Cómo cambiará la sociedad a medida que subsane la crisis del coronavirus – Por Dr. Manfred Gerstenfeld (BESA)

RESUMEN: A medida que se comiencen a aliviar los bloqueos y las medidas de distanciamiento originadas por la pandemia causada por el coronavirus, los gobiernos en Occidente se enfrentarán a un gran conjunto de problemas, muchos de los cuales no pueden ser previstos a corto plazo. Desde el punto de vista de las diferentes políticas a tomar, tiene mucho sentido el tratar de retornar a las previas realidades a la pandemia, aunque esto no será del todo posible.

Los gobiernos en Occidente tendrán que lidiar con muchos problemas complejos a medida que comiencen a aliviar sus medidas de bloqueo y de distanciamiento, muchas de las cuales no pueden ser evaluadas con anticipación o incluso preverse a corto plazo. La mayoría de los líderes de los diferentes gobiernos en los países occidentales han ganado popularidad durante la crisis del coronavirus, pero ahora se verán enfrentados a nuevos y extraordinarios desafíos a medida que el peligro a la salud pública comience a subsanar.

Desde el punto de vista de las diferentes políticas, tiene mucho sentido el tratar de retornar lo más posible a la realidad anterior antes de ocurrir la pandemia. En su mayor parte, la sociedad anterior al brote del coronavirus funcionaba de manera razonable. Las economías en Occidente iban en auge, aunque de manera lenta. El desempleo variaba entre un punto bajo y no muy alto en los principales países. La situación previa al virus era ciertamente mucho mejor que las pseudo-realidades no probadas promovidas por varios ideólogos.

Un retorno total a la forma de vida anterior nunca se podrá lograr en su totalidad. La primera prioridad de los gobiernos debe ser el reactivar la economía del mundo. Habrá batallas por los recursos sin importar la forma en que sean distribuidos. Palabras tales como “óptimo”, “justo” y “solidaridad” tienen un significado limitado en este contexto. Las generaciones futuras tendrán que asumir algunos de los costos derivados por el descalabro económico causado por la pandemia. Todavía no sabemos cuál será su impacto financiero general.

El desempleo ha alcanzado porcentajes muy elevados en varios países. Esto tiene que ser reducido rápidamente. La visión general de ello esconde muchas tragedias personales, con un gran número de vidas severamente interrumpidas por el abrupto paro forzoso de la realidad anterior. También se debe intentar separar el desempleo estructural que fue creado por la pandemia. Algunas empresas se irán a la quiebra, mientras otras que fueron marginales antes del brote del coronavirus es poco probable que vuelvan a abrir. (Consideren, por ejemplo, la “desaparición de los grandes almacenes”, según lo detallado por el diario El Times de Nueva York). Las transiciones laborales temporales dentro de la economía también presentarán un gran desafío. Si las aerolíneas tienen que esperar durante unos cuantos meses más para despegar sus aviones, los empleados tendrán que esperar mucho más antes de ser llamados para que regresen a sus labores anteriores.

Existen otras razones por las cuales volver a la realidad previa al brote del coronavirus resultará imposible. Varias corporaciones ya han anunciado que no pagarán dividendos a fin de fortalecer sus resúmenes de saldos financieros. En el Reino Unido esto no fue algo voluntario; El Banco de Inglaterra les comunico a los bancos que lo hicieran. Esto influirá sobre los fondos de pensiones, los mercados de valores y los inversionistas individuales.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) dice que el mundo enfrenta su peor recesión desde la Gran Depresión y pronostica una contracción del 3% de la economía mundial para este año. Antes del brote del coronavirus, el pronóstico era de un crecimiento del 3.3%. Para utilizar estos datos para fines comparativos, la economía global se contrajo en menos del 1% durante la crisis ocurrida en el 2008.

Existe mérito en los pronósticos concretos. Incluso si estos están en gran medida errados, provocan discusión sobre temas relacionados a la pandemia. Una persona en especial que ha hecho varias predicciones específicas es David Folkerts-Landau, economista jefe del mayor banco de Alemania, el Deutsche Bank.

Folkerts-Landau sostiene que tendremos que mantener el distanciamiento físico durante algún tiempo para controlar futuros brotes de posibles enfermedades. En la práctica, esto significará que no habrá conciertos o eventos deportivos con grandes multitudes durante mucho tiempo. Los restaurantes tendrán que separar sus mesas y colocarlas más lejos una de la otra. Todas las formas de transporte público, incluyendo aviones, tendrán que dejar asientos libres, lo que llevará a un incremento en los precios de los pasajes aéreos. Folkerts-Landau también cree que la gente se alejará de la economía colaborativa. Esto pudiera significar que serán más renuentes que antes a alquilar sus casas en Airbnb, por ejemplo.

En la realidad posterior al brote del coronavirus, habrá gente que podrá reanudar sus empresas con ayuda financiera oportuna del gobierno, pero que no son tomados en cuenta en este desorden. Por tal razón, es esencial contar con una organización funcional de dificultades no-burocráticas. Durante la crisis en Francia esto quedó muy claro, por ejemplo, de que existía escasez de botellas de oxígeno médico y de productos relacionados a ello para personas que padecían enfermedades distintas al coronavirus. La única fábrica en la Unión Europea Luxfer, ubicada en Francia, fue cerrada hace unos meses. Los parlamentarios ahora le están pidiendo al gobierno que la nacionalice y la reabra.

Cualesquiera que sean las medidas que tomen los gobiernos, existirá insatisfacción tanto inicialmente como a largo plazo. Eso pudiera dar lugar a protestas en las que ni ellos mismos hubiesen podido prever sus efectos. Por lo tanto, los gobiernos deberían hacer un esfuerzo adicional para identificar a aquellos que pueden recibir ayuda con relativamente poco apoyo y que no han sido tomados ​​en consideración.

Algunos creen que ha llegado el momento de reestructurar radicalmente la economía y la sociedad en general. Muchos de ellos sostuvieron tales ideas antes de ocurrir la pandemia y ven la calamidad como una oportunidad para realizar algunos de sus objetivos. Los ecologistas pueden pensar que ahora es el momento de cerrar definitivamente las empresas contaminantes, sobre todo porque la demanda de energía ha disminuido. En tal caso de que se apliquen estas medidas, será fundamental asegurarse de que no afecten negativamente las áreas laborales.

Muchos otros ideólogos perciben un sentido de oportunidad en el surgimiento mundial de la crisis, incluyendo a aquellos partidarios a un renacimiento neo-marxista. Sería imprudente no escucharlos. Los actuales gobiernos no fueron elegidos para promulgar cambios radicales. Agregar a las incertidumbres del reavivamiento solo conducirá a crear más problemas.

Algunas áreas donde el cambio es inevitable ya se les ve más claras. Una de estas áreas es la geopolítica. Occidente tendrá que analizar detenidamente su relación con China, por ejemplo. Esto irá mucho más allá de reconsiderar la compra de materiales.

La des-globalización puede convertirse en una palabra de moda. A menos que la agenda para tal idea esté claramente detallada, no significará mucho. Los organismos supranacionales recibieron una fuerte zurra durante la crisis del coronavirus y la mayoría de ellos hacen poco más que hablar mientras los gobiernos nacionales actúan. La Unión Europea cruje aún más que antes, aunque es muy poco probable que colapse. Un indicador que revela estos cambios es el lenguaje utilizado por el Presidente francés Emmanuel Macron. En los últimos tres años, ha discutido con frecuencia el concepto de la soberanía europea. Ahora este se cubre la espalda al referirse a Francia como un país auto-suficiente en varias áreas importantes. Cuando la canciller Angela Merkel anunció que no sería candidata en las próximas elecciones nacionales en Alemania, Macron propuso convertirse por sí mismo en la personalidad dominante de la Unión Europea. (Eso pudiera haber sido un sueño imposible en cualquier caso porque Francia es un país económicamente mucho más débil que Alemania).

Mientras tanto, se presentan propuestas concretas para resolver los problemas de solidaridad financiera de la Unión Europea, tales como las propuestas de George Soros y otros de que la Unión Europea emite bonos por tiempo indefinido. Nuevamente, si bien estos planes puede que no tengan mérito alguno, son herramientas para discutir mejor el problema.

Muchos estudios serán realizados en una gran cantidad de áreas. Una de las preguntas más fundamentales que surgen de la crisis es el por qué Alemania tuvo muchas menos muertes que Italia, España, Francia y el Reino Unido. Otros estudios abordarán las medidas tomadas por diferentes países para enfrentar la crisis en su apogeo y qué estrategias de salida resultaron ser las mejores. Tarde o temprano, la población preguntará, ¿qué valor le dieron los diferentes países a la preservación de la vida humana? El semanario belga Knack ya ha publicado cifras sobre el valor de aquellas vidas salvadas en la crisis gracias a las medidas efectivas tomadas por el gobierno.

Existen muchos otros problemas. ¿Cuál ha sido el impacto en la salud mental de quienes están encerrados en sus casas? ¿Cómo se compara esta situación con otros períodos de estrés? Esto puede que nos lleve a formular una pregunta mucho más profunda: ¿es la generación occidental actual mentalmente más débil que las del pasado porque nunca han combatido contra enormes desafíos como lo tuvieron que hacer las generaciones que combatieron en la guerra? Otra pregunta: ¿Cuánta ansiedad sufre la población por una segunda ola del coronavirus?

Un tema que debería ser considerado a escala mayor es la vulnerabilidad general de las sociedades modernas. Aunque ahora en gran medida este se haya olvidado, hasta no hace mucho tiempo, existía una situación de miedo generalizado similar por algún desastre potencial muy diferente que pudiese ocurrir: la crisis del Y2K, que muchos esperaban afectara a todas las computadoras del mundo llegado el año 2000. Si esa crisis se hubiese materializado tal como se esperaba, hubiese perturbado severamente las economías de los países que hoy día son las principales víctimas del brote del coronavirus.

 

El Dr. Manfred Gerstenfeld es Investigador Asociado Sénior en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén. Este se especializa en las relaciones entre Israel y Europa occidental, los temas sobre antisemitismo y anti-sionismo y es autor del libro La guerra de un millón de cortes.

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