70 Años de la ONU: Es necesario un cuerpo internacional en donde las dictaduras no gobiernen – Por Gabriel Ben-Tasgal

La Asamblea General de la ONU es el escenario surrealista en donde poseen la misma voz y voto dictaduras como Chad, Irán, Libia, Siria, Egipto, Costa de Marfil o Laos que las democracias europeas, Australia, Canadá o Israel. Un nuevo cuerpo internacional debería conformarse separando a unos y otros. Un forum que elimine ciertas dualidades propias de las últimas décadas.

En el año 2014, al igual que cada dos años, la prestigioso The Economist publicaba un estudio en donde examinaba el estado de las democracias en 167 países, en un intento por cuantificar la situación en dichas sociedades, basándose en cinco categorías generales; la libertad y la pulcritud en el proceso electoral, las libertades civiles, la funcionabilidad del gobierno, la participación política y la cultura política. La metodología se traducía en realizar una serie de 60 preguntas, cada una de ellas con 2 o 3 respuestas alternativas. Muchos de los que respondían eran “expertos”, como ser profesores universitarios independientes.

Los puntajes rondan desde un 10 (lo más cercano a una poliarquía según los términos de Robert Dahl) frente a un paupérrimo 1 para aquellos sistemas carentes de democracia. Noruega logró el primer lugar alcanzando un 9.93 mientras que en el otro extremo ubicaron a Corea del norte con 1.08.

A la vez, The Economist detallaba que los países que alcanzan un puntaje que iba desde 8 al 10 eran catalogados como “Democracias que funcionan”. Los que se sitúan en un puntaje que va desde el 6 hasta el 7.9 “Democracias defectuosa”. Los países que van desde 4 a 5.9: Regimenes Híbridos” y por último los que reciben un puntaje inferior a los 4 puntos “Regimenes Autoritarios”. The Economist señala un total de 25 países como “Democracias que funcionan” (casi todos los países europeos, EEUU, Australia, Costa Rica y también, desde América del Sur, la República Oriental del Uruguay).

Otros 53 países reciben el título de “Democracias defectuosas” (puntaje de 6 a 7.9) entre las que sobresalen países como Francia, Italia, India, Chile o “Israel”. En este sub grupo, el mejor lugar lo ocupan Panamá o Portugal con 7.92 respectivamente mientras que el último puesto es para Benín con 6.

Israel se ubica, casi junto a Chile, con un 7.53 (puesto número 37 entre 167 países).

¿Qué sucede con los países que rodean a Israel? Se ubican en el tercer grupo “Regímenes Híbridos” (hasta 4 puntos y un máximo de 6 – se realizan elecciones pero democracia no hay) el Líbano (5.05), Palestina (4.80), Egipo (4.56), Turquía (5.76) o Irak (4.10). La potencia mundial, Rusia, forma parte del grupo de países autoritarios con 3.74.

La gran parte de los vecinos árabes forman parte del grupo de países “Autoritarios” (Yemen 3.12, Jordania 3.76, Kuwait 3.78, Emiratos Arabes Unidos 2.58, Sudán 2.90, Qatar 3.18 (país de origen de la cadena de TV Al Jezzira), Siria 1.63 y Arabia Saudita 1.71. La República Islámica de Irán es la 158˚ peor democracia del mundo con un débil 1.98 puntos.

Llegado este punto, resulta muchas veces ridículo que en congresos o foros internacionales países como Irán, Libia, Qatar, Palestina o Siria lleven la voz cantante e impongan descaradamente sus agendas. Más aún lo es cuando la Comisión de Derechos Humanos de la ONU que debe tratar la definición de terrorismo tiene como Presidente a Libia (año 2004). En dicha sesión, el delegado argelino exigió una acción decidida contra “la maquina israelí de guerra que lleva cincuenta años intentando ejecutar la solución final”.

Dicha realidad explica la postura escéptica de Israel hacia dichos foros internacionales. No es extraño verificar entonces la negativa israelí de participar de conferencias como la de Durban en donde estos regimenes autoritarios imponen su voz ante la pasividad de muchas “Democracias que funcionan”. Una dualidad que podría solucionarse estableciendo un foro en donde los que están aquí no esté en igualdad de posición de los que están allá. No pueden estar en el mismo escenario la 37˚ democracia del mundo (Israel) con la 163˚ (Arabia Saudita).

La democracia israelí no es perfecta. Más aún, está experimentando un periodo de crisis o cambio. Según el Instituto Israel para la Democracia (año 2008), el 60% por ciento del público manifiesta estar interesado en política, lo que representa una caída del 15% con respecto al año anterior. Un 57% sostiene que se pueden recibir mejores servicios de organizaciones civiles que del estado y que ellos preferirían que el estado cumpla con sus funciones. Además, una importante caída se ha notado en instituciones valoradas por la sociedad como la Suprema Corte de Justicia o la figura del Primer Ministro.

Sin embargo, y lo que refuerza aún más la necesidad de felicitar a la democracia israelí y más aún, de aislarla normativamente de sus vecinas dictatoriales es el hecho que se trata de una “democracia en guerra”. Mantener un marco jurídico progresista en una sociedad que desea ser destruida por sus vecinos más cercanos no es algo que debería desmerecerse. Una democracia en donde diputados árabes israelíes pueden ser electos para luego manifestar desde el podio de la Knesset o fuera de ella su simpatía hacia el Hezbollah o Hamás despierta fuertes criticas dentro de una sociedad que juzga dicho proceder como “excesiva democracia”.

Sesenta y cinco años de democracia israelí en una zona carente de democracia. Una cualidad que debería ser defendida con mayor ímpetu por otras democracias del mundo. Un estado puede ser democrático y carecer de brújula moral. Más aún, un estado puede entrar en la categoría de demorático y adolecer de judeofobia (como sucede en varios países europeos). Sin embargo, a la hora de analizar lo que ha sucedido en los últimos 70 años en las Naciones Unidas, es recomendable replantear y separa a los hijos de la luz y a los de la oscuridad… estos mismos últimos que hoy fijan la agenda y han secuestrado un noble proyecto de convivencia.

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