20 años del acuerdo de Oslo: Las bases para una solución se colocaron en Oslo

Por el diputado del Partido Laborista Eitan Cabel (publicado en el diario Israel Hayom 15/9/2013 y traducido por Hatzad Hasheni)

Durante los 20 años transcurridos desde los acuerdos de Oslo firmados entre Israel y la Autoridad Palestina, se ha desarrollado una batalla sobre la narrativa que sustentaba el acuerdo y el camino por el que condujo. En dicha lucha por conquistar las conciencias ha triunfado una victoria aplastante, al menos por estos días, la derecha, que ha transformado de forma sistemáticamente a Oslo en un símbolo del fracaso del campo de la paz. Así, estos acuerdos han pasado a ser un instrumento que sacan los comentaristas, los políticos y otros representantes de la derecha cada vez se cuestiona un acuerdo político que incluye la división del país.

A pesar de todo esto dignos sería bueno examinar los acuerdos de Oslo de acuerdo a una perspectiva histórica y no como un acuerdo técnico entre Israel y la OLP, sino de acuerdo a las ideas, conceptualmente. Los acuerdos firmados entre el primer ministro Ytzjak Rabin y Yasser Arafat están lejos de ser perfectos en el plano técnico, pero para mí son un símbolo de un liderazgo valiente. Ytzjak Rabin no se aceleraba hacia el acuerdo y despreciaba la imagen de Arafat, pero fue el primer líder israelí que entendió que el control sobre otro pueblo era algo malo para Israel en todos los sentidos: internacionalmente, económicamente, para su seguridad y moralmente. También fue el primero que tuvo el valor necesario para actuar y cambiar la realidad.

Rabin, quien era “Mr. Seguridad”, sabía mejor que nadie que una modificación de la realidad conduciría inevitablemente a una oposición violenta de los extremistas de ambos lados, pero como alguien que había visto el terrible precio de la guerra, él inteligentemente comprendió que la lucha por la paz es preferible varias veces.

Las bases colocadas en la firma de los acuerdos de Oslo para resolver el conflicto palestino – israelí, fueron vistos por amplias partes del público como una solución demasiado radical, pero ahora son casi un consenso entre el público israelí y en la política israelí. El hecho de que el tiempo juega en nuestro perjuicio y que la continuación de la situación actual pone en peligro el sueño sionista de establecer un Estado judío y un Estado democrático, como comprendieron Rabin y Peres ya en el 93′ lo entienden incluso los que defienden una ideología de derecha, incluyendo al primer ministro Benjamín Netanyahu.

Si hay algo que los Acuerdos de Oslo han demostrado es que cuando existe un liderazgo valiente y responsable se pueden romper todas las paredes, se puede hablar y llegar a acuerdos. Para nuestra desgracia, desde entonces no hay ningún dirigente hombre o mujer con el suficiente atrevimiento para hacer algo que modifique la realidad y la historia para salvarnos a nosotros y a los palestinos, de este ciclo interminable de derramamiento de sangre.

 Lo que era verdad en el 93′ es doblemente cierto hoy. Las opciones que se encuentran en el  umbral de Israel es un acuerdo sobre la base de una solución de dos estados o la anexión de la zona convirtiendo a Israel en estado binacional con una mayoría árabe. No hay una tercera opción ya que el mundo no acepta más el control de 46 años de Israel contra el pueblo palestino.

 Los acuerdos de Oslo quizás han sido derrotados en la conciencia entre el público israelí, pero celebraremos una gran victoria el día que lleguemos a un acuerdo con los palestinos, que determinará finalmente las fronteras de un Estado palestino junto a Israel. Las bases que se colocaron en Oslo serán las bases para la continuación del sueño sionista y que siga existiendo durante muchos años.

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