Combatiendo contra el antisemitismo: Tres prioridades estratégicas – Por Dr. Manfred Gerstenfeld (BESA)

Para combatir el antisemitismo de una manera eficaz, deben establecerse tres prioridades. Primero, el gobierno israelí debería establecer una agencia anti-propaganda. Segundo, se deben hacer esfuerzos para lograr un amplio reconocimiento que el antisemitismo es un elemento antiguo e integral de la cultura occidental. Tercero, debería exponerse constantemente a los tediosos masoquistas judíos que afirman que solo Israel tiene que ser perfecto, mientras que los demás no.

Imagen de la portada: Grafiti antisemita en Klaipeda, Lituania, fotografía de Beny Shlevich vía Flickr CC

Las amenazas antisemitas contemporáneas se encuentran altamente fragmentadas. Las organizaciones e individuos que las combaten generalmente se enfocan sobre temas dispersos, resultando en un esfuerzo ineficiente para combatir el problema en general. Es necesario identificar las prioridades – objetivos que sean alcanzables y que puedan marcar gran diferencia en la batalla contra el odio hacia los judíos e Israel.

Un paso crítico en la batalla contra aquellos incitadores es que Israel establezca una agencia anti-propaganda. Este organismo tendrá como objetivo investigar los desarrollos sobre el tema del antisemitismo, monitorearía incidentes y actuaría, o sugeriría a otros las acciones a tomar contra aquellos que promueven el odio, la hostilidad y prejuicios.

Establecer tal agencia no sería solo una respuesta a una obligación moral que Israel posee hacia la comunidad judía mundial. Sería, primero y ante todo, una decisión en el mejor de los intereses del país.

Consideren la encuesta Bicom realizada en diciembre del 2019, en donde se halló que entre la población británica el 21% siente empatía hacia los palestinos, mientras que el 19% siente empatía hacia Israel. La misma encuesta muestra que el “terrorismo” es el único tema en el que la población británica considera que Israel es un aliado más importante que los otros países del Medio Oriente investigados en la encuesta.

¿Cómo es posible que en una democracia europea exista tanta simpatía por los palestinos quienes, en sus únicas elecciones parlamentarias libres, le concedieron una mayoría absoluta al partido Hamas, que promueve el genocidio? El único otro partido palestino relevante Fatah, glorifica el asesinato de civiles israelíes. La Autoridad Palestina controlada por Fatah recompensa a los asesinos de civiles israelíes o a sus familias con su política de “pagar por asesinar”.

Israel ha fallado grande en darle publicidad adecuada al carácter terrorista de quienes gobiernan Gaza y Cisjordania y el apoyo que estos reciben del pueblo palestino. Si hubiese existido una agencia israelí contra tal propaganda, la encuesta Bicom hubiese disparado las alarmas y lo hubiera impulsado a tomar acciones.

Este es solo un tema entre muchos que una agencia anti-propaganda pudiese abordar, ya sea por sí misma o en conjunto con otros. ¿Es tan difícil analizar y exponer la parcialización anti-israelí de los diarios liberales de izquierda europeos que publican caricaturas repletas de odio haciendo de nazi en carácter a Israel? ¿O exponer la hipocresía y parcialidad pseudo-moral de algunas de las principales organizaciones de derechos humanos?

¿Pueden realmente los israelíes que son creativos no encontrar ninguna forma de burlar a los enemigos de su país en las instituciones académicas, incluyendo a los directores de universidades que toleran el odio e incluso la violencia, en países tales como los Estados Unidos y Canadá? Tal como ya ha quedado lo suficientemente claro, muchas instituciones académicas, en particular las facultades de humanidades, ven ahora su función no tanto como el impartir conocimiento si no para proveer un adoctrinamiento ideológico, a menudo a expensas de Israel. Israel no debería permitir que esto continúe sin dársele respuesta.

La siguiente prioridad es esta: Debe hacerse un esfuerzo para lograr una conciencia amplia de que el antisemitismo es un elemento antiguo e integral de la cultura occidental. A medida en que se desarrolla la cultura, su siempre constante y presente antisemitismo muta hacia nuevas formas. El historiador David Nirenberg documentó los lazos del antisemitismo y la cultura occidental a lo largo de los siglos en su notable libro Anti-judaísmo: La tradición occidental.

El diario Washington Post escribió que el libro de Nirenberg muestra que “muchos de los desarrollos conceptuales y artísticos importantes en la cultura [occidental], desde San Juan hasta San Agustín pasando por Mahoma, de Shakespeare hasta Martin Lutero y Hegel, dependen del denigrar a los judíos. Eso es lo escalofriante de todo esto: grandes logros culturales basados ​​en patrones de chivos expiatorios y odios”.

Un solo ejemplo ilustra el cómo el antisemitismo persiste durante siglos. En el año 1391, muchos judíos fueron asesinados en España. Otros se convirtieron al cristianismo o fueron expulsados del país. No quedaban judíos en Valencia, actualmente la tercera ciudad más grande de España. Avancemos seis siglos hasta el año 2018, cuando el partido de extrema izquierda Podemos, que constituyo la mayoría del Ayuntamiento de Valencia, votó en favor de boicotear a Israel. El líder nacional de Podemos Pablo Iglesias Turrión, llamó al estado judío “ilegal” y “criminal”. Judíos o no judíos, el antisemitismo está muy vivo y sano en el corazón de Valencia.

Una vez que judíos y no-judíos por igual reconozcan que el antisemitismo se encuentra arraigado en la cultura occidental, tendrán bases comunes para investigar el fenómeno desde una perspectiva histórica.

El antisemitismo puede que se halle en toda Europa, desde Bruselas en adelante. La Unión Europea ejerce consistentemente un flagrante doble discurso. Es política de la Unión Europea etiquetar los productos provenientes de los asentamientos israelíes, cuya condición se debate, pero no etiqueta los productos de los territorios ocupados sin ambigüedades en otras partes del mundo. Muchos estados de la Unión Europea votan constantemente a favor de las resoluciones que condenan a Israel en la Asamblea General de las Naciones Unidas sin pensar en el hecho de que casi no existen tales resoluciones sobre las dictaduras asesinas en el mundo.

La tercera prioridad estratégica en la batalla contra el antisemitismo es el exponer a la luz a los tediosos masoquistas judíos. Existe una tradición masoquista milenaria dentro del judaísmo que comenzó con el patriarca Abraham. Uno puede rastrearlo a través del Talmud y el libro judío de rezos hasta los judíos de la era moderna.

Los masoquistas judíos en Israel y en el extranjero les dirán a todos lo que está mal en Israel, pero muy rara vez discuten el comportamiento de otros países o de los enemigos de Israel. Seleccionan a Israel para condenarlo mientras ignoran la criminalidad de los demás. A su manera de ver, Israel tiene que ser perfecto, pero los demás no. Según la definición de antisemitismo dictado por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (AIRH), esa es una actitud antisemita.

Los judíos masoquistas son fácilmente manipulados por los enemigos de Israel, quienes utilizan sus declaraciones para lanzar críticas a Israel. Un destacado masoquista judío es el contendiente presidencial demócrata estadounidense Bernie Sanders, quien denomina “racista” al gobierno israelí pero no dice nada sobre Mahmoud Abbas, el presidente de la Autoridad Palestina, quien dijo que no se les permitirá a los israelíes vivir en el estado palestino.

La batalla para hacer que los israelíes y los judíos en la diáspora entiendan la importancia de estas prioridades no será fácil, pero hay que librarla.

 

El Dr. Manfred Gerstenfeld es investigador asociado sénior en el Centro BESA y ex-presidente del Comité Directivo del Centro de Asuntos Públicos en Jerusalén. El Dr. Gerstenfeld se especializa en las relaciones entre Israel y Europa occidental, los temas sobre antisemitismo y anti-sionismo y es autor del libro ‘La guerra de un millón de cortes’.

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