El apaciguamiento europeo existe y se encuentra activo – Por Dr. Manfred Gerstenfeld (BESA)

RESUMEN: La palabra “apaciguamiento” evoca recuerdos oscuros del acuerdo de Múnich del año 1938, en el que Gran Bretaña y Francia hicieron concesiones enormes al agresivo estado nazi alemán con el propósito de evitar conflictos violentos. La víctima traicionada fue Checoslovaquia, que ni siquiera fue invitada a la conferencia en la que se decidiría su destino. El estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939 mostró, por supuesto, que el acuerdo fue un grave error de cálculo. Lamentablemente, Occidente no parece haber aprendido mucho sobre la equivocada proclamación de “paz en nuestra era” de Neville Chamberlain.

Imagen de portada: Josep Borrell, fotografía vía cancillería, Unión Europea y Cooperación Flickr CC

La realidad es que el antisemitismo es parte integral de la cultura europea y eso no es el único problema que divide a la Unión Europea e Israel. También existe el grave problema del crónico y habitual tema sobre el apaciguamiento, aunque a menudo no se le identifica como tal.

El ejemplo por excelencia sobre el apaciguamiento de Occidente en los últimos años fue el acuerdo nuclear del 2015 forjado por la administración Obama con la República Islámica de Irán (conocido como el Plan Integral de Acción Conjunta, o PIDAC). Los otros cuatro miembros del Consejo de Seguridad más Alemania firmaron este imperfecto acuerdo junto a los estadounidenses. El pacto, que aparentemente tenía la intención de mantener las armas nucleares fuera del alcance del régimen islamista de Teherán, le permitió continuar diseñando y probando misiles junto a desarrollar maquinaria centrifuga avanzada.

El Primer Ministro israelí Binyamín Netanyahu compareció ante el Congreso de los Estados Unidos con el propósito de protestar por el acuerdo, una acción altamente inusual y poco diplomática, pero justificada bajo las circunstancias. Obama estaba apaciguando a un régimen iraní agresivo y hostil que amenazo (y continúa amenazando) incesantemente con destruir al Estado de Israel.

Al igual que el acuerdo de Múnich de 1938, se esperaba que otros pagasen caro por el acuerdo PIDAC. El acuerdo liberó a Irán para que desate el terrorismo y corrompa a los regímenes de todo el Medio Oriente en busca de sus propias aspiraciones hegemónicas, que ha hecho desde ese entonces. Luego que Donald Trump asumiera el cargo de presidente, este se retiró del acuerdo, pero los europeos todavía están tratando desesperadamente de aferrarse a él.

Uno de los portavoces más descarados del apaciguamiento europeo hacia Teherán es Josep Borrell. Este ex-canciller socialista español fue nombrado recientemente Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Este dijo: “Irán desea eliminar a Israel, nada nuevo sobre ello; uno tiene que vivir con la premisa”. En 1938, los británicos y franceses vieron la destrucción de Checoslovaquia como razonable para pagar el costo de su propia piel. Hoy Borrell emplea una lógica similar sobre el tema Israel.

Un segundo tema importante, que incorpora muchos elementos del apaciguamiento, es la actitud europea hacia el conflicto palestino-israelí. La Unión Europea ha promovido durante muchos años la llamada “solución de dos estados”. Este sueño afirma que un acuerdo de paz conducirá a un estado palestino democrático que pueda convivir en paz junto a Israel. Es posible que algún día se firme un documento etiquetado como un acuerdo de paz y un estado palestino muy bien pudiera surgir. Pero las posibilidades de que sea genuinamente democrático o pacífico son casi nulas. Probablemente será una entidad represiva, patrocinadora del terrorismo, que bien puede llegar a convertirse en un estado fallido.

Para mantener la ilusión de un eventual estado palestino pacífico y democrático, los europeos no tienen más remedio que apartar deliberadamente sus ojos de los hechos básicos. Primero que hubo elecciones libres en el año 2006 en los territorios palestinos. ¿A quién le dieron la mayoría los palestinos? A un movimiento islamista genocida, Hamás. El único otro grupo importante Fatah, el mayor grupo constituyente de la OLP, el grupo terrorista más importante del mundo, sigue una política de “pagar por asesinar” que remunera a los terroristas o a sus familias a cambio de asesinar a ciudadanos israelíes.

Holanda apoya financieramente a la Autoridad Palestina controlada por Fatah. En el marco de su política de “pagar por asesinar”, la Autoridad Palestina ha pagado más de $900.000 a los terroristas que asesinaron a 15 personas en una pizzería de Jerusalén en el año 2001. Entre las víctimas había cinco miembros de una familia de inmigrantes holandeses.

El archí-enemigo Borrell favorece el reconocimiento de “Palestina” en este momento, aunque la Autoridad Palestina está lejos de ser una entidad democrática. Cuando la Unión Europea no pudo ponerse de acuerdo sobre una respuesta común al recientemente anunciado plan de paz del Presidente Trump, Borrell salió al paso con su propia declaración. Este advirtió que el acuerdo puede conducir a la violencia, un comentario típico del apaciguamiento.

Un tercer caso importante de apaciguamiento se refiere a temas internos en varios países europeos. La Unión Europea afirma que sus estados miembros están sujetos al estado de derecho. Sin embargo, varios estados miembros — Francia y Suecia me vienen a la mente — han contenido guetos principalmente de inmigrantes musulmanes durante muchos años. Varias de estas áreas son “prohibitivas” en las que los cuerpos policiales y otras autoridades rara vez entran. (Las autoridades también ignoran la criminalidad de las pandillas, aunque eso no aplica únicamente al grupo musulmán).

Una ola importante de ataques contra judíos estalló en Francia a finales del año 2000. El destacado sociólogo francés Shmuel Trigano dijo que existen indicios convincentes de que el gobierno socialista de Jospin le pidió a la comunidad judía para ese momento que no le diera mucha publicidad al fuerte incremento en la agresión anti-judía para no “echarle más leña al fuego”.

El político centroderechista Nicolas Sarkozy, quien reemplazó al socialista Daniel Vaillant como ministro del interior en mayo de 2002 admitió que hubo un incremento en la violencia antisemita. Sin embargo, el presidente centroderechista Jacques Chirac negó rotundamente que el antisemitismo existiera en Francia hasta noviembre del 2013.

En un intento por desilusionar a Chirac de esta absurda fantasía, una delegación del Centro Simon Wiesenthal se reunió con él en su palacio de París en mayo del 2013. El decano de la organización, el rabino Marvin Hier relató lo siguiente: “El presidente francés nos dijo que no existía antisemitismo en Francia; fueron unos jóvenes gamberros los que atacaron a judíos. Nosotros respondimos que muchos judíos franceses, particularmente en los suburbios y provincias parisinas, nos relataron historias diferentes y de que existía un antisemitismo sustancial en Francia… Fue una conversación difícil y al final acordamos no acordar en todos los puntos principales. El Presidente Chirac dijo que lucharía de todo corazón para prevenir que el antisemitismo en Francia impere, pero que no existía allí. Luego de salir del Palacio Elíseo, fuimos a una recepción en la residencia del Barón Rothschild. Dos de nuestro grupo perdieron el autobús y tomaron un taxi. Ellos llevaban puestos kipot y estaban justo afuera de la residencia del Barón Rothschild cuando algunos comenzaron a insultarlos, diciendo cosas como “fuera de Francia, judíos”. Esa fue una respuesta “elocuente” a la vana afirmación de Chirac que no existía ningún tipo de antisemitismo en Francia”.

En el 2004, Trigano dijo: La versión oficial propagada por el gobierno de Jospin puede resumirse diciendo que si los judíos fuesen atacados, esto no podía considerarse como antisemitismo, sino un reflejo de un problema social. La política socialista tenía como objetivo, con este mecanismo, ocultar la amenaza terrorista contra Francia. Esto dio lugar a que los judíos se vieran a sí mismos como el chivo expiatorio y la barrera de seguridad del país – ya que fueron ellos los que recibieron los golpes más importantes, que tenían como objetivo a la sociedad francesa en general. Casi una década después, los judíos seguían pagando caro por este apaciguamiento francés.

Los jóvenes musulmanes tuvieron un impacto significativo en el que las autoridades francesas no estuviesen dispuestas a enfrentar como criminalidad. En los disturbios ocurridos en otoño de 2005 jóvenes, casi todos musulmanes, sitiaron a la sociedad francesa durante semanas. Más de 9.000 autos fueron incendiados. Jardines de infancia, escuelas, tiendas, bibliotecas y un teatro fueron incinerados. Dieciocho instituciones religiosas fueron atacadas, incluyendo tres mezquitas y dos sinagogas.

Lo que los líderes europeos no desean tener en cuenta es que el precio de su apaciguamiento hacia esa parte de la población musulmana que no desea integrarse y/o sigue las corrientes extremistas será en última instancia pagado por los propios europeos.

A diferencia de Europa, Israel no puede darse el lujo de apaciguar a sus enemigos. Este puede retrasar una campaña contra Hamás en Gaza durante algún tiempo, pero no siempre. Para Israel, el precio del apaciguamiento es algo prohibitivo.

 

 

El Dr. Manfred Gerstenfeld es Investigador Asociado Sénior en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos de Jerusalén. Este se especializa en las relaciones Israel-Europa occidental, los temas sobre antisemitismo y anti-sionismo y es autor del libro ‘La guerra de un millón de cortes’.

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