmler, [Hajj Amin] se convirtió en alguien activamente participativo en la grotesca campaña contra los judíos europeos y eslavos en la Solución Final”.

El pasado no desaparecerá. Lo que hace que este tema sea tan agudamente relevante hoy no es sólo la incitación que hacen los musulmanes sobre Jerusalén, que provocó el estupor del primer ministro, sino otros legados del trabajo del Muftí que aún conviven con nosotros. Cualquier lectura de la Carta Fundacional del Hamás, por ejemplo – escrito en Londres 1988 – y en particular, su Artículo 22, “explicando” toda la historia moderna como un reflejo de diseño judío diabólico, demuestra que las transmisiones de Radio Zessen, la estación de propaganda nazi del Muftí (con su estación de relevo en Bari) continuó resonando casi cincuenta años después y, de hecho, aún reverbera en toda nuestra región. Lo mismo ocurre con las referencias recurrentes a las imágenes nazis y a los textos de dominio público palestino.

Por lo tanto, para exigir un ajuste de cuentas histórico apropiado no se trata de “demonizar” al pueblo palestino sino tratarlos, para variar, como adultos capaces de hacerle frente a una cultura de responsabilidad.

 

 

 

* El Coronel (ret.) Dr. Eran Lerman se unió recientemente al Centro Begin-Sadat de Estudios Estratégicos como investigador asociado. Durante los últimos seis años, se desempeñó como delegado en política exterior y asuntos internacionales en el Consejo de Seguridad Nacional en la oficina del primer ministro israelí. Durante 20 años antes de esto, ocupó puestos de responsabilidad en la Inteligencia Militar de las FDI y también fue director del Comité Judío Americano en Israel. Publicado en http://besacenter.org/perspectives-papers/setting-the-record-straight-hajj-amin-and-the-nazis/

 

 

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