La diplomacia de la violencia en Gaza – Por Profesor Shmuel Sandler (BESA)

RESUMEN: Desde la retirada unilateral de Gaza, ocurrida en el verano del 2005, Israel se ha comprometido a “negociar bajo amenaza de violencia” con Hamás. En ese marco, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) han llevado a cabo tres operaciones a gran escala en Gaza, además de rondas menores y más pequeñas de hostilidades. Sin posibilidad alguna de emprender negociaciones políticas serias o de una guerra decisiva, la única alternativa es continuar con la “diplomacia de la violencia”.

Imagen: Paracaidistas de las FDI en operación sobre Gaza, 21 de julio, 2014 fotografía vía Unidad del Portavoz de las FDI vía Wikimedia Commons

La última ronda de violencia en Gaza planteó una vez más, temas sobre el ya continuo conflicto entre Israel y las organizaciones terroristas. ¿Cómo pueden celebrarse negociaciones mientras ambas partes utilizan la fuerza y no tienen contacto directo entre sí? ¿No existe una contradicción entre la utilización de la violencia y una negociación política? ¿Es posible ser participe en ambos simultáneamente?

Una visión interna del campo de los estudios estratégicos puede arrojar luz sobre esta paradoja. En la era actual, la distinción clásica entre la guerra y la diplomacia que caracterizó las guerras interestatales del siglo XIX y de la primera mitad del XX ha sido socavada y reemplazada por la “diplomacia de la violencia”, un término acuñado por Thomas Schelling (quien en el 2005 ganó un Premio Nobel en economía junto a Israel Aumann). Schelling volcó el famoso dicho de Clausewitz que la guerra es “la continuación de la política por otros medios” al identificar situaciones en las que la propia violencia constituye conversación diplomática – un intercambio de mensajes a través del uso de la fuerza. Aunque los estudios de Schelling trataron con las guerras limitadas de Estados Unidos en Corea y Vietnam, su percepción puede aplicarse a otros conflictos limitados/asimétricos como el que se está librando desde el año 2005 entre Israel y las organizaciones terroristas en Gaza.

¿Cuál es el propósito político del uso de la fuerza por parte de Israel contra Hamás? Para los gobiernos israelíes durante todos estos años, aplastar y desarraigar militarmente a Hamás no ha sido un objetivo político porque destruir a la organización o expulsarla de Gaza conduciría a uno de los siguientes dos resultados indeseables: una transferencia de gobierno a la Autoridad Palestina (la cual fue derrocada) de Gaza por Hamás en el 2007) y el incremento de la presión internacional por un estado palestino en ambos lados de Israel, o un renovado control israelí sobre la población de Gaza. Ambos resultados van en contra de los intereses nacionales de Israel.

Luego de tres operaciones militares en Gaza en las que Israel evitó una guerra total, Hamás, sin lugar a dudas está consciente del dilema israelí. Este continúa desafiando a Jerusalén, aunque es muy consciente de sus propias limitaciones respecto al muchísimo más poderoso ejército de Israel. Debido a la intransigente ‘razón de ser’ de Hamás – que desea a un Israel destruido – este se considera a sí mismo ideológicamente obligado a seguir combatiendo.

De hecho, el limitado conflicto posee una importancia considerable para Hamás, ya que este pierde legitimidad en Gaza y en muchos estados árabes, especialmente Egipto y Arabia Saudita y mientras la Autoridad Palestina recorta y reduce sus fondos.

Hamás no tiene capacidad de erradicar a Israel y erradicar a Hamás no es el objetivo político de Israel. Las dos partes mantienen de esta manera un conflicto limitado.

Dentro de ese marco, las dos partes llevan a cabo una continua “conversación diplomática violenta” con su propio conjunto de reglas. Hamás transmite mensajes a través de disturbios a lo largo de la frontera de Gaza y ataca (principalmente) sobre las comunidades del cinturón de Gaza, mientras que Israel intenta establecer límites que no deben ser cruzados por la organización. Consideren, por ejemplo, la declaración del Ministro Tzahi Hanegbi realizada el 15 de noviembre de 2018 en la que describió un ataque de Hamás como algo “menor, la mayor parte del fuego se centró en el cinturón de Gaza. El ataque sobre Tel Aviv es una historia diferente”. A pesar que el Primer Ministro Netanyahu desaprobó la tal distinción, la respuesta de Israel al fuego de misiles sobre Tel Aviv y sobre la llanura de Sharon a finales del año pasado fue de hecho mucho más masiva que sus respuestas al fuego sobre el cinturón de Gaza. Hamás entendió el mensaje y no expandió el fuego hacia el centro del país.

También en la última ronda, Hamás se abstuvo de ampliar sus ataques con misiles hacia el centro de Israel, mientras que las FDI hicieron todo lo posible para evitar víctimas haciendo uso del “golpear los techos” antes de iniciar los ataques aéreos sobre edificaciones. Cuando Israel intensificó su respuesta con el asesinato selectivo de un agente terrorista (un paso que evitó durante años), las dos partes entendieron que la siguiente etapa implicaría el asesinato selectivo de líderes de Hamás por una parte y ataques con misiles hacia el centro de Israel por la otra. El conflicto terminó antes de que tal escalada llegase a ocurrir.

¿Pueden tales “negociaciones a través de amenazas de violencia mantenerse en el tiempo”? Hasta ahora, ha continuado durante década y media. Desde la retirada unilateral de Gaza en el verano del 2005, las FDI han llevado a cabo tres operaciones militares a gran escala en Gaza – la Operación Plomo Fundido (diciembre, 2008-enero, 2009), Operación Pilar de Defensa (noviembre, 2012) y Operación Borde Protector (julio-agosto, 2014) – además de rondas menores de de hostilidades. Para describir este patrón de violencia, las FDI emplean términos tales como “la campaña entre las guerras” y “podar el césped”. Ante la posibilidad de negociaciones políticas serias o una guerra decisiva, la única alternativa es continuar con la diplomacia de la violencia.

 

El Profesor Shmuel Sandler es presidente del Instituto Universitario Emunah-Efrat en Jerusalén y es investigador principal asociado en el Centro de Estudios Estratégicos BESA en la Universidad Bar-Ilan.

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